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Coronavirus

Testeos: leyendo entre líneas a La Nación

Analizamos los argumentos contra #TestMasivoYA, la política de clase que se oculta en el debate y la vigencia del reclamo.

Lihuen Eugenia

Redacción Ciencia y Tecnología

Viernes 29 de mayo | 00:17

En una nota reciente publicada en La Nación se esbozan “los diez números que definen el cuadro epidemiológico” y desde el primer punto referido a los test ya se despliega toda la clase de argumentos y sentidos comunes que tienen como finalidad justificar la política sanitaria implementada por el gobierno nacional y los gobernadores; política que se rige más por la especulación en la utilización de recursos, que por una estrategia consecuente para controlar y suprimir la epidemia.

Veamos algunos puntos detenidamente.

“Hubo quienes plantearon que habría que testear más masivamente, e incluso a toda la población.”

En el debate serio sobre test, nadie plantea testear a todos los habitantes del país. Pero sí, desde la izquierda, venimos exigiendo desde el primer momento la necesidad de testeo a gran escala o “masivo”, como elemento clave junto con el rastreo de contactos y test periódicos a trabajadores de riesgo, para dirigir racionalmente las medidas de distanciamiento social (ya sea desde distancia social mínima y cuarentenas hasta aislamientos preventivos). Aunque la cantidad de test totales o por millón de habitantes no pueda tomarse como medida absoluta, es evidente que testear según el criterio que planteamos, implica un número mucho mayor al que se realiza en la actualidad, para dar un ejemplo ilustrativo, como señala el diputado provincial Claudio Dellecarbonara la cantidad de test realizada por el programa Detectar en Villa Azul y Villa Itatí era de 200 para un conglomerado de 60.000 habitantes a la hora de realizar el confinaminamiento represivo con la militarización del barrio.

Por lo tanto, hablar de testeo a toda la población sólo puede tener como finalidad ridiculizar esta exigencia y evitar responder sobre el número de test que se realiza y se requiere, en función de qué estrategia sanitaria se lleva adelante. Discutir con una posición ausente en el debate demuestra la impotencia a la hora de dar cuenta de la utilización de este recurso, que nadie niega como fundamental, en el tratamiento de la epidemia, y en la medida que esto fue quedando expuesto, aparecieron otros argumentos.

“La mayoría de los especialistas argumentaron que sería impracticable, porque no hay kits, máquinas ni personal suficiente.”

Este argumento se apoya en el innegable deterioro en la salud pública y el sistema científico, acrecentado en los últimos años, como una suerte de diagnóstico contra el que nada o poco se puede hacer. Sin embargo, Argentina ya cuenta con una red nacional de testeo real time PCR y solo a principio de la cuarentena se hablaba de 200.000 kits para testeo adquiridos vía importación. A esto se agrega que recientemente se presentó el nuevo Neokit, del cual podrían producirse hasta 100 mil determinaciones por semana (aunque esta producción se encuentra en manos de una empresa privada), y hay dos nuevos kits de testeo molecular diagnóstico anunciados (también en manos de empresas con financiamiento público-privado). Dicho de otra manera: no debería haber ningún problema en cuanto a la disponibilidad de test.

A su vez, universidades y profesionales de todo el país se pusieron a disposición para combatir la pandemia. La unificación del sistema de salud público y privado quedó tan solo en el amague del Ministro de Salud que retrocedió en menos de un día luego de plantearlo, impuestos a las grandes fortunas y reconvertir parte de la industria para producir insumos parecen aspectos que quedan fuera del debate. Eso sí, cuando se trata de la deuda externa, pareciera que el argumento de “impracticable” o “no hay recursos suficientes” no es válido ni siquiera en contexto de pandemia.

Conferencia de prensa de presentación de Neokit.

“Hay otra razón –continúa el artículo– que complica la posibilidad del testeo "masivo": el período de ventana que tiene la infección. La PCR empieza a dar resultados confiables al tercer o cuarto día del comienzo de los síntomas.”

Este dato surge de un paper (artículo de investigación) mal interpretado que fue tomado como referencia por el Comité Asesor para temas de Covid-19 del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires para la realización de una serie de pautas consensuadas sobre la utilización de test.

