Juventud

EN PRIMERA PERSONA

Soy estudiante secundaria y fui a apoyar a los trabajadores de PepsiCo

La ciudad seguía dormida y el reloj marcando las cuatro de la mañana nos despertaba con el alivio de que, aunque hoy fuese pleno invierno, no hacía frío (lo hubiésemos resistido igual).

Lunes 26 de junio de 2017 | 19:01

El viaje hasta zona norte fue corto, porque cuando uno ocupa su cabeza en otras cosas (como hacer carteles) el rato se pasa más rápido.

Cruzamos el puente y la panamericana se teñía de luces azules titilando. La policía se enfila para defender a los empresarios.

Llegamos a la planta de Florida y los trabajadores estaban en asamblea, donde decidieron ingresar a la fábrica para resguardar las máquinas y sus puestos de trabajos.

Mi nombre es Lourdes, soy estudiante secundaria y yo fui a apoyar a los trabajadores de PepsiCo.

Yo fui a apoyar a los trabajadores.

Porque no me resigno: frente a los despidos que dejan a cientos de familias en las calles y a los empresarios con los bolsillos llenos.

No me resigno a que: mis docentes cobren miserias y no puedan llegar a fin de mes.

No me resigno a que: Miles de jóvenes que buscamos ayudar a nuestras familias recibamos los peores trabajos y tengamos que decidir entre estudiar o trabajar.

No me resigno a este sistema y opino que la única forma de enfrentarlo, es de la mano de ellos.

De la mano de los que tienen la capacidad de paralizar al mundo y darle un patatús a las ganancias de los que moldean el futuro de los jóvenes como yo, todos los días.

Opino que la única forma de enfrentar este sistema es de la mano de los trabajadores.

Por eso estamos con ellos en la lucha, porque la queremos llenar de solidaridad. Porque contra un enemigo tan grande se necesita una unión fuerte como la de los estudiantes y los trabajadores.

Por eso estamos impulsando en los colegios campañas de fotos, para que su lucha llegue a muchos más.

Porque es nuestra lucha también: “hoy por ti, mañana por mí, pasado por y para ambos.”

Estas son algunas de las cosas que pensaba mientras volvía a mi casa. Con la euforia de haber estado toda la mañana y parte de la tarde: haciendo guardia en los portones, un rato sentada, otro poco parada, enorgulleciéndome de la solidaridad de quienes tocaban bocinazos mientras pasaban por ahí o agitando junto a mis compañeros secundarios que se organizan en los colegios y como yo entienden que no es lo mismo si nosotros estamos o no estamos en la lucha.

Llegue muy cansada a casa y mientras me apoyaba en la mesa exagerando mi sueño, mi mamá me dice: "Que dormida que estás"

¡No viejita, los estudiantes estamos más despiertos que nunca!







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