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ESPECULACIÓN

Suben los alquileres en Galicia mientras hay 300.000 viviendas vacías

El precio de los alquileres en Galicia subió un 6,4 % en el 2017, dándose las mayores subidas en los últimos meses. Los mayores precios se sitúan en las 7 ciudades gallegas, principalmente en las más cercanas a la costa, donde se encuentra la mayor demanda de vivienda y oferta de empleo.

Jacobo A. García

Vigo | @Jacobscarface

Miércoles 7 de febrero | 17:43

Aumentan la demanda y los precios, disminuye la calidad de vida de los inquilinos

Casi el 13 % (136.000 familias) de los hogares gallegos están en régimen de alquiler, según datos 2016 del Instituto Galego de Estatística (IGE), frente al 10,57% (106.000 familias) en el 2007, antes de la crisis económica. La caída de los salarios y el empleo impiden acceder a una hipoteca y al aumentar la demanda de alquiler, los precios se encarecen.

En los núcleos de población de más de 50.000 habitantes, el 20% de los hogares son de alquiler. Mientras la demanda en las zonas rurales casi no varía, en las grandes villas y ciudades la situación cada vez empeora más, con un aumento continuado de los precios. En los núcleos de 20.000 a 50.000 habitantes, el porcentaje de hogares de alquiler se duplicó en los últimos 10 años, pasando del 7% a un 14%. Esto es así porque muchos de ellos se encuentran en los cinturones metropolitanos de las grandes ciudades como Vigo o A Coruña.

En la mayoría de los casos, un 36%, la renta del piso se lleva entre un 10 y un 20% del dinero que entra todos los meses en casa. Pero, concretamente, uno de cada cuatro hogares gallegos que viven de alquiler destina el 30% de sus ingresos para pagarlo.

Además hay 9.000 familias en régimen de alquiler, que suponen un 7%, que destinan más de la mitad de su salario al pago de la vivienda. Esta tendencia es al alza, así que podríamos esperar que los datos 2017 sean todavía peores.

En 2016 el coste medio por vivienda alquilada alcanzó los 303,06 euros, un 9% más que en 2008, el más alto desde que hay registro. El metro cuadrado llega a los 11 euros en Sanxenxo, debido a su carácter turístico. Vigo, la ciudad más grande de Galicia, es la siguiente más cara con 8,50 euros el metro cuadrado.

En A Coruña el precio ronda los 7,60 euros por metro cuadrado, 6 euros en Santiago de Compostela y alrededor de 5 euros en los principales núcleos de población en las provincias de Lugo y Ourense. Para tener una comparativa con otras ciudades del Estado, como en Madrid, una de las más caras, la subida anual fue del 7,9%, alcanzando los 15,5 euros por metro cuadrado.

Unas 300.000 viviendas de los 1,6 millones que hay registradas en Galicia están desocupadas, el 18,6% del parque de viviendas, frente a un 13,6% de media en el Estado español. Esto se puede explicar parcialmente por el abandono en el área rural. Pero también por la gran cantidad de pisos en manos de la banca.

No constan datos fiables, ya que el propio SAREB, o banco malo “público”, creado por el gobierno central para rescatar los activos tóxicos de la banca, se negó recientemente a dar una lista de las viviendas vacías al Parlamento gallego. Pero podemos estar seguros que se cuentan por decenas de miles.

Jóvenes y mayores; todo el pueblo trabajador sufre esta situación

Los jóvenes encuentran cada vez mayores dificultades para obtener una vivienda de alquiler digna, incluso en ciudades del interior como Lugo. Ni hablar de las grandes urbes de Vigo o A Coruña.

Es común ver como se tiene que compartir piso con 4 personas o más, mientras se pide aval o nóminas para poder firmar un contrato de arrendamiento. Incluso existen viviendas en mal estado, sin calefacción o con humedades, que se alquilan a precios inflados, aprovechándose de la gran demanda que existe actualmente.

Todo esto mientras la precariedad laboral afecta sobre todo a los jóvenes, y en particular a las mujeres. Y cuando encontrar un empleo antes de los 25 se muestra extremadamente difícil, con un paro mayor del 50 % en esa franja de edad.

Por otra parte, es conocido que en Vigo las personas mayores de 65 años que se han quedado en la calle porque no pueden pagar el alquiler no son admitidas en ninguno de los dos albergues, ya que no admiten a personas que traspasen esa edad. Situación que vienen denunciando colectivos como la RSP, “Os ninguéns” o la “Acampada contra a Pobreza”.

