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OPINIÓN

¿Sólo el PSOE está al borde del abismo?

El sábado 1 de octubre Pedro Sánchez perdió una votación transcendental para el futuro del PSOE, y de él mismo, en la reunión del Comité Federal celebrado en la madrileña sede socialista de la calle Ferraz.

Antonio Liz

Historiador, Madrid

Domingo 2 de octubre | 15:59

Foto: EFE/Fernando Villar

La propuesta de Pedro Sánchez y de sus seguidores era celebrar un Congreso Extraordinario precedido por unas primarias donde se elegiría al secretario general. Todo esto en función de que la inmensa mayoría de los barones del PSOE están a favor de facilitar con la abstención un gobierno del PP mientras que Pedro Sánchez y sus partidarios están por el no rotundo a un gobierno de Mariano Rajoy. La votación informa de un partido dividido en dos mitades ya que 107 votos fueron a favor de Pedro Sánchez y 133 en contra. Ante este resultado Pedro Sánchez dimitió como secretario general del PSOE, haciéndose cargo del partido una comisión gestora.

El PSOE ha sido hasta ahora mismo un partido fundamental para el Régimen del 78. Sin el PSOE y el PCE no se entendería lo que se ha llamado la Transición española, es decir, esa jugada maestra del sector más inteligente de la burguesía española que a raíz de 1975 tuvo la lucidez de enfrentar políticamente las movilizaciones del movimiento obrero poniendo en escena una “democracia” para cortocircuitar un proceso social que podía enlazar subjetivamente con la Revolución española lo que hubiese puesto en el calendario político la revolución social. Fue el concurso del PSOE y del PCE lo que permitió por “izquierda” esta operación, lo que posibilitó que Juan Carlos I pasase de ser el sucesor de Franco al “padre” de la democracia. Una vez consolidado este paso, el PSOE se convirtió en el partido que gobernó entre 1982-1996. Este último año ganará las elecciones el PP de José María Aznar con lo que comenzaba de hecho el bipartidismo PSOE-PP, que se ha mantenido hasta hoy.

Sin los gobiernos del PSOE presididos por Felipe González (1982-1996) el Régimen del 78 tampoco se hubiese podido estabilizar económicamente. Los gobiernos de la UCD que le precedieron, comandados por Adolfo Suárez, y a última hora por Calvo Sotelo, (1977-1982), ni se atrevieron tan siquiera a intentar la reconversión industrial. Sí lo hizo el PSOE de Felipe González alegando que había que modernizar el aparato productivo. Tal modernización consistió llanamente en destruir el tejido productivo cerrando altos hornos, desmantelando los astilleros navales, reduciendo la flota pesquera y la producción lechera… y despidiendo a miles de trabajadores. Jubilaciones anticipadas, patrimonio sindical a UGT y CCOO, apoyo financiero “comunitario” y una cierta bonanza económica le permitieron desmantelar el tejido industrial y superar la huelga general de 1988.

A pesar de todo esto, el PSOE podía presentarse ante la clase trabajadora como un paso progresivo, había consolidado la “democracia”. La diferencia entre el tardofascismo y la democracia burguesa es fácilmente sentida por las masas populares. No es que el PSOE de Felipe González dejase de reprimir, baste con el ejemplo del terrorismo de estado que puso en marcha con los GAL. No obstante, el aire de “libertad” que se respiraba no tenía ni comparación con el tardofranquismo. Medidas como el derecho al divorcio, al aborto (parcial), los convenios colectivos, planes de pensiones y de enseñanza y la “libertad de prensa” no se recordaban. El momento más crítico del PSOE de Felipe González fue el referéndum sobre la OTAN (1986). Lo ganó por un estrecho margen después de una intervención por TV donde de manera ostensiblemente desencajada vino a decir que él o el abismo –ya entonces el PCE estaba desarbolado y la extrema izquierda no era vista como una alternativa política.

