Cultura

DESAPARICIÓN DE SANTIAGO MALDONADO

Tercer poema para que aparezcas: Tus ojos espejo

Eliana S. Cossy

Estudiante de Filosofía. UBA

Lunes 25 de septiembre | Edición del día

Ilustración: Grupo Sismo

Este verso existe porque Santiago no existe para el Estado Argentino.
El presidente de la Nación dice que lee las noticias, que se mantiene al tanto. La Ministra de seguridad da el nombre de un testigo protegido. Yo me pregunté llorando “¿dónde estás Brujo?” y lo escribí. Hace unos días vi ese llanto privado en el subte, hecho grito, multiplicado en voces.

Escribo este poema porque vos pintas murales y cuerpos, Brujo.

Escribo este poema porque en la primera cena discutimos de política, me enojé, me fui al cuarto, di una vuelta a la cama, después volví avergonzada de la escena, vos no dijiste nada. Escribo este poema para contarle al presidente que esa noche estábamos sentados a los pies de un fogón prestado, planeando nuestro primer recorrido, y sabía que cuando levantara la vista del mapa me iban a esperar tus ojos espejo.

¿Cuándo te convertiste en bandera brujo? Una escalera me hace temblar, el tercer piso de la facultad de Filosofía y Letras tiene tu cara en un trapo de 6 metros. Cada vez que me preguntan por vos digo Santiago, porque si digo brujo tengo que salir corriendo del mundo, del aula, de la Av. Pedro Goyena, de la reunión de los jueves. Y aparece recurrente la pregunta, cómo pudieron arrancarte del suelo, llevarte lejos de las tintas que usabas para tatuar, de las dos mochilas que cargabas. Te sacaron sin piedad, te levantaron sin respeto. No fue impulso, fue orden, fue robo, fue ley. Acuso a Gendarmería Nacional por tomarte sin el permiso de tus palabras, por ignorar la paz de los vivos y los muertos poniéndote en medio, por lastimarte como si fueras un hombre sin el amor de una madre.

Escribo sobre vos porque te acusaron por la barba que una vez mordí, y ahora es imagen de foto y nostalgia en la piel. ¿Dónde estás brujo? No pregunto por venganza, juro que es amor.

Contra los que cortan y pegan, para hacer de esto un romance personal o un cuento policial de guerrillas y artesanos, quiero aclarar que es el amor de los hombres el que invoco. Una especie homínida que una vez se levantó sobre sus dos pies, miro al sol e inventó colores de plantas para pintar piedras.

Contra el relato vacío, abro un pedazo de vida secreta; la subida al Piltriquitrón nos llevó casi un día, a los pocos metros un perro vino y saltó sobre Santiago. Fue amor a primera vista, a primera pata, no dejaban de saltar ni el brujo ni el perro. Entonces decidimos, sin consultarnos, hablarle como si fuera un bebé. Y se quedó, pasaron pocos autos ese día, sólo íbamos a tirar dedo si había lugar para los tres. Yo preocupada, vos confiado: “quédate tranqui duendecita –dijiste- seguro que sube con todos los que pasan...”. Escrito esto, no necesito cerrar los ojos, estás atado en días y noches que se suman sin distinguirse. Te veo sentado, asomado como a una ventana, al abismo del cerro.

Todos van y vienen de vos y de Facundo, como de territorios conquistados. Hace unos días escribí “a la tierra le falta el Lonko, a nosotros vos” ahora entiendo que estabas ahí, porque a mí también me falta el lonko.

¿Alguien interrogó a Benetton?, ¿alguien conoce el color de sus manos, cómo usa el pelo, alguien le escribe un verso? Imagino que los dueños de todo no necesitan poesía, tienen diarios y gendarmes, presidentes y museos. No necesitan cortar calles, porque las inventan. Dicen que tu vida vale una calle brujo, unas ramas cortando un tránsito que no existió. Pasan videos donde te llenan de tanto, y no dicen nada.

Me pregunto si sabrán los que informan, que a esa calle le nacen casas en sus costados, que dentro de esas casas habitan personas, de distintos tamaños, con ojos como los tuyos, como los míos, como los suyos.

¿Sabrán que la primera vez que nos levantamos de cara al sol, fue hace millones de años en África… que ahí empezó el cuento, que una vez el fuego – aún sin nombre- fue de todos?






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