Política

CRISIS NACIONAL

Su alegría no es la nuestra: un invierno con duras noticias para el pueblo trabajador

El macrismo festeja -forzadamente- la llegada de los dólares del FMI y la calificación de Argentina como mercado emergente. Pero el invierno comenzó con datos sobre la suba de la desocupación, confirmación de tarifazos y altos pronósticos de inflación. La clase trabajadora puede estar a la altura y dar otra salida a la crisis.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Viernes 22 de junio | Edición del día

Cuando olvidan por un momento su manual de marketing, a veces los funcionarios del macrismo sueltan frases que contienen altas dosis de su verdad.

“Es lo mejor que nos pudo haber pasado”, señaló hace pocos días el nuevo presidente del Banco Central y ex ministro de Finanzas, Luis Caputo, en referencia a la crisis cambiaria que en los últimos meses derivó en una fuerte subida del dólar.

Al dar los fundamentos de semejante afirmación, el funcionario indicó que lo que había sucedido “nos obligó a ir a pedir el crédito al Fondo Monetario”.

“Lo mejor” para quién, es una pregunta de fácil respuesta. En la vorágine incesante de noticias, sería bueno no olvidar que Caputo es uno de los tantos funcionarios del Gobierno nacional que apareció como dueño de un entramado offshore que, por supuesto, no había sido declarado ante la Oficina Anticorrupción.

El dato no es casual. Las “buenas noticias” de los últimos días son tales principalmente para los especuladores. El acuerdo con el FMI garantiza que los negocios de la timba financiera seguirán durante un tiempo más, y la declaración de Argentina como mercado emergente es un premio a la desregulación de capitales.

En la misma tónica, este jueves el presidente Macri afirmó que “pasaron dos cosas muy importantes: la aprobación de todos los accionistas del plan de apoyo del FMI, inédito en su historia, que nos va a permitir fortalecer el crecimiento, y que volvemos a la categoría de emergente, que significa más herramientas para que más gente pueda invertir. Estamos en el camino correcto”.

Más allá del alivio que el Gobierno cree haber logrado para su crisis y sus negocios, lo cierto es que a la vez sus discursos tienen mucho de actuado. Detrás del circo, existe una fuerte preocupación por la gobernabilidad y las serias complicaciones para el plan de reelección de 2019.

Su invierno y el nuestro

Pero el invierno que comenzó este jueves asoma muy distinto para el pueblo trabajador.

Lejos de la alegría de los ricos, se conoció en el primer día de esta estación del año que la desocupación aumentó durante el primer trimestre de 2018 a 9,1 %.

El dato es preocupante, porque lo que viene es peor. El acuerdo con el FMI, con sus duras medidas de ajuste fiscal, asegura que en lo que queda del año se estancará la actividad económica, lo cual redundará inevitablemente en más despidos y cierres de empresas.

Por si fuera poco, con el invierno llegó otra importante confirmación. Quien haya querido ver una buena noticia en el hecho de que el odiado ministro Juan José Aranguren haya sido reemplazado, se equivocó. El nuevo titular de la cartera de Energía, Javier Iguacel, que también figura en los Paradise Papers y viene de efectuar despidos en Vialidad Nacional, anunció apenas momentos después de su jura que habrá nuevos tarifazos en septiembre y octubre en servicios esenciales.

Los aumentos en las boletas de gas y electricidad (así como posibles nuevas subas en combustibles) se suman a los efectos que tendrá la devaluación en los precios, cuyas consecuencias apenas han comenzado. Es por eso que una vez más los pronósticos de inflación están en duda, y se espera que los incrementos de precios superen el 30 %.

Ellos o nosotros

Sin embargo, existe la posibilidad de que el futuro sea distinto. La enorme potencia que demostró el movimiento de mujeres en las calles, y la contundencia que tendrá el paro nacional del próximo lunes, demuestran que las fuerzas están intactas para salir a luchar.

El movimiento de mujeres tiene la fuerza para ir por mucho más, imponiendo la votación en el Senado del derecho al aborto legal, seguro y gratuito, y también enfrentando el ajuste del Gobierno y del FMI, ya que si el mismo se impone todos los derechos conquistados serán pisoteados. La fuerza de la “revolución de las hijas”, si se extiende también a la mujer trabajadora, puede ser un factor de lucha fundamental junto al conjunto de la clase trabajadora.

Por su parte, el paro nacional, que la burocracia sindical buscará que sea pasivo y “dominguero”, será de todos modos un gran pronunciamiento nacional de la clase trabajadora contra el ajuste.

A su vez, puede ser tomado en sus manos por los sectores combativos para impulsar asambleas en todos los lugares de trabajo, para exigir que el mismo sea solamente el inicio de un plan de lucha (y no una medida aislada para descomprimir) y que levante un programa de salida a la crisis que ataque los intereses de los capitalistas. En cada una de estas peleas se pueden fortalecer los sectores antiburocráticos y clasistas, en la perspectiva de recuperar las comisiones internas, cuerpos de delegados y sindicatos de manos de la burocracia, para transformarlos en potentes herramientas para la lucha de la clase trabajadora en la crisis.

Pero todas estas luchas serán en vano si a la par la clase trabajadora, que es la gran mayoría de la sociedad, no construye su propio partido, sin burócratas e independiente de los capitalistas.

Porque si el malestar y la bronca con el macrismo son capitalizadas por las distintas variantes del peronismo, se impondrá una trampa contra el pueblo trabajador, ya que solo se preparan para un nuevo Gobierno de ajuste. Una confirmación más de esto se vio el pasado martes en la Cámara de Diputados.

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Por el contrario, la clase trabajadora debe levantar un programa con medidas elementales como el no pago de la deuda, la nacionalización de la banca y del comercio exterior y la estatización bajo control obrero de las empresas privatizadas, si no queremos que esta crisis termine una vez más en un nuevo saqueo histórico. Además, frente a despidos masivos o cierres, es necesario ocupar las empresas y que los trabajadores las pongan a funcionar, exigiendo su estatización bajo control obrero.

La memoria del 2001 está presente, pero podemos evitarlo. Es necesario dar pasos urgentes en este sentido.

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