Mundo Obrero

SAN NICOLÁS

También en Motomel la precarización tiene cara de mujer

Explotadas, oprimidas y precarizadas, las obreras de Motomel enfrentan a diario las condiciones de trabajo a las que las somete la patronal.

Federico Berg

@fedeberg80

Viernes 14 de octubre | Edición del día

La planta de La Emilia S.A., que fabrica las motocicletas de la marca Motomel en las afueras de San Nicolás, tiene una característica especial: cuenta con una altísima proporción de trabajadoras mujeres en comparación al resto de las plantas metalúrgicas de la región. Pero también tiene otra “marca” distintiva: el alto grado de precarización bajo el que trabajan sus obreras y obreros.

La década precarizada

Dentro de la “herencia” que dejaron doce años de kirchnerismo, una de las joyas es la consolidación de la precarización laboral. No sólo el 33% de trabajo en negro que ya se instaló como condición estructural del capitalismo en Argentina, sino también las distintas formas de fraude laboral como los contratos temporarios renovables y la tercerización. Las patronales y el gobierno de CEOs de Macri, agradecidos.

En el caso de Motomel, las trabajadoras y trabajadores llaman “plazo fijo” a la modalidad bajo la que las contratan: a 30 días, con posibilidad de renovar. La gran mayoría de la fuerza de trabajo de la fábrica es explotada bajo esa figura. Además de la terrible inestabilidad laboral a la que quedan sometidos, sin saber si el mes siguiente conservarán sus puestos de trabajo en función de las ganancias de los patrones por los vaivenes del mercado, quedan expuestos al despido encubierto en caso de enfermarse o lesionarse realizando tareas repetitivas muy nocivas para las articulaciones. Y todo por un salario que está lejos de cubrir la canasta familiar.

Doble explotación

Muchas de las mujeres que trabajan en Motomel son madres, esposas y/o hijas. Muchas de ellas cargan no sólo con la dura jornada laboral en la fábrica sino también con las tareas domésticas por las cuales ni siquiera perciben la miseria de remuneración que se ganan como metalúrgicas. Salen de un trabajo para entrar a otro, que en realidad nunca se termina.

Esta doble explotación que sufren como mujeres obreras se combina con la pesada precarización laboral que padecen, resultando en un cóctel terrible. Hay supervisores que aprovechan esta situación, obligando a las trabajadoras metalúrgicas a limpiarles las oficinas. Para enfrentar las humillaciones cotidianas de parte de supervisores, jefes y gerentes, no les queda otra que exponerse al despido. Total, no les renuevan el contrato y listo.

Reciclables y descartables

Los obreros precarizados son el eslabón débil. Y las obreras precarizadas son las más afectadas por este verdadero flagelo. Si se lesionan trabajando, o si quedan embarazadas, o si se les complica el día por no encontrar quién les cuide los hijos, o si pierden el único colectivo que llega hasta La Emilia, es muy probable que no les renueven el “plazo fijo”.

Estas condiciones no sólo afectan a quienes padecen directamente la precarización. Porque actúan como disciplinamiento para el resto de la clase obrera, presionando a aceptar salarios cada vez más miserables y tareas cada vez más duras bajo la amenaza de caer en la franja de los contratados o tercerizados. Y además profundizan las divisiones que las patronales y el Estado imponen en las filas de la clase: contratados y efectivos, nativos y extranjeros, mujeres y varones.

La burocracia sindical

En la primera línea de la defensa de este sistema de explotación y opresión se ubica la burocracia sindical. Dirigida desde hace más de 40 años por Naldo Brunelli, el mismo que entregó la privatización de SOMISA, la UOM San Nicolás garantiza este entramado de contratos eventuales y agencias tercerizadas que se ceba con la vida de los jóvenes y las mujeres de la clase obrera. De hecho, las y los obreros de base se enteraron que había elección de delegados un día antes. No vaya a ser cosa que se cuelen delegados independientes, o peor aún: delegadas combativas. Así es como la burocracia sindical mantiene la tregua con el gobierno de Macri en medio de suspensiones, despidos y salarios que no alcanzan: atacando la organización independiente de los y las trabajadoras.

El Encuentro Nacional de Mujeres y las obreras

Hace apenas unos días concluyó en Rosario el XXXI Encuentro Nacional de Mujeres. Allí se debatieron, entre otros problemas, las múltiples situaciones de precarización laboral, con la perspectiva de salir a luchar para terminar con la desigualdad. Como afirmó Carina de Felfort en el taller Mujer y trabajo productivo, “las obreras somos trabajadoras rotas”. Por eso planteó allí mismo la necesidad de impulsar Comisiones de Seguridad e Higiene con participación de las y los trabajadores, y de poner en pie Comisiones de Mujeres que defiendan los derechos específicos de las obreras. “La única manera de conseguir nuestros derechos es organizándonos”, finalizó.

En el Encuentro, las miles de mujeres que integran la agrupación Pan y Rosas en el Frente de Izquierda también plantearon la aprobación del aborto legal, seguro y gratuito para que no mueran más mujeres por abortos clandestinos, el rechazo de todo tipo de violencia, abuso y acoso laboral, la realización de campañas nacionales denunciando estos hechos, como también la implementación efectiva de jardines infantiles en los lugares de trabajo y el cupo laboral para las trabajadoras trans. Las mujeres también se plantaron frente a la burocracia sindical, exigiéndole un paro contra el ajuste de Macri y los gobiernos provinciales del FPV/PJ, un plan de lucha nacional para terminar la tregua, y una gran campaña contra la precarización laboral.

La lucha continúa en la cancha de Atlanta: gran acto del Frente de Izquierda
La delegación más numerosa y combativa del ENM, Pan y Rosas, estuvo encabezada por las trabajadoras de Zanón y Madygraf bajo control obrero, que enfrentaron los despidos con organización y que llevaron al Encuentro su campaña por el fondo de lucha para seguir produciendo. También integraron la delegación docentes, metalúrgicas, telefónicas, estatales, trabajadoras de la salud y de la alimentación, además de miles de estudiantes. También las acompañaron las legisladoras del PTS en el Frente de Izquierda, que dan duras batallas en los parlamentos por los derechos de las mujeres y los trabajadores, como la diputada nacional Myriam Bregman.

Desde la agrupación plantean que no se puede liquidar el patriarcado sin liberar a la vez a los hombres y mujeres de las cadenas de la explotación capitalista. Esa tarea le corresponde a la clase trabajadora. Por eso es que integra el Frente de Izquierda, por una alternativa política de las y los trabajadores, y se suma a la organización del gran acto en el estadio de Atlanta para el próximo 19 de noviembre, bajo la consigna “El Frente de Izquierda sale a la cancha, seamos miles en Atlanta”.




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