Géneros y Sexualidades

TAREAS DE CUIDADO

Teletrabajo y cuidados o trabajar las 24 horas del día

La pandemia de Covid-19 evidenció un problema que la movilización de las mujeres exige visibilizar hacer años. Las mujeres que trabajan fuera del hogar no dejan de hacerlo cuando llegan a casa.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Jueves 25 de junio | 21:02

La Cámara baja votó el jueves 25 una ley para regular el teletrabajo, sigue el debate y la votación en el Senado. Sindicatos, partidos de izquierda y organizaciones de sociales alertaron sobre el contexto desfavorable para discutir condiciones laborales y destacaron que es necesario que no se retroceda en ninguno de los derechos conquistados. También se destaca en varios proyectos la inclusión del trabajo de cuidados.

No es un tema menor, un informe de Oxfam le puso números a ese trabajo invisibilizado. El cálculo estima que mujeres y niñas en todo el mundo destinan 12.500 millones de horas diarias a este trabajo, que equivaldría a 10,8 billones de dólares anuales si fuera remunerado.

El síndrome de la ropa sucia

El encierro en los hogares puso en evidencia muchos aspectos de la vida en las sociedades capitalistas contemporáneas. Desigualdades, comportamientos y prácticas naturalizadas hoy son puestos bajo otra luz. La visibilización de las tareas de cuidado es parte de la agenda del feminismo y el movimiento de mujeres hace décadas.

En el contexto de la pandemia de Covid-19, uno de los primeros problemas que fue advertido es la sobrecarga que significó para las mujeres el encierro, especialmente el cuidado de niñas, niños y personas ancianas, sin importar si esas mujeres están en pareja o no. Es una realidad que se repite en varios países, así se ve en estudios realizados en Estados Unidos, España o Argentina.

En Estados Unidos, varios estudios señalan la participación mayoritaria de las mujeres en las tareas de cuidado y la sobrecarga que significan las actividades escolares. Los primeros estudios encontraron un escenario similar a tiempos “normales”: el 70 % de las mujeres está a cargo del trabajo doméstico de su hogar y el 66 %, a cargo del cuidado infantil. Al consultar a las mujeres quién está a cargo de las actividades escolares de hijos e hijas en el hogar, el 80 % respondió que ellas y solo el 3 % que estaba a cargo de su pareja. Los varones respondieron de forma diferente: el 45 % dijo que ellos estaban a cargo y el 39% dijo que estaba a cargo de su pareja.

En el encierro, la brecha entre el tiempo dedicado al cuidado (limpieza, comida, cuidado infantil) se reduce en parejas en las que ambas personas tienen un trabajo asalariado (el 67 % de las mujeres respondió que ellas son las responsables, entre los varones el 29 % dijeron que ellos son los responsables), pero vuelve a crecer si en la casa hay menores de 12 años (82 % entre las mujeres, 31 % entre varones).

Brigid Schulte, del centro New America orientado a políticas públicas, habla del “síndrome del cesto de ropa sucia” para describir la percepción de los varones sobre las tareas de cuidados. En las encuestas que realiza este centro sobre cuidados y pandemia, se constatan las brechas y diferentes percepciones entre los géneros. Muchos varones realizan tareas de cuidado por primera vez de forma relativamente sistemática y cuando se les pregunta si cambiaron algo de su opinión sobre el trabajo doméstico, muchos dicen que antes no pensaban en ese trabajo (esto significa que está invisibilizado) y lo que mencionan para ejemplificar que es un trabajo que nunca termina es que el cesto de la ropa de sucia se llena una y otra vez.

“A pesar de un pequeño aumento en la participación de los hombres, ellas siguen siendo las principales responsables de la limpieza de la casa, la comida, la colada [lavado de ropa], y el cuidado de los hijos”, es una de las conclusiones del estudio en España ¿Quién se encarga de las tareas domésticas durante el confinamiento?. El panorama se complicó además por el cierre de las escuelas y jardines de infantes porque el cuidado infantil sigue recayendo sobre ellas.

Durante el encierro, el único cambio registrado en la participación masculina fue que los varones realizan las compras (38% según este estudio). En el resto de las tareas, la responsable sigue siendo la mujer e incluso en la actividad de mayor participación masculina (las compras), el porcentaje no llega al 50 %. El informe La perspectiva de género, esencial en la respuesta a la covid-19, del Instituto de la Mujer (que depende del Ministerio de Presidencia) confirma que las mujeres realizan la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados. Estas conclusiones no han resultado, hasta el momento, en políticas públicas en ese país.

