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POZO DE BANFIELD, QUILMES E INFIERNO.Sobreviviente del Genocidio: “Mis convicciones me hicieron resistir el cautiverio y las torturas”

El pasado 23 de febrero se realizó una nueva audiencia del juicio por los crímenes de lesa humanidad perpetrados en el Pozo de Quilmes, Banfield y el Infierno. Declararon les sobrevivientes Jorge Nadal, Luis Alberto Messa y Lucía Deón.

Maine GarcíaHija de desaparecidos | Miembro del CeProDH y de Justicia Ya!

Sábado 27 de febrero | 16:50

Jorge Nadal: resistir

El primero testimonio fue el de Jorge Nadal, oriundo de San Luis y militante del PRT-ERP. Comenzó manifestando una certeza: sus convicciones lo hicieron resistir al cautiverio y las torturas. En su relato pormenorizado de los hechos explicó las distintas aristas del plan sistemático de la dictadura genocida y sus diversas consecuencias hasta el día de hoy.

Relató que fue detenido en mayo de 1975, durante el gobierno de Isabel Perón, junto a 32 militantes y llevado a la Brigada de Banfield. Expuso las inhumanas condiciones de cautiverio y contó que hizo contacto con un preso común que también había sido hostigado por su condición homosexual y se ofreció para colaborar con él. Así fue cómo le llevó una carta para su hermano que vivía en Santa Fe quien luego lo visitó.

Con orgullo expresó que pudo aguantar la tortura y jamás les brindó ningún tipo de información conducente a detener compañeros o destabicar algún domicilio que pudiera perjudicar a la organización.

El 29 de mayo nace su segundo hijo, Pedro Luis Nadal García, cuando lo secuestran le pusieron el arma en la panza a su compañera Hilda Magdalena, quien se encuentra desaparecida. Pedro Luis fue apropiado y recuperó su identidad luego de la lucha de Jorge durante tres décadas. Una de sus apropiadoras formaba parte de la patota que secuestró a Hilda y sus compañeres. Jorge destaca el maltrato de los genocidas hacia las familias y en especial a las mujeres.

Luego del secuestro, lo acusaron falsamente de haber participado en dos asaltos. Su mamá, a quien amenazaban en San Luis para que no continuara con las denuncias, tuvo un infarto y también buscaban dañar a su hermana. Como contrapartida y pese al terror instalado Jorge destacó la generosidad de su familia y la enorme solidaridad de las compañeras.

Con posterioridad fue trasladado a la cárcel de Sierra Chica donde los malos tratos y las torturas no cesaron y donde permaneció cuatro años. Sufrió golpizas muy fuertes que fueron constatadas por la Cruz Roja Internacional en el año 1978.

En una oportunidad entre 20 lo golpearon en el pabellón de castigo y lo intoxicaron con diferentes productos en la boca. Recuerda a algunos de los que participaron es esa golpiza y torturas: los cabos Pérez, Rosales, Quinteros, Gregorini, Laborde y algún otro. Algún día espera tener la oportunidad de declarar en otro juicio por Sierra Chica.

Mencionó a Wolk como jefe del Pozo de Banfield, a Gorosito y a Bergés, este último como quien cambió el nombre de su hijo y lo entregó a Ferián. Denunció como inconcebible que se encuentre con prisión domiciliaria cuando durante 30 años buscó a su hijo por su silencio. Y a tantos otros hay que descubrir a través de las actas porque eran muchos los de la patota.

Nadal explica que “se esmeraban tanto en la tortura que también los agotaba, pero como eran un montón nos torturaban mucho. El gobierno de Estela Martínez de Perón les daba mucho impulso a la represión, espacio y oxígeno a estas bandas entre ellas la Triple A, había civiles e iglesia que los secundaba. Pero no tenían el mismo tiempo para los interrogatorios que tenían luego en dictadura, por las familias que nos buscaban y los organismos de derechos humanos. Después tuvieron tiempo para hacer cosas infinitamente peores a las que relaté”.

