Géneros y Sexualidades

OPINIÓN

Supérenlo: ser trans no es un trastorno mental

La Organización Mundial de la Salud finalizó la undécima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11). Todas las categorías relacionadas con las personas trans se han eliminado del capítulo sobre trastornos mentales y del comportamiento.

Tomás Máscolo

@PibeTiger

Martes 19 de junio | Edición del día

Resulta movilizante escribir sobre esta noticia, atravesé muchos prejuicios para poder escribir esta nota llena de orgullo. Sabiendo que es una resolución, que salió en otro país, pero frente a la cual hay que agarrarse para seguir batallando por una verdadera realidad no solo en el marco legal, nacional e internacional, sino ante la vida.

Mediante un comunicado en las redes sociales, se dio a conocer la noticia sobre la nueva versión del ICD que se presentará para su aprobación final en la Asamblea Mundial de la Salud en mayo de 2019. El mismo fue difundido por diversas ONG, GATE, AKAHATA, TGEU, APTN, ILGA, Coalición Trans-postsoviética,Iranti.org, STP International Campaign Stop Trans Pathologization, entre otras.

Queda entonces a la luz que todas las categorías relacionadas con las personas trans se han eliminado del Capítulo de la CIE sobre trastornos mentales y del comportamiento. Al mismo tiempo, se han introducido nuevas categorías relacionadas con las personas trans: incongruencia de género en la adolescencia y adultez e incongruencia de género en la infancia.

En criollo, la Organización Mundial de la Salud afirma que ser una persona trans o de género diverso no significa sufrir un trastorno mental. Así se destierran las patologías que permitían institucionalización, "conversión" e incluso esterilización.

En el mismo documento de la OMS se señala que “la incongruencia de género debe ser revisada y reemplazada tan pronto como sea posible con una categoría que sea capaz de conservar su utilidad mientras elimina su contenido normativo”. Esa palabra sigue responsabilizando a una persona por autopercibirse en una identidad o sentir un deseo fuera de la heteronorma ya instalada.

Ya que "el razonamiento es que, si bien la evidencia ahora es clara de que no es un trastorno mental, y de hecho clasificarlo en esto puede causar un enorme estigma para las personas transgénero, siguen habiendo necesidades importantes de atención médica que pueden satisfacerse mejor si la condición está codificada bajo el ICD", aseguran.

Otra de las cosas que se espera es “la despatologización total basada en los derechos humanos y, en particular, en el acceso universal a la atención de salud”.

Nuestra identidad y nuestro deseo

El considerar a las personas trans, travestis, transgéneros y transexuales como personas enfermas implicó que, por largo tiempo, la psicología y la psiquiatría considerasen a las personas como perversas. Aquellos cuyos deseos se desviasen de lo supuestamente "normal" eran objeto de la psicopatología, rama encargada de corregir estas formas "no naturales".

Una conquista parcial se había dado en el 17 de mayo de 1990, cuando la Organizacion Mundial de la Salud eliminó a la homosexualidad del listado de enfermedades mentales, luego de décadas en la que esta fuese considerada una perversión posible de ser tratada.

La OMS es el organismo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) especializado en gestionar políticas de prevención, promoción e intervención en salud a nivel mundial.

Identidad y orientación sexual van de la mano pero no son lo mismo. La noción de identidad de género salió a la vista con los “Principios de Yogyakarta sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en relación con la orientación sexual y la identidad de género”, en 2007.

En los Principios de Yogyakarta se buscó destilar el estado actual de la legislación internacional que ahora ya se aplica a las personas discriminadas por su orientación sexual e identidad de género en la forma de veintinueve principios que cruzan por una gama de derechos, entre ellos, los derechos civiles, políticos, sociales, culturales y económicos”.

Hoy en día son conocidas las consecuencias de los tratamientos que proclamaban curar la homosexualidad o transexualidad, los cuales muchas veces implicaban torturas, adoctrinamiento y la muerte.

Que la transexualidad sea desterrado de la parte que atañe a los trastornos mentales y puesto en los trastornos del comportamiento sexual, como un trastorno físico, deja en claro que hay mucho por lo que seguir batallando hacia dentro de la institución medica pero de las cuales deben hacerse cargo las obras sociales.

Esa noticia no tiene que pensarse de manera aislada a los tiempos que estamos atravesando. Una marea gigante de mujeres, hombres trans, trabajadoras, estudiantes y organizaciones sociales junto a partidos políticos se movilizaron el 13 de junio para pelear por el #AbortoLegalYa así como también la demanda de la implementación efectiva de la Ley de Educación Sexual.

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La importancia que le otorgan a la necesidad de recibir educación sexual, motivo a los estudiantes secundarios a manifestarse. Cuando desde el Ministerio de Educación se intentó cambiar el plan curricular arbitrariamente, los estudiantes se movilizaron para impedir la aplicación de la llamada Secundaria del Futuro, porque entendían que lejos de mejor el plan de estudio, esa reforma la deterioraba.

Los estudiantes decidieron defender la educación. Tomaron sus escuelas para ser oídos, y allí volvieron a reclamar que se dicten clases sobre Educación Sexual Integral.

Esa educación sexual es muy necesaria para dejar de estigmatizar y discriminar a las personas trans desde pequeñas. Para que casos como el de Tiziana de Salta no vuelvan a suceder, para que no exista más violencia hacia personas trans por odio, para que no se ejerzan más abusos como el que sufrió Joe Lemonge. No es necesaria la tolerancia, ese término noventista de hipócrita inclusión. Lo que es necesaria es una educación sexual, laica, de calidad y no heterosexista.

Los aires clericales ya vienen siendo puestos en jaque, la separación de la Iglesia del Estado se hace necesaria, es una institución que cobra muchísimo millones por parte del Estado y sigue pregonando un sentido común retrógrado encargado de seguir reproduciendo lógicas que avalan la discriminación de la diversidad sexual. Escuchemos a las pibas y pibes del 13J: educación sexual para decidir.







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