Juventud

“Sólo son dos horitas!”

Es lo que dice el supervisor del taller cuando nos “pide” hacer horas extra. Pero los jóvenes metalúrgicos también tenemos otras aspiraciones.

Marcos Santillo

Obrero metalúrgico

Martes 4 de abril | Edición del día

Hace unos días, vía Whatsapp, me llego un video del PTS en el Frente de Izquierda en el que sentí que nos hablaron directamente a cada uno de los jóvenes que laburamos como metalúrgicos en Córdoba, desde los talleres más chicos hasta las fábricas más grandes. En el video, un flaco plantea que tocando las ganancias millonarias del patrón podríamos trabajar 6 horas (en lugar de las agotadoras 8 y a veces más que nos toca) y que al hacer esto, muchos más jóvenes podrían acceder a un trabajo.

Se me vinieron dos cosas a la cabeza en ese preciso momento: “qué bueno que estaría conseguir eso”, pero al toque un momento de resignación, “¡es imposible que pase!”.

Durante el día compartimos esas dos ideas con los compañeros dándole vueltas a la forma de conseguirlo, si podría hacerse, qué ventajas tendría.

“Imaginate, yo con el tiempo que me quedaría podría terminar el secundario sin quedar fundido a la noche”, decía uno a los bostezos. “¿Y yo? Podría ir a todos los ensayos de la banda, entonces en lugar de que parezca que toco un balde, se entendería que toco las congas los sábados”, le respondía otro entre esas risas que nos hacen más cortas las largas horas en la fábrica. Uno más tarde, en uno de los descansos aportaba “Si acá hicieran eso, al menos laburarían diez pibes mas. Pibes que no tienen laburo, como muchos familiares y amigos míos. Total con toda la guita que ganan, ajustarse una vez ellos el cinturón no estaría mal”.

En un momento, yo preferí el silencio. Me acordé de mi viejo llorando por las noches recordando que no pudo estar los últimos minutos de vida con mi abuela, porque en esa época (a fines de los 90), su convenio telefónico flexibilizado lo tenía encadenado por largas horas en su puesto de trabajo. Apenas si llegó al velorio.

Ahí fue que caí en lo que siempre caigo. ¿Tanto vale el tiempo que le regalamos al patrón para que tenga siempre un poco más?

Mientras un compañero grita “¡En otros lados se hizo, pero estamos en Argentina, dejen de soñar!” y como eco, otro le responde, “no seas payaso, pensando así nos quedamos todos como esclavos para siempre”.

Nos hacen creer que es una utopía, nos dicen que solo es una idea loca, un sueño. Los esclavos negros soñaron, y triunfaron. Las 8 horas de trabajo apenas fueron una idea, y se conquistaron (sí, acá también, en Argentina).

Las ideas solas no hacen nada, necesitan de fuerza detrás, eso es real. Pero la fuerza nunca la pusieron los patrones por compasión, la fuerza siempre salió de los de abajo, de quienes ponemos el lomo todos los días, de quienes queremos organizarnos porque como jóvenes no le debemos nada a quienes rompen nuestros cuerpos en las fabricas y nos roban tiempo que podríamos usar para vivir más.

¿Y si tuviéramos ese tiempo para estudiar? ¿Y si lo tuviéramos para poder hacer música, arte, deportes? ¿Y si al menos pudiéramos ver crecer a nuestros hijos más tiempo que las horas cortas que nos permiten nuestros trabajos hoy?

Después de todo, como nos dicen cuando nos aprietan para que nos quedemos más tiempo en el trabajo, “¡si sólo son dos horitas!”.






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