Su hijo mayor, Carlos Alberto, tenía dos años y vio cómo con un cuchillo sacrificaban a su conejo la noche del secuestro. Creció con el afecto de su abuela materna hasta los siete años y luego fue a Francia cuando Jorge se exilió. En la adolescencia y ya de adulto sufrió graves problemas de salud por todo lo sufrido. “Esto es el plan del genocidio, no se limitó a nosotres, tuvo terribles consecuencias en nuestras familias”.

Jorge buscó mucho a Pedro Luis, pensaba que estaba vivo. El apropiador le había dado su nombre apócrifo, Ferián. Luego de investigar mucho dio con él y el ADN confirmó lo que él se imaginaba, era su hijo.

Al finalizar estas fueron sus palabras: “Hago un pedido al tribunal, en nombre de mi querida compañera a quien nunca olvidaré pese al paso de los años, son muchos más que treinta mil porque hay casos que no se conocen porque mataron a las familias completas o no sabían que las mujeres estaban embarazadas. El pedido es que se llegue a una sentencia firme. Quienes subvirtieron el orden público fueron ellos y desde el terrorismo de Estado”.

Luis Alberto Messa: torturas y traslados

En segundo lugar declaró Luis Alberto Messa, miembro de ATE, militante de Montoneros y trabajador de Fabricaciones Militares. A fines de Enero de 1976 allanaron la casa de su madre y su padre donde él vivía y no se encontraba en ese momento. Su madre sufrió todo tipo de golpes y vejámenes y robaron de todo. Pasó a la clandestinidad. Pocos días después del golpe volvieron a allanarla. A los pocos días lo arrestaron en la calle en Escobar.

Luis Alberto relata que estuvo en la comisaría de Escobar, luego lo trasladaron a la zona de Zárate-Campana en donde estuvo en un centro clandestino de detención en un buque, en un celular y luego nuevamente lo trasladaron al buque. Relató distintos métodos de tortura que sufrió. Luego lo trasladaron al tiro federal de Campana y posiblemente al arsenal de Marina de Zárate.

A los 15 días aproximadamente lo trasladaron en un camión con muchas compañeras y compañeros al Pozo de Banfield. Supe que estaba en Banfield porque pasaba un auto con el parlante haciendo propaganda de un baile que se hacía en un club en Banfield y escuchaba a otros detenidos que decían que estábamos en la Brigada de Banfield.

Manifestó que supuso que los torturadores pertenecían a distintas fuerzas como policía provincial, federal y ejército porque siempre le preguntaba lo mismo.

Relató que una noche lo llevaron al hospital militar de Campo de Mayo donde lo meten en una bañera y le tiran jabón en polvo, siempre vendado, luego lo llevan a una cama donde lo atan de pies y manos y le curan varias heridas. Personal del ejército lo amenazaban gatillando sus armas. Allí le hicieron interrogatorios mucho más exhaustivos desde lo político e ideológico. Volvieron a trasladarlo a Sierra Chica desde Abril de 1978 hasta Abril del año siguiente cuando lo llevan a la Unidad 9 de La Plata hasta los primeros días de junio que lo trasladan a Rawson hasta el 31 de Diciembre de 1980 que lo vuelven a llevar a la Unidad 9 donde permanece detenido hasta el 23 de julio de 1982 que le otorgan la libertad vigilada hasta diciembre de 1982 en que le dan la libertad definitiva.

Relató los problemas familiares por el miedo que generó lo que sufrió y todo el terrorismo de Estado así como los problemas para su inserción laboral una vez recuperada su libertad.

Lucía Deón: “me dijeron que no declare las torturas porque eran legales”

En tercer lugar declaró Lucía Deón quien trabajaba en inspección de riesgos profesionales en la Municipalidad de Lomas de Zamora y en esa tