Economía

A propósito de la edición en castellano de El Capital en el Siglo XXI

Thomas Piketty, a la luz del estancamiento secular

Sábado 6 de diciembre de 2014 | Edición del día

Cuatro son las contribuciones fundamentales de Piketty en El Capital en el Siglo XXI (ver Sobre Thomas Piketty y la desigualdad como destino manifiesto y De derecha a izquierda sobre Piketty). La primera, convertir en best seller la propensión intrínseca del capital hacia la desigualdad. La segunda, compendiar en algo más de 600 páginas la razón de los marxistas –y en particular de Rosa Luxemburgo– frente a Bernstein, a más de un siglo de aquel histórico debate sobre las tendencias del capitalismo. La tercera, constatar que la convergencia hacia niveles de mayor igualdad resultaron una –y sólo una– excepción en la historia del modo de producción capitalista. La cuarta, comprobar que esa débil convergencia fue la resultante –como mínimo– de dos guerras mundiales y la crisis de los años 30. No es poca cosa para un economista proveniente del mainstream.

Datos endemoniados

No son estos, sin embargo, los aspectos que Piketty busca subrayar como conclusiones de su obra. Antes bien, el economista francés parece haber sido tomado por sorpresa por su propia investigación empírica. En revancha, se desquita con Marx, a quien, no obstante, confiesa no haber leído. La ley tendencial histórica a la caída de la tasa media de ganancia –ley fundamental del capitalismo, según Marx–, formulada in extenso en el Tomo III de El Capital, se convierte en blanco de todos los dardos lanzados por Piketty. Su objetivo fundamental es quitar todo carácter “legal” o regular a su demostración empírica. Así la emprende Piketty contra una supuesta ley que desconoce…Su ataque queda bien graficado en el condescendiente reportaje que le realiza Febbro el domingo pasado en Página 12. Allí señala Piketty que en la teoría de Marx “había una contradicción entre el descenso de la tasa de beneficios que iba a conducir a una catástrofe final y al fin de este sistema”. Con el objeto de refutar esta supuesta tesis de Marx y apelando a datos de Francia y el Reino Unido, Piketty muestra en su trabajo, una tendencia según la cual el rendimiento medio del capital se mantendría estable en el largo plazo, esto es comparando los siglos XVIII y XIX con mediados del siglo XX y principios del siglo XXI.

Es cierto que como se le criticó ya reiteradas veces, Piketty no discrimina entre el concepto de valor y el de riqueza (cuestión sobre la que polemizamos hace muchos años en Valor, forma y contenido de la riqueza en Marx y en Antonio Negri: una diferencia sutil pero escencial). Es verdad que esto lo conduce a pensar el capital como sumatoria de objetos, como cúmulo de valores de uso, incurriendo en una definición muy distante de la de Marx. Por supuesto, esta acepción del capital como cosa y no como relación social, lo lleva a medir la tasa de ganancia utilizando variables muy distintas a las empleadas por Marx y los marxistas. Pero más allá de esto, e incluso si tomáramos por válida su forma de medición, Piketty solo refuta su falsa interpretación de la teoría y no la teoría misma.

Una ley tendencial

No vamos a exponer aquí la ley de la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia. Solo diremos que se trata de una ley tendencial, cuestión que –a diferencia de lo que Piketty pretende refutar– no significa que desde los inicios del capitalismo hasta nuestros días se tenga que probar la existencia de una curva descendente. Hay quienes, no obstante, utilizando de otro modo los mismos datos de Piketty (ver por ejemplo Michael Roberts y Esteban Maito) buscan mostrar empíricamente dicho descenso. Lo que en todo caso prueba, como mínimo, que los mismos datos y según como se los disponga, dan para múltiples elucidaciones. En nuestra interpretación del asunto, el carácter tendencial de esta ley significa nada más –y nada menos– que en el curso de la acumulación ampliada, opera un proceso mediante el cual el capital incorpora una proporción relativamente mayor de trabajo muerto (maquinaria, materias primas) que de trabajo vivo (trabajo asalariado). Como el trabajo vivo es la única fuente generadora de plusvalor es decir, de trabajo humano no pago y como el trabajo humano no pago es la única fuente generadora de ganancia, la reducción relativa de trabajo vivo en la composición total del capital, genera una tendencia (y remarcamos la palabra tendencia) a la disminución de la tasa de ganancia.

