Juventud

PANDEMIA Y PRECARIZACIÓN

Teletrabajo en call center: vender la fuerza de trabajo y poner las herramientas

Una nueva forma de explotación para la juventud se abre paso. Las empresas ahora exigen que pongan las herramientas. Cambios profundos en la relación con los empleadores, avanzando en pequeños pasos a una nueva modalidad que beneficia, como siempre, a los empresarios.

Domingo 17 de mayo | 19:41

Uno de los Call Centers más grandes de Latinoamérica cita orgulloso en su página: "ATENTO La mayor empresa de servicios de gestión de relación con clientes y procesos de negocios en América Latina y para empresas que desarrollan sus actividades en Estados Unidos. Además, es uno de los cinco principales proveedores mundiales en términos de facturación. Desde 1999 viene desarrollando su modelo de negocio en trece países y cuenta con cerca de 150 mil empleados.

Tiene más de 400 clientes –empresas multinacionales, líderes en sectores como telecomunicaciones, banca y financiero, salud, comercio minorista y administración pública, entre otros– a los que brinda una amplia gama de servicios de CRM/BPO por medio de múltiples canales. En 2019, GreatPlacetoWork® la situó entre las 25 Mejores Multinacionales para Trabajar en el Mundo y las 25 Mejores Multinacionales para Trabajar en América Latina."

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Esta empresa se abrió paso en 1999, opera desde Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Guatemala, México, Panamá, Perú, Puerto Rico, España, Uruguay y EE.UU. (13 países, 100 centros de relacionamiento, 90.000 estaciones de trabajo, 150.000 empleados).

"Somos esenciales" cita su plataforma web, lo cual es falso al tratarse de campañas de venta en diferentes rubros. Bajo ese encuadre, aunque la mayoría de su personal trabaja remoto, muchos de sus empleados siguen en planta.

La ambigüedad no inocente del Gobierno les da el margen a las empresas para actuar según sus intereses. No es algo particular de los call centers, sino de todo el amplio sector de trabajadores precarizados.

El trabajo de un operador es altamente estresante, se podría escribir una historieta tragicómica del día a día en un call (atenti creativos). Las jornadas en piso son cronometradas. Lo más valioso es el tiempo dijo un señor barbudo, en este caso se fragmenta el tiempo productivo en línea desde el ingreso hasta la salida. El ingreso es dividido entre la cantidad de llamadas por día, el tiempo entre cada llamado (que no debe superar los segundos), la espera en línea con el cliente (que también tiene un tope por ende la venta debe ser rápida), los tiempos de baño, médico, problemas técnicos, almuerzo, coaching, etc. Todo eso define las métricas por las cuales cada operador es exigido en pos de que sea 100 % productivo para las empresas que contratan los sevicios del call (se hacen llamar “clientes”).

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¿Pero cómo cambia esa relación con la nueva modalidad? el concepto trabajo se ha amoldado en la historia a los cambios sociales y tecnológicos. Bajo un sistema capitalista, estos cambios se dirigen a la mayor explotación de la fuerza de trabajo para las ganancias de unos pocos (diferente sería en un sistema de igualdad donde el avance tecnológico fuera en pos de una redistribución del trabajo, reduciendo las horas de producción para mayor tiempo de ocio, necesario para la realización libre e individual de cada sujeto)

Con el teletrabajo en call centers no solo se vende el tiempo a cambio de una parte mínima o miserable de sus ganancias sino que también los asalariados pasaron a garantizar los medios, esto se ve claramente en la demanda de los empleadores. Sino se cuenta con un computador (con requisitos técnicos muy precisos) y conexión (que garantice la demanda en red del sistema) se pasa a la lista de "suspendidos" por no contar con las herramientas de trabajo. ¿En qué momento se perdió terreno en las condiciones contractuales? Las empresas no podrían avanzar con estos cambios sin el acompañamiento del sindicato y el Ministerio de Trabajo. Los dueños de los call centers están ahorrando lo que gastaban en infraestructura, dejando de mantener todo lo que implica un edificio para operar (mantenimiento técnico, servicios, limpieza, cuestiones que a juzgar por las condiciones en las que se trabaja históricamente en los pisos de call, invertían lo mínimo posible).

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También son parte de los beneficiados por el programa ATP ( Asistencia al Trabajo y a la Producción ) que lanzó el gobierno nacional, aunque en el caso de Atento nunca dejó de operar desde el inicio de la cuarentena.

Tampoco se conoce un informe contable que explique la supuesta crisis económica que le produjo la situación actual. No debería tener problemas en el pago de los miserables salarios, que no superan los $20.000 gracias a los acuerdos regalados por el Sindicato de Empleados de Comercio. De hecho lo demuestra pagando el 100 % de los sueldos del mes pasado, ya que la plata de ANSES llegó tarde. Ahora anuncia que ese porcentaje pagado será descontado en el próximo cobro de haberes. ¿Pero cómo? Si ya pagaron es porque la plata estaba.

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El Gobierno sigue desfinanciando ANSES sin tocarle un centavo a los grandes empresarios, mientras los miles de precarizados ven cómo se reduce su salario y cambian las condiciones de trabajo. Si redirigimos el foco, podemos decir que las que siguen perdiendo terreno son las mujeres, muchas sostén de hogar. Son quienes ven sus jornadas sobrecargadas, ya no solo fragmentada entre el trabajo y las "tareas domésticas no pagas" ahora todo sucede en el mismo ámbito. La pelea por guarderías en los puestos de trabajo quedó atrás, el sentido común no existe para las patronales y la supervisión ahora está dentro de casa. Muchas madres trabajan remoto con sus hijes en brazos. ¿Te imaginás sentada con la vincha llamando a la velocidad que demanda el sistema mientras atendés las necesidades de un niñe? Esa es la situación de muchas operadoras en esta nueva modalidad.

El teletrabajo llegó para quedarse dicen algunas familias empresariales, romantizando la falsa libertad y/o comodidad de “tener la oficina en casa”. La misma trampa que las empresas de aplicaciones de delivery, que con el verso de ser “tu propio jefe” te venden la mochila y el casco para trabajar para ellos por una suma que ronda los 800 pesos.

Lo que no se está diciendo es que el teletrabajo también llegó para cargar sobre los bolsillos de las mayorías populares los costos, dejando mayor lucro para los empresarios. " En el caso consensuado en que el trabajador utilice su propio equipamiento, se sugiere a la empresa/empleador compensar la totalidad de los gastos y/o amortizaciones que genere su uso" , cita la página del Gobierno sobre las características del teletrabajo. Como siempre "sugiriendo" algo que las patronales no harán por motu propio. Los suspendidos, además de la rebaja salarial (en caso de no ser desvinculados) quedan a la deriva, con un sindicato que no los defiende. No es casualidad que las ramas más precarizadas, con miles de jóvenes, estén mayoritariamente agrupadas en el SEC (Sindicato de Empleados de Comercio) uno de los más grandes, también de los más rancios y traidores.

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En este contexto y avance en los derechos conquistados es de suma necesidad la unidad de todos los jóvenes precarizados de las distintas ramas que pelee por una salida a la crisis donde no sean ellos carne de cañón. La Red de jóvenes precarizados que salió a las calles por primera vez este jueves, es un primer gran paso desde donde organizar toda la fuerza necesaria para plantarse. La juventud tiene acumulada experiencia de lucha, es hora de tomar lo mejor de esas batallas, romper con las divisiones que nos imponen y como decía la pancarta de un repartidor mientras marchaba: "Si no hay futuro para les pibes que no haya paz para los empresarios".







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