Muy resumidamente, este estudio indica que hay una gran cantidad de falsos negativos (es decir cuando el test no detecta la presencia de virus en personas infectadas) cuando el paciente se encuentra presintomático y hasta los 3 días de la aparición de los síntomas. Este trabajo reconoce sus propias limitaciones y sugiere interpretar los resultados negativos de los test por PCR con precaución, sobre todo para prevenir la transmisión posterior.
El problema es que, a partir de este resultado, el Comité invierte la regla y deduce que el diagnóstico por PCR debe realizarse sólo en pacientes que cumplan con la definición de caso (que incluso en su formulación “más amplia” implica presentar al menos dos síntomas compatibles), ya que “antes de la presencia de los síntomas la sensibilidad de la técnica disminuye significativamente, mostrando una proporción de falsos negativos (personas que tienen la presencia del virus pero que dan resultado negativo frente a la prueba realizada) entre el 60 y el 100%”. Sin embargo, los autores del paper son muy cuidadosos a la hora de plantear los intervalos de error. Como explica en esta nota Santiago Benítez: el número reportado de 60% que toma el Comité en realidad está asociado a una gran incerteza en el paper (entre el 27 y el 95%). Esta incerteza proviene de que el estudio solo cuenta con 4 datos de test de PCR realizados a un solo paciente presintomático (una única persona que fue testeada 4 días consecutivos durante un brote en un Chalet de los Alpes Franceses), por lo cual las conclusiones sobre la eficacia del test antes de la aparición de los síntomas no están apoyadas por la evidencia.

Por otro lado, incluso si aceptáramos que dicho estudio es indicativo de la sensibilidad del test en pacientes presintomáticos, igual podría realizarse la prueba en asintomáticos sospechosos y presintomáticos con la salvedad de tomar los resultados positivos como casos confirmados y los negativas como “no concluyentes”, repitiendo la prueba las veces que sea necesario según protocolos de testeos más exhaustivos.

“...si bien es uno de los parámetros que se toma en cuenta, el número de tests solo no alcanza para evaluar el manejo de un brote. Este es apenas uno de los ejes para el control. Como viene diciendo el físico y especialista en análisis de datos Jorge Aliaga: ‘Por supuesto que es importante testear, pero eso confunde un poco porque se pierde el foco de lo que es urgente y realmente efectivo para parar la epidemia: rastrear a los contactos de los que den positivo, aislar a los infectados y, si fuera necesario, preventivamente, a aquellos sobre los que hubiera sospecha’".

Mucha gente se pregunta por qué si lo realmente urgente y efectivo es rastrear a los contactos y aislar preventivamente, esto no se hizo hace 2 meses cuando se decretó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, y era mucho más sencilla una política preventiva dirigida hacia quienes llegaban del exterior o que habían regresado en los días previos, con test y aislamiento focalizado. Por el contrario, en un principio el testeo estuvo sesgado sólo hacia quienes volvían del exterior y presentaban síntomas, y no hacia sus contactos, ni siquiera en los casos confirmados. Lo cierto es que en su momento el Ministerio de Salud hizo hincapié en la cuarentena como principal medida y esta política es la que se continúa con los “ghettos” en las villas donde se registran brotes.

Una vez más insistimos en que el problema es la falsa contraposición de medidas como lo planteado por el exdecano de Exactas de la UBA (y actual funcionario del municipio de Hurlingham). En su discurso pareciera que testear más significara “testear a cualquiera” pero, por el contrario, como venimos selañalando desde marzo implica implementar protocolos amplios en los que se considere como muestras a analizar a todas las personas que presentan uno o más síntomas, a todos los contactos de quienes ya padecen la enfermedad, a quienes estuvieron en zonas de riesgo y periodicamente al personal de salud o trabajadores de riesgo.

“En la Argentina, se había llegado a algo más del 8 % de positividad acumulada. Pero ese número está ascendiendo (en el último informe matutino del Ministerio de Salud de la Nación se lo ubicó en un 11,1%) y además crece vertiginosamente en entornos vulnerables.”

El índice de positividad que recomienda la OMS no debe ser mayor al 10%, es decir de la totalidad de los test para diagnóstico realizados en el país, si la cantidad de positivos es mayor al 10% se estaría subtesteando y si es menor el nivel de testeo sería adecuado. El problema con estos números, que en principio podrían utilizarse como indicadores, es olvidarse de dónde surgen o, si me permiten la redundancia, qué es lo que indican. El índice de positividad así como el análisis de las curvas en regiones acotadas muestran evoluciones muy distintas a los promedios de grandes regiones que vemos en las filminas presidenciales. Además, la relación entre el número de casos detectados y el número de casos reales es más compleja que la linealidad que se suele suponer en la lectura del índice de positividad. Un índice de positividad bajo puede deberse a que no existan nuevos brotes o a que no se estén detectando, y aquí entran en juego factores tales como cuánto se rastrea, si las personas tienen motivos para ocultar síntomas, sino se realizan test periódicos a personal de riego o “superdispersores”, etc. Sin embargo, se ha visto este argumento redescubrirse en su clave inversa, es decir, que un alto índice de positividad como los que se observa en las villas Azul o 31 se deben a una eficaz política de rastreo dada por el programa Detectar. Es decir, en este caso la relación de causalidad que se supone reduce la problemática a solo uno de los tantos factores en juego, dejando de lado la explicación más obvia que es suponer un brote más amplio (y alarmante) que el que se está registrando.