La excusa es que los mayores no estarían en el entorno adecuado, al tener otras necesidades asociadas a una mayor dependencia. No nos extraña esta hipocresía burocrática viniendo de la concesión privada del albergue municipal o de una orden religiosa que gestiona el Albergue de Teis.

Este problema se sitúa sobre todo en el centro de la ciudad de Vigo, en el “Casco Vello”, donde se está produciendo un proceso de gentrificación. Ante la subida del precio del alquiler, que pueden llegar a 2.000 euros en algunos casos, muchos pensionistas se ven obligados a abandonar los inmuebles. Además tampoco pueden acceder a una plaza de las residencias privadas existentes en la ciudad.

Una evidencia de que la exigua subida de las pensiones del gobierno supone realmente una disminución del poder adquisitivo. La situación es tan dramática que algunos han llegado a morir de forma prematura por vivir en la calle.

Dejar tiradas en la calle a estas personas, después de haber trabajado durante décadas, es una muestra más del carácter despiadado del capitalismo, que utiliza a los trabajadores como si fueran objetos de usar y tirar.

Respuesta anticapitalista para solucionar el problema de la vivienda

Para garantizar una vivienda digna a toda la población es necesaria la expropiación de los pisos de la banca sin indemnización, para la creación de un parque de viviendas público a precios bajos para familias obreras.

El gobierno central ha gastado 60.000 millones de euros para salvar a la banca, y no ha aplicado ninguna medida eficaz para garantizar el derecho a la vivienda. En el caso gallego, Novagalicia Banco fue salvado con unos 9.000 millones, y poco después comprado por tan solo 1.000 millones por el mayor banco privado de Venezuela, Banesco. Un robo de manual al pueblo trabajador.

Pero esta medida no se puede hacer cumplir solamente desde las instituciones. Desgraciadamente, hemos visto como las nuevas coaliciones reformistas, de las que forma parte Podemos, Izquierda Unida y Anova, que gobiernan en algunos municipios de Galicia, han traicionado la mayor parte de su programa, al carecer su estrategia del necesario componente de la movilización obrera y social.

El caso de las viviendas del barrio de Recimil en Ferrol fue lamentable. “Ferrol en Común” aplicó la “legislación vigente” y aumentó en 20 veces los alquileres de rentas antiguas a las familias que viven en este barrio azotado por el paro, la emigración y la miseria. Como haría cualquier partido de Régimen.

Aplicaron el mayor ajuste de los últimos años a los descendientes de los miles de obreros de los astilleros, y de sus familias, que lucharon en el 72 contra la explotación y contra la dictadura. Castigaron al mismo barrio que vio morir a Amador y Daniel, los dos obreros asesinados por el franquismo el 10 de marzo de 1972, fecha que después se convirtió en el día de la clase obrera gallega.

Poco tiempo después, en los años ochenta, la lucha por los “pisos baratos” de los estudiantes de Santiago mantuvo ocupadas a las fuerzas represivas durante meses, produciéndose una de las mayores y más prolongadas huelgas en la historia del movimiento estudiantil gallego. Hoy en día, sigue habiendo muchos luchadores que paran desahucios y denuncian la falta de accesibilidad a una vivienda digna.

En el año 1931 se vivió una gran huelga de inquilinos en Barcelona, que consistía en el no pago del alquiler, hasta que se asumiesen sus demandas. Esta situación se gestó ya desde finales del siglo XIX cuando las condiciones del alojamiento empezaron a empeorar en las grandes ciudades.

Frente a la cobardía de quienes dicen que no se puede hacer nada y frente a la resignación de muchos luchadores honestos que dan su batalla por pérdida, debemos impulsar la unidad de acción del movimiento de la vivienda, así como la unión con los sindicatos de trabajadores, exigiendo a las direcciones de las centrales mayoritarias que se impliquen en la defensa del derecho a una vivienda digna.

Aprender de las experiencias pasadas, redescubrir ideas y escapar de la rutina nos ayudará a crear un gran movimiento por la vivienda en Galicia. Junto con los trabajadores, las mujeres y la juventud, podemos lograr bajar los precios de los alquileres mediante la movilización social, mientras seguimos luchando para que no haya casas sin gente, ni gente sin casas.






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