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Tarifazo y ruidazo, postales del país en movimiento

El día después de los cacerolazos. Macri y sus regalos para la Corte Suprema. El peronismo y el kirchnerismo también respiran. La “estrategia” de Cristina, el empoderamiento y la resistencia.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Domingo 17 de julio de 2016 | 13:13

El análisis de las consecuencias políticas de las movilizaciones del pasado jueves, en rechazo al tarifazo del Gobierno nacional, ocupa los editoriales de los principales diarios del país.

Roberto Caballero escribe en Tiempo Argentino que “la administración macrista se metió sola en el fango de un tarifazo inviable y dinamitó buena parte de su capital político tratando de aplicar lo inaplicable y de explicar lo inexplicable”.

El periodista señala además que “ahora será la Corte Suprema, finalmente, la que debería laudar ante la crisis, en una suerte de cogobierno puesto en práctica de apuro a tan solo siete meses de la asunción presidencial”.

No es el único en señalarlo. Eduardo Van der Kooy, desde Clarín, afirma que “el gobierno de Mauricio Macri está atascado en un problema. Por primera vez en siete meses de poder, un error estructural de su gestión desliza la atención pública de la pestilente mancha de corrupción kirchnerista para anclarla también en los bolsillos. Ese parece el primer efecto del trunco ajuste en las tarifas de gas, que descansa por ahora en una nube judicial”.

Joaquín Morales Solá, por su parte, señala en La Nación que los escándalos del caso López venían tapando “los errores que se cometieron con el sinceramiento de las tarifas, que era necesario -quién lo duda-, pero que requería de una especial precisión. Fue la decisión de Macri con más repercusión social y, sin embargo, el Presidente está pagando un precio político más alto cuando baja las tarifas que cuando las aumentó. Algo (o mucho) se hizo mal para que las cosas resultaran así. El cacerolazo del jueves fue poco significativo (había mucha militancia kirchnerista y otros críticos ideológicos del macrismo), pero cometerían un error si subestimaran la preocupación social por aumentos que ya no se sabe cómo son ni cuándo se aplicarán. El problema no puede quedar en manos de la Justicia; es un conflicto político que debe resolver la conducción política del país”.

Sin embargo, el Gobierno apuesta a la que la “solución” la dé la casta judicial. En ese marco, no faltan los “obsequios” en pos de ponerse de acuerdo.

Regalos Supremos

Horacio Verbitsky, desde Página/12, informa que el “gobierno dispuso que los jueces de la Corte Suprema que deben decidir sobre el tarifazo podrán volar en primera sin pagar. Luego de ese regalo de bodas, Macrì recibió en la Casa Rosada al presidente del tribunal Ricardo Lorenzetti, pese a que hay un litigio abierto que interesa al Poder Ejecutivo”.

El periodista agrega que “los cinco jueces podrán comprar pasajes en clase turista y en cualquier lugar del mundo pasar a la clase ejecutiva sin abonar la diferencia, siempre que en ese vuelo haya asientos desocupados”.

Señalemos al margen, que las cuentas que realiza el periodista sobre los viajes de Lorenzetti y los beneficios que estos cambios suponen, deja también en evidencia los enormes beneficios de esta casta vitalicia. El “ahorro” en pasajes del juez supera los $700.000 en apenas seis meses, una cifra inalcanzable por la enorme mayoría del pueblo trabajador. Esa es otra “herencia” que el kirchnerismo dejó intacta.

Por su parte, evidenciando estos intentos de acercar posiciones con la Corte, Mario Wainfeld señala que “más grave fue el palique entre el presidente Mauricio Macri y el titular de la Corte Ricardo Lorenzetti que no se anunció ni fue fotografiado por las solícitas cámaras de la Casa Rosada. La tenida tampoco fue informada en el portal Centro de Información Judicial que maneja la Corte, que acostumbra ser prolífico en anuncios sobre cualquier charla de Lorenzetti (…) El silencio acrecienta la ínsita gravedad de la reunión entre el titular del Ejecutivo y el del Poder Judicial justo cuando la Corte debe hacerse cargo del juicio en el que se dejó sin efecto el tarifazo por el servicio de gas”.

Y un día volvió el peronismo…

Después de semanas donde se oscilaba entre el silencio y el semi-oficialismo más espurio, el peronismo volvió a tomar la palabra, montándose en el descontento extendido por el tarifazo.

Mario Wainfeld lo relata en Página/12 al señalar que “la revuelta despertó y activó a la dirigencia política, en especial a la oposición light. El presidente del PJ nacional, José Luis Gioja, es una muestra del fenómeno. Transigente con el macrismo, abdicante en la votación del acuerdo con los fondos buitre, se desmarca ahora y pide la renuncia del ministro de Energía Juan José Aranguren. Los senadores no oficialistas, en pleno, votan una resolución enfrentando la política oficial. Varios gobernadores patagónicos habían primereado interpelando al Gobierno y promoviendo demandas judiciales. Son reflejos de conservadores populares de mirada corta en materia nacional, pero muy perspicaces para registrar los estados de ánimo colectivos en sus territorios”.

Roberto Caballero, también toca el punto y afirma que “el 14J evidenció un fuerte y prematuro cambio en el humor de la sociedad y un acelerado realineamiento político que viene a quebrar la alianza que había tejido el gobierno desde su asunción con grupos peronistas”.