“Los primeros resultados del operativo Detectar en el Barrio Mugica arrojaron un 60% de positividad; en Villa Azul, fue del 50 % y las últimas estimaciones diarias (no acumuladas) daban más del 20 %, una señal de que hay que testear más y rastrear a más contactos . El problema es cómo hacerlo para no malgastar recursos y afinar la puntería.”

La autora admite que es necesario testear más y rastrear a más contactos en los barrios vulnerables donde, por lo demás se puso de manifiesto el carácter de clase de la epidemia y la gravedad de los problemas estructurales que se venían denunciando desde el primer día que se decretó la cuarentena. Pero acá, una vez más, el problema se reduce a “no malgastar recursos”. (sic)

“El protocolo vigente indica que se le hará el hisopado a los casos sospechosos. En este momento la definición de caso sospechoso es tan amplia que tiene una alta sensibilidad (incluye a toda persona con por lo menos dos de estos síntomas: fiebre de 37,5º, dolor de garganta, tos, dificultad para respirar o alteraciones del olfato y el gusto que viva en una zona de circulación del virus o sea contacto estrecho de un caso confirmado, y si es personal de salud basta con que tenga uno solo de estos síntomas).”

Efectivamente esto es lo que denuncian las mujeres desde Villa Azul. Dice Gabriela, una de ellas: “Nosotros estamos reclamando que hagan testeos casa por casa, no la pantalla televisiva que están haciendo. No llegó ayuda, no tenemos agua [...] Estamos experimentando acá cómo sobrevivir”.

Mientras que para militarizar y transformar las villas al modo de ghettos no existe ningún tipo de distinción, a la hora de testear se utiliza una definición “tan amplia” que si no presentás al menos dos síntomas no podés saber si estás infectado o no. Esto no tiene nada de preventivo (excepto, claro, para quienes no son parte del barrio).

Y, por otro lado, surge otra vez la pregunta: ¿por qué si esta definición tiene una “alta sensibilidad” no podía implementarse desde un comienzo? Lo cierto es que la definición de caso fue variando acompañando el desarrollo de la epidemia una vez que ya se pasaba a la siguiente etapa, es decir, siempre por detrás de la curva; en vez de, al menos, intentar una política agresiva de supresión que, en el peor de los casos, resultaba en mayor prevención y desaceleración de contagios.

A modo de conclusión, resulta revelador que quienes vienen haciendo una defensa acérrima de la estrategia sanitaria del gobierno, por estos días “descubran” con gran elocuencia la necesidad de rastrear y de actuar de forma urgente. Es indudable que la situación que se está viviendo en CABA y el Conurbano enciende todas las alertas, pero para tener una intervención consecuente se debe hacer un balance de lo actuado hasta acá y reconocer que se está llegando tarde sobre la base de presupuestos que aceptan como “natural” las condiciones de desigualdad social legadas por este sistema. Se repite mucho que “no hay recetas” y el discurso de los oficialistas pulula entre el “exitismo” y resignarnos a “se hace lo que se puede con lo que tenemos”. Sin embargo, “lo que tenemos” y “cómo usarlo” es justamente lo que está en discusión. El gobierno viene demostrando que para los “vivos”, los buitres y los ricos del país no se escatima en recursos, pagando más de 5 mil millones de dólares de deuda odiosa y llegando a pagar sueldos a directivos de Clarín, Techint y otras grandes empresas; mientras los y las trabajadoras, jóvenes y sectores populares tenemos que seguir esperando en nuestros reclamos, ya sea testeos, comida o salario de cuarentena. Las únicas soluciones rápidas y agresivas del gobierno son las que involucran a las fuerzas de (in)seguridad. La ayuda, si llega, no alcanza. Nicolás del Caño y el Frente de Izquierda vienen exigiendo desde el primer momento medidas básicas para enfrentar la pandemia, como parte de una política de otra clase. Es necesario organizarnos y luchar para conseguir todo lo que nos falta.







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