Cultura

ENTREVISTA // ARTES VISUALES

“Tenemos que asumirnos como trabajadores y comprender que estamos en una situación precaria”

Entrevistamos al ilustrador Rodolfo Fucile, que nos cuenta sobre su trabajo y nos acerca su visión de la situación actual de los dibujantes en la Argentina.

Iara Rueda

La Caja Roja

Martes 27 de diciembre de 2016 | Edición del día

¿En qué te inspiras para realizar tus dibujos?

Mi principal fuente inspiración es la vida cotidiana. Incluso mis dibujos más surrealistas o fantásticos se nutren de esa sustancia que encuentro en la calle, en los bares, cuando hago las compras, etc. A veces lo hago conscientemente. Salgo a dibujar a la gente, a capturar personajes, a tomar apuntes. Otras veces se me filtran sin buscarlos, junto con recuerdos de la infancia, lecturas, cosas que escucho y veo por ahí. Pero la materia prima es la vida cotidiana, que en mi caso transcurre en Buenos Aires.



¿Qué sería el arte para vos?

Para mí el arte es un espacio de juego y de experimentación. También una caja de herramientas, pero que no tienen una función precisa. A veces funciona como medio para comunicar algo concreto pero otras no. Uno no sabe lo que quiere decir ni lo que le pasa. Lo va descubriendo en el proceso creativo. Esa experiencia te transforma o al menos te mueve algo internamente. Y, en el mejor de los casos, algún rastro queda plasmado en la obra y logra motivar a otra persona. Esa cadena de transmisión es incontrolable y asombrosa. Pero bueno, cuando yo me pongo a dibujar no pienso en todo eso. Más bien me preocupo por ordenar esos fragmentos de ideas y formas que se me aparecen y trato de encontrarles algún sentido.

¿Hay para vos relación entre el arte y la política? ¿Por qué?

Sí, por supuesto hay relaciones, en la medida que son actividades humanas que se desarrollan dentro de una organización social y que propagan ideas sobre esa sociedad. Pero yo no hago muchos dibujos de coyuntura, salvo algunas ilustraciones, donde el tema a abordar surge del editor. En mis dibujos más personales trato de escaparle a la agenda mediática, a la “actualidad”, pero lo político está presente en un sentido más general, como las relaciones de poder, la injusticia, las desigualdades sociales. A veces con una dosis de fantasía o de humor absurdo, pero ahí están.


¿Con qué tipo de expresiones artísticas te sentís más cercano?

Con varias, pero sobre todo con la literatura, el cine y la música. A veces escribo y en una época tocaba mucho la guitarra. También disfruto del teatro, aunque voy poco. De todos extraigo algo, porque todos son medios para narrar, buscar un enfoque especial y expresarlo con cierto ritmo, armonizando elementos. Los lenguajes artísticos están conectados.

¿Hay temas que consideras más sensibles que otros a la hora de dibujar? ¿o no te importa tal consideración? Cuando te manejas con humor en tus dibujos, ¿tenés algún límite?

Cuando dibujo para mí, es decir, cuando no es un laburo por encargo, no tengo ningún reparo. Y aunque quisiera no podría, porque no tengo muy claro adónde va a terminar el dibujo. Mi proceso de trabajo empieza de modo bastante intuitivo e irracional y cuando tomo conciencia de lo que estoy dibujando, ya no puedo volver atrás, ¡ya soy culpable! Por ahí cuando laburo para un medio sí me limito más porque el dibujo debe comunicar algo concreto y si me voy por las ramas me lo pueden rebotar. Pero no me pongo límites temáticos. Creo que el límite pasa por el enfoque o el punto de vista que asume el dibujante. Vos podés dibujar sobre las mayores atrocidades de la humanidad con la intención de visibilizar un problema, denunciarlo, invitar a la reflexión. Pero si te ponés del lado del opresor, te burlás de la víctima, o banalizás algún acto criminal escudándote en la libertad de expresión... no sé, serás muy libre pero sos un cínico o sos un tarado.

¿Tenés algún objetivo que quieras lograr con tus dibujos?

Además de ser una fuente trabajo, para mí el dibujo es un canal expresivo. Un medio para decir o tratar de comprender algo que me pasa o que pasa a mi alrededor. Muestro mis trabajos porque quiero compartir mi visión con otra gente. Así como yo disfruto con alguna canción, un cuento, con obra de otro, sospecho que lo mío puede encontrar algún interlocutor, incluso a través del tiempo y el espacio. Por eso publico mis libros y también subo trabajos a la web. Es como una botella al mar. No sé si son grandes objetivos. No voy a cambiar el mundo con un dibujo, pero si alguien se detiene un minuto a contemplar lo que hago o se ríe, o se queda pensando, para mí ya valió la pena.

¿Podés vivir de lo que haces? ¿Tenés que trabajar de otra cosa?