Ahora bien, esta tendencia es ocasionada por el incremento constante de la productividad (incorporación de nueva maquinaria con mayor nivel tecnológico) alentada de modo permanente por la competencia entre múltiples capitales privados independientes. Justamente, el principal factor que amortigua la caída de la tasa de ganancia es el incremento de esta misma productividad –cuyo rol en la teoría marxista y como ya varios autores remarcaron antes, Piketty no comprendió en lo más mínimo- en tanto estimula el incremento del plusvalor relativo. Existen además otros múltiples mecanismos que contrarrestan la tendencia como por ejemplo el incremento de la plusvalía absoluta, la disminución de los salarios (o lo que lo mismo vale, su estancamiento o crecimiento a ritmo menor) o la disminución del valor de las maquinarias, materias primas, etc. Las propias crisis cíclicas que operan a la vez destruyendo o abaratando los elementos físicos del capital y el precio de la fuerza de trabajo, actúan a su vez en sentido contrario a la ley. La pauta que determina que esta tendencia opere como un ronco movimiento efectivo, más allá de los múltiples factores que la contrarrestan, es -como mostró Marx en El Capital- la siguiente: mientras el incremento de la explotación del trabajo en sus formas absoluta y relativa posee un límite (la parte del trabajo pago no puede disminuir a cero), la acumulación del capital carece de ese límite.

Implicancias de un movimiento ronco

Piketty yerra el blanco en el aspecto fundamental del asunto. Quiere demostrar con medias matemáticas de larguísimo plazo, lo que en tal caso debería demostrarse como un movimiento y sus consecuencias al interior de cada período de acumulación. No hay forma de demostrar una tendencia que palpita al interior de períodos históricos concretos mediante la fría inmovilidad de los promedios. Y es al interior de esos períodos concretos, donde se produce ese movimiento profundo que impulsa con fuerza de necesidad el desarrollo de las causas que lo contrarrestan. Esto significa en concreto que las altísimas tasas de rentabilidad de la Segunda Posguerra –a las que llamativamente Piketty asocia a un bajo nivel de acumulación de capital- hallaron un límite hacia el fin del boom. Dicho límite desató el desarrollo de “fuerzas contratendenciales” siniestras.

Léase reaganismo-thatcherismo o contraofensiva neoliberal. Dictaduras salvajes en los países de la periferia, restauración del capital en los países en los que había sido abolida la propiedad privada, incorporación progresiva de la numerosa mano de obra china a la explotación del capital internacional y utilización de China como plataforma para la acumulación, precarización laboral, estancamiento -o casi- de los salarios, destrucción de conquistas sociales, disminución de impuestos a los ricos, desregulación del movimiento de capitales, etc., etc., etc. Pero ¿y la tasa de ganancia? Se recompuso, obviamente. El grado de su recomposición, aún es materia de discusión entre distintos marxistas que realizaron estudios empíricos como Duménil, Husson, Shaik, entre otros. La resultante de la comunión de estas contratendencias es ni más ni menos que el crecimiento acelerado de la desigualdad y la amenaza a las condiciones de vida conquistadas por la “clase media” que identifica Piketty. Pero aún hay más.

Legalidad sin ley o estancamiento secular

Resulta que las mismas causas que actúan contrarrestando ese movimiento profundo del capital, tienen consecuencias. Y la mayor parte de las veces son esas consecuencias, las que desatan las crisis. Por ejemplo la debilidad de la demanda de consumo que tanto aqueja a los economistas mainstream, es una resultante de la contracción salarial y la pérdida de conquistas. ¿Y el desarrollo de la financierización y la debilidad de la inversión? Acá entramos en un problema complejo para el que por ahora, sólo dejaremos planteados algunos elementos. Más allá del método y los modelos neoclásicos a los que apela, interesa resaltar la foto que observa Piketty al señalar que en los períodos de bajo crecimiento como el actual, la rentabilidad del capital es mayor que el crecimiento económico. Se puede establecer un nexo entre esa relación y la actual recuperación de las ganancias que no se condice con un incremento acorde de la inversión. En esta contradicción y en el proceso de financierización que la acompaña, parece ponerse de manifiesto un exceso de acumulación de capital. Dicho exceso resulta también un fenómeno derivado del movimiento profundo de la tasa de ganancia en la medida en que las mismas causas que provocan su baja, condicionan una acumulación acelerada del capital.

La cuestión se complejiza en un presente en el cual las intervenciones estatales -que en gran parte responden a los riesgos de la internacionalización del capital-, actúan limitando los efectos destructivos de las crisis. De hecho Piketty expone la faceta de la desigualdad de la tesis del estancamiento secular. Y al igual que los mentores de dicha tesis, huye como de la peste de toda regularidad que cuestione la existencia de un sistema al que consideran parte de la naturaleza humana.







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