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CÓRDOBA // OPINIÓN

Tic tac: somos obreros y luchamos hasta cuando no nos damos cuenta

Tiempo improductivo y lucha de clases. Los supervisores patronales “de procesos” y la lucha velada. Sus tiempos y los nuestros.

Sábado 16 de julio de 2016 | 20:08

Hace días en la fábrica corre el rumor que va a haber algunos cambios en la forma de laburar. Será acaso que nos van a dar mejores elementos de seguridad?, dicen algunos. Otros dicen que nos van a dejar sentarnos para no estar parados todo el día al frente de las líneas.

Pero no. Nada de eso pasa. El cambio viene por la ampliación del departamento de procesos.

Aclaremos para los descuidados. “El de procesos” es el que está detrás tuyo con el cronómetro mientras vos laburás. No te saluda para no distraerte, y se pone en lugares estratégicos, dependiendo la conveniencia, para ver cómo haces tu trabajo y en cuánto tiempo lo realizas. Si ve algo fuera de lugar le saca una foto y a los minutos cae tu supervisor a marcarte algún posible error en tu trabajo.

Después, con todos los datos relevados, se va a la oficina y se dedica a buscar la forma de que las dos máquinas que estuvo viendo (el trabajador sería una máquina y la máquina que maneja sería otra) produzcan de manera más eficiente, o sea más en menos tiempo.

Y aquí es a donde la cosa se pone más interesante. Marx, el señor barbudo de este video, decía que la lucha de clases se expresa algunas veces de manera manifiesta, con paros, marchas, etc, etc. Y otras de forma velada, escondida por los trabajadores que aún no pueden levantar la
cabeza.

Los principales enemigos de la lucha de clases velada son los amigos “de procesos”. Ellos están para que cada segundo improductivo, osea el tiempo en el que uno va al baño, mira para otro lado para descansar la vista, camina unos pasos para estirar las piernas y, sobre todo, el mayor exponente de la lucha de clases velada, el “se me rompió la maquina”, se reduzcan a cero.

Ahora bien, lamento contarles a los “chicos de procesos” que esto va a ser imposible ¿Por qué? El mismo señor barbudo nos lo explica bastante bien, Marx dice que en el sistema en el que vivimos, en el que hay un puñado de dueños de fábricas para los cuales trabajamos tooooodo el resto de los que habitamos el mundo, los trabajadores somos separados de los que producimos. Así lo dice en El trabajo enajenado: “…el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo, arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo, fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo.”

Es decir, no es que uno va a la fábrica, hace asamblea y entre todos decidimos qué es lo que vamos a producir en base a lo que nuestro entorno necesita.

Por ejemplo, yo trabajo en una fábrica que tiene la capacidad instalada para abastecer de alcohol etílico a todos los hospitales del país y, de esa forma, mantener desinfectados a la mayor parte de la población argentina. Pero lo que producimos no está pensado para aportar a la sociedad sino para ser vendido en algún mercado y para ser comprado solamente por el que tiene la plata para hacerlo. Si lo que nos diferencia de los animales es nuestra capacidad de transformar la naturaleza, y pensando en las necesidades de la humanidad convivir en armonía con ella, la fábrica, al separarnos de lo que producimos a través de la comercialización y no de la planificación, no hace otra cosa que hacernos sentir animales adentro de la fabrica.

Entonces queridos “amigos de procesos”, en la medida en la que este mundo funcione por medio del frío cálculo económico, nosotros seguiremos buscando la forma de robarle tiempo a la fábrica. Porque cada segundo que tenemos a nuestro favor es un segundo en el que nos reencontramos con nuestra capacidad de pensar, de transformar de crear. Así, siempre el tiempo improductivo para ustedes es tiempo productivo para nosotros. Así, siempre que nos ajusten el tiempo por acá, se los vamos a sacar por allá, somos obreros y luchamos hasta cuando no nos damos cuenta.







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