Como en Estados Unidos, en los hogares con hijos e hijas menores de 12 años aumentan las brechas en las tareas de cuidado y las mujeres muestran los índices más altos de stress. La asociación Yo no renuncio (que impulsa políticas públicas que concilien la vida laboral y familiar de las mujeres) registró en una encuesta que el 80 % de las mujeres tienen problemas para trabajar, las interrupciones de hijos e hijas es el primer problema (97 %), el segundo es la falta de concentración (67 %). A esto se suma que 7 de cada 10 mujeres no cuentan con un espacio físico exclusivo para el trabajo y 3 de 4 no puede cumplir con los horarios laborales.

El sol no brilla más en Argentina

Un estudio previo a la pandemia, realizado por el Indec mostraba que 8 de cada 10 mujeres realizan tareas domésticas en el hogar, el doble que en el caso de los varones. Según los últimos datos disponibles de la encuesta de uso del tiempo realizada por el Indec en 2013, las mujeres le dedican en promedio 6,4 horas diarias a las actividades domésticas, mientras que los varones destinan solo 3,4 horas.

Uno de los pocos estudios realizados en nuestro país durante la pandemia es Mujeres en cuarentena: cuidadoras de tiempo completo y sobrecarga de trabajo, realizado por Paola Bonavitta (Conicet) y Gabriela Bard Wigdor (Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad, dependiente del Conicet y la UNCórdoba). Más de las mitad de las encuestadas respondió que siente que “cuida durante 24 horas al día” y no tienen tiempo para descansar y que las actividades que más tiempo implican son limpieza, comida y cuidado infantil.

“Las mujeres siguen asumiendo las viejas tareas del hogar y los cuidados, y ahora también las nuevas que aparecen con la pandemia, como la enseñanza en el hogar y seguimiento escolar diario de sus hijas e hijos, el cuidado de un familiar mayor que lo necesita, o el teletrabajo, que en la práctica habilita a la demanda permanente y sin horarios fijos”, dice Bonavita, una de las investigadoras. Una de las áreas más afectadas en la vida de las mujeres durante la cuarentena es el ocio y el esparcimiento. El 50,5 % dijo que no tiene más tiempo para descansar o disfrutar del tiempo libre.

La ley y el día a día

La media sanción del Congreso y próximo debate en el Senado probablemente resulten en algunas regulaciones del teletrabajo. El debate sobre las tareas de cuidado estuvo presente en la Comisión de Legislación Laboral y en el recinto. Varios de los proyectos abordaban el problema, como el de Romina del Plá y Nicolás del Caño del Frente de Izquierda, otros ni siquiera lo contemplan. Que la doble jornada laboral sea parte del debate habla sobre todo de la persistencia del feminismo y el movimiento de mujeres en visibilizar el trabajo gratuito que realizan las mujeres cotidianamente.

El jueves 25 se conoció la resolución conjunta del Ministerio de Trabajo, Empleo, y Seguridad Social y el Ministerio de las Mujeres, Géneros, y Diversidad que establece que las personas que sean responsables del cuidado de niños y niñas menores de 6 años tienen derecho a licencia con goce de sueldo y si tienen entre 6 y 12 años se podrían modificar los horarios para compatibilizarlos con las tareas de cuidado. Antes de que entrara en vigencia, tras la sola comunicación a las empresas, el lobby empresarial se puso en funcionamiento y terminó anulada antes de efectivizarse. La resolución no aclaraba cómo se impondría la medida en el sector privado, que viene ignorando las resoluciones oficiales, en primer lugar de que prohibía despidos.

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Más allá de los aspectos que se incorporen a la regulación del teletrabajo y algunas medidas aisladas, la realidad cotidiana de la mayoría de las mujeres todavía está lejos de las “agendas de género” y declaraciones generales de los ministerios y las funcionarias. El gesto político de crear un Ministerio de las Mujeres, direcciones y oficinas de género en diferentes organismos, habla de la importancia del movimiento de mujeres en Argentina. Sin embargo, hasta ahora, no se tradujo en medidas que afecten la vida de la mayoría de las mujeres, ni siquiera paliativas de las grandes desigualdades previas a la pandemia, como la sobrerrepresentación de las mujeres en las cifras de pobreza y precariedad.

El feminismo y el movimiento de mujeres señalan hace décadas que las desigualdades en el hogar no se terminan al salir por la puerta. Se traducen en que más mujeres que varones se empleen en trabajos part-time, con mayor flexibilidad horaria o salarios más bajos. Por eso hace tiempo que forma parte de las principales demandas y debates. ¿Qué lugar tiene el trabajo reproductivo en las sociedades organizadas alrededor de la explotación del trabajo asalariado y las ganancias de los capitalistas?

Algunas de estas discusiones se transformaron en consignas como “No es amor, es trabajo no remunerado”, en referencia a los prejuicios patriarcales (aprovechados hábilmente por el capitalismo) que asignan las tareas de cuidados a las personas de un género. Visibilizar el trabajo reproductivo, feminizado y no pago (del que se benefician principalmente empleadores privados y estatales) es parte de la crítica de las desigualdades naturalizadas en una sociedad desigual por definición.







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