Aquí el vocablo “peronistas” viene a desdibujar el hecho de que la enorme mayoría de ese espacio político era, hasta ayer nomás, parte de la coalición kirchnerista. El cogobierno con Macri se lleva a cabo con la venia del Bloque Justicialista de Diego Bossio en Diputados y de Miguel Ángel Pichetto en el Senado, dirigiendo al FpV. Los gobernadores, elegidos por el mismo espacio y en las mismas listas que muchos de esos legisladores, responden a ese pacto de gobernabilidad. Los dirigentes sindicales también son parte de ese combo, pero a ellos dedicaremos un párrafo más adelante.

Por su parte, Van der Kooy señala que “el tropezón del Gobierno podría desmalezar también otros senderos. Sobre todo, para una oposición –el peronismo y los K– que asoma vacilante y desperdigada. Esa oposición, mechada con gente sin identidad política pero enojada por el tarifazo, compuso el jueves una protesta callejera que no debiera ser infravalorada por el Gobierno (…) el mayor dilema para el macrismo consiste en si esos núcleos opositores consolidan la estrategia que despuntaron en el Senado. Allí, con el FpV y el PJ a la cabeza, reunieron la semana pasada 43 votos –más de los dos tercios– para repudiar los aumentos y solicitar su inmediato retroceso (…) La fotografía hablaría de una súbita mutación de la escena. Tanto que la pálida conducción del PJ, que corporiza José Luis Gioja, se animó a reclamarle al Presidente la renuncia de Aranguren”.

El espacio político de oposición se nutre entonces del creciente descontento social que asoma a las calles a pesar de la completa falta de conducción política por parte del kirchnerismo que, en diciembre pasado, había prometido “resistir con aguante”.

Las calles, el kirchnerismo y la “táctica” de Cristina

Mario Wainfeld, inscribiendo el Ruidazo del jueves pasado en la larga seguidilla de protestas callejeras contra el Gobierno de Macri, afirma que “todos esos movimientos son transversales, minorías intensas que se agrupan en defensa de intereses propios, específicos. Son el pilar más sólido de la oposición real, en un contorno de crisis de los partidos opositores y de las cúpulas gremiales”.

La definición de “crisis” en los partidos opositores debería ser más precisada. En estos siete meses fue evidente que el Frente de Izquierda se mantuvo como una oposición política consecuente mientras que el FpV se llenó de “traidores” -en la jerga interna- que le posibilitaron a Cambiemos aceitar su gobernabilidad. Lo que quedó en evidencia es la fragilidad de un proyecto político construido a base de recursos estatales y mucho relato.

En la misma tónica, Roberto Caballero, en su columna de Tiempo Argentino, señala que el cambio político que se expresó el jueves pasado abre camino a “la unificación de la CGT bajo un liderazgo mucho más exigente que el actual que promete elevar la conflictiva sindical de cara al año próximo”.

Pero en el caso de las conducciones sindicales, señalemos que lo que hay es una tregua que se sostiene de manera duradera. Su única crisis en este momento, radica en la elección interna de quienes deberían conducirla la central reunificada si esto, efectivamente, ocurre el próximo 22 de agosto.

Pero el problema principal del espacio kirchnerista radica en la ausencia de conducción que lleva adelante la misma Cristina Fernández.

Verbitsky, en una de sus columnas de hoy, señala que “la ex presidente supo prever como nadie ese efecto de las políticas oficiales. Lo anticipó al abrir las sesiones del Congreso del año pasado, cuando dijo que dejaba un país muy cómodo para la gente y muy incómodo para los gobernantes que la sucedieran (…) lo que ella llama empoderamiento popular es su mejor legado al pueblo argentino. Y volvió a plantearlo el 13 de abril en Comodoro Py, cuando exhortó a la construcción de un Frente Ciudadano, plural, con el único punto de unidad de reclamar por los derechos perdidos, porque “la cuenta de luz, de gas, y el chango del supermercado lo tienen que llenar igual los k, los anti-k y todos” y propuso que si los dirigentes no responden, “tomen la bandera, y marchen adelante, no esperen salvadores ni mesías”.

Sin embargo, el mismo periodista reconoce que “estas definiciones no sirven como orientación para quienes están ocupando posiciones con vistas a los primeros comicios de renovación legislativa durante este mandato, dentro de poco más de un año. Tampoco le sirvió a los descamisados de 1955 la explicación de Perón de que entre la sangre y el tiempo elegía el tiempo, ni a sus confundidos seguidores de 1974, su despedida comunicándoles que su único heredero sería el pueblo. Por encima de tales coyunturas adversas ese liderazgo se proyectó hacia el horizonte. Esa es la apuesta de Cristina, cuyo pensamiento estratégico no tiene una expresión táctica y apunta antes que a la generación de su hijo Máximo y de Wado de Pedro, a los pibes que hoy tienen entre 15 y 20 años”.

Así, la apuesta “estratégica” de Cristina consiste en sentarse a esperar que el Gobierno de Macri hunda el conjunto de las condiciones de vida del pueblo trabajador para que exista la posibilidad de un eventual retorno en 2019.

En la “táctica y estrategia” de Cristina y el kirchnerismo, lo único no contemplado es enfrentar el ajuste y, por ende, los tarifazos.







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