La normalización política del funcionamiento del Estado con la Constitución de 1978 y el modesto Estado del Bienestar que se dio en el Estado español al calor de una relativa bonanza económica del capitalismo consolidó el Régimen del 78. Será la crisis económica mundial desencadenada en 2007 la que traerá a su vez la crisis política del Régimen del 78. Con unos partidos a derecha (PP, CiU) e “izquierda” (PSOE, IU) corrompidos hasta el tuétano y con el control por los gobiernos, vía presupuestos del Estado, de las direcciones de CCOO y UGT, que se negaron a continuar la movilización social después de la exitosa huelga general del 29 de septiembre del 2010, estalla el 15M (2011).

El 15M pone en evidencia la deslegitimación de los grandes partidos que se concreta en el lema “no nos representan” y el sentir opresivo que siente la mayoría social por lo que se afirma que “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Grandes, enormes movilizaciones de masas demostrarán dos cosas. Una, que los partidos mayoritarios están desacreditados. Dos, que las movilizaciones exigen medidas democrático-radicales sin tener canales políticos propios. Esto último va a ser determinante, al no haber partidos políticos que canalicen los anhelos democráticos de la gran mayoría social compuesta por la clase trabajadora y los sectores medios los grandes partidos del Régimen del 78 resisten la embestida, son zarandeados por el ciclón social pero no desplazados. Aun así, el ciclón ha dañado las naves de los partidos del régimen, sobre todo del PSOE ya que este tiene una base electoral que participa en el 15M mientras que en el PP una buena parte de su electorado es contraria al movimiento de los “indignados”.

Pedro Sánchez se había propuesto, precisamente, la tarea de reflotar la nave del PSOE que había entregado José Luis Rodríguez Zapatero al PP al emprender la contrarreforma laboral que llevará a Mariano Rajoy al gobierno (2011) gracias a la pérdida de 4 millones de votos del PSOE. Por el contrario, Pedro Sánchez, en su breve andadura como secretario general, paró dos golpes: frenó la caída en picado del PSOE y evitó el “sorpasso” de Podemos. Así pues, Pedro Sánchez estaba intentando reconstruir la nave. Tanto es así que decía querer retirar la reforma laboral del PP, que bien sabía él que la había iniciado el “socialista” Zapatero.

Pedro Sánchez no tiene un programa de izquierdas, pero sí tiene más inteligencia política que los barones y los viejos dirigentes. Entiende que posibilitar un gobierno del PP mediante la abstención del PSOE llevará al partido socialista a la marginalidad política. Pero no sólo esto, la marginalidad política del PSOE desestabiliza el Régimen del 78. Este es en realidad el quid de la cuestión, no está sólo en juego la existencia de un partido sino de un régimen político.

¿Qué pasará ahora con el PSOE y con Pedro Sánchez? Dada la importancia que hasta ahora ha tenido el PSOE, lo que ocurra influirá de forma directísima en la política española. No puede ser de otra manera. ¿La comisión gestora y el Comité Federal posibilitarán que gobierne el PP? Entiendo que sí, facilitando su investidura con la abstención de una parte, al menos, de los diputados socialistas. ¿Se volverá a presentar Pedro Sánchez como candidato a secretario general, esperará hasta el desplome del PSOE, creará otro partido o se retirará de la política? ¿Cadáver político o futura alternativa? Difícil saberlo ya que dependerá de los apoyos económicos y militantes que vaya aglutinando. Pedro Sánchez ha sido el primer secretario general socialista elegido en primarias, esto es, votando todos los afiliados del PSOE lo que indicaría que apoyos entre la masa “socialista” no le faltarían.

Estimo que Pedro Sánchez no está metido en esta andadura a lo Don Quijote, más bien estará apoyado por un sector de la burguesía, tan ladrón como cualquier otro sector, pero más inteligente. La cuestión es que la burguesía del IBEX 35 tiene hoy un gran problema, no ve la forma de cuadrar lo táctico con lo estratégico. No es capaz de tener un partido político sólido que gestione la apretadura de tuercas que exige Bruselas –unos 10.000 millones de euros más de recortes- sin poner en peligro la estabilidad política del régimen que crearon sus mayores.




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