Vivo de la ilustración desde fines de 2001, cuando me fui a vivir solo de manera kamikaze. De a poco me fui asentando, pero siempre en la incertidumbre. Ojo, ilustrar no es necesariamente trabajar en mis proyectos o crear “mi obra”, ya que para poder vivir del dibujo me moví por distintos rubros como la ilustración publicitaria o en publicaciones de temas diversos, que no son los míos. En ese caso uno pone su oficio al servicio de alguna necesidad ajena, comunicar una idea, acompañar un relato, promocionar un producto. También he recurrido a dar talleres o a vender originales, para compensar el ingreso, pero mi principal trabajo sigue siendo la ilustración.

¿Cómo ves la situación laboral de los dibujantes en la actualidad? ¿Cuáles son las formas de contratación?

La situación de los dibujantes es precaria. Trabajamos de manera “freelance” y no tenemos un ingreso fijo. Es más, podemos tener meses sin ingresos. En general somos monotributistas, con lo cual tenemos que pagar un peaje para poder trabajar, aunque no tengamos laburo. Por ser trabajadores independientes no contamos con los derechos de los asalariados, como vacaciones pagas, asignaciones, licencias, aguinaldo, etc. Tampoco tenemos paritarias ni un convenio colectivo que nos permita actualizar nuestros honorarios según la inflación. Con lo cual, nuestro ingreso lo termina decidiendo “el mercado”, que no es otra cosa las empresas que nos contratan, porque en la relación asimétrica entre por ejemplo una editorial y un ilustrador, la editorial tiene mayor capacidad de imponer sus presupuestos y contratos. Si al ilustrador no le alcanza y no puede negociar, debe rechazar el trabajo. Ante la necesidad, muchos aceptan condiciones precarias que terminan perjudicando a todo el colectivo.
Esta situación no es nueva. El gobierno anterior invirtió en programas de lectura y compras institucionales de libros, pero no intervino en la relación laboral o contractual, para equilibrar esas asimetrías en favor de los trabajadores independientes. Por lo tanto los beneficios económicos fueron principalmente para las empresas y, en un pequeño porcentaje, para los autores de los libros elegidos. Es decir, un efecto “derrame”, que por supuesto no llegó a la mayoría. Ahora que el gobierno de Cambiemos cortó esa inversión, hay menos ediciones y aumentó el desempleo, pero el problema original se mantiene intacto: los que trabajamos de manera independiente estuvimos y estamos desamparados. Estamos peor que un trabajador en negro, que en teoría puede denunciar o reclamar por su situación. Esto es muy frecuente en los medios y en las llamadas “industrias culturales”.

¿Pensás que tendría que haber un sindicato de dibujantes? ¿Qué es A.D.A?
Por nuestra condición de independientes-monotributistas entiendo que no podemos tener un sindicato. Sería bueno. Lo que sí tenemos es la Asociación de Dibujantes de Argentina (A.D.A.) que nuclea a muchos colegas del país y se sostiene con el aporte voluntario de los socios. Entre otras cosas (muestras, charlas, talleres) intercambiamos información sobre presupuestos y contratos, y creamos un tarifario y la campaña “Tu trabajo vale”, para tratar de mejorar nuestra situación laboral. Eso está funcionando bien, pero tiene un límite: al no ser vinculante, no compromete a la parte empresaria. O sea que sirve de referencia y ayuda a concientizar a los colegas, pero si al cliente quiere pagar una suma miserable, nada se lo impide. Es legal. ADA tiene una fuerte campaña contra el trabajo gratuito, que a veces se da a través de ONG’s o Fundaciones. Todas las semanas aparece una convocatoria para colaborar con alguna "causa justa", que en realidad es un proyecto encarado por fundaciones, que están bancada por empresas multinacionales. Algo parecido pasa con ciertos "concursos", que en verdad son propuestas de trabajo no rentados, disfrazados de concurso artístico.
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¿Cómo pensás que puede enfrentarse esta situación?

En primer lugar los dibujantes e ilustradores tenemos que tomar conciencia de nuestros derechos. Tenemos que asumirnos como trabajadores y comprender que estamos en una situación precaria. Para eso es importante desmontar algunas construcciones simbólicas propias del ámbito cultural. Hay un sentido de pertenencia al circuito editorial, al “mundo de la cultura”, una idea de “familia” que oculta y confunde los intereses de cada parte. Es una idea arraigada en identidades y relaciones afectivas, que son fuertes y reales, pero que impiden ver que el crecimiento del “sector” no se traduce necesariamente en una mejora para los trabajadores (ilustradores, escritores, diseñadores, incluso editores feelance). Entonces lo que podría ser un reclamo gremial se diluye en un pedido “sectorial” y la voz cantante es siempre la del empresario la pyme. Se pide más inversión estatal, que va a las empresas y produce derrame, pero no se regulan los contratos ni se aumenta el precio de nuestro trabajo. También se piden “derechos culturales” pensando en el público destinatario, y está perfecto, pero se olvidan los derechos de los trabajadores. De cualquier manera los ilustradores no sólo trabajamos para el sector de los libros: también en los medios gráficos, la publicidad, el diseño, la producción audiovisual, por eso es importante la unidad, acercarse a la ADA y ver entre todos cómo encarar cada problemática. Además necesitamos hacer visible esta situación, para que la sociedad nos reconozca como trabajadores y nos apoye en la defensa de nuestros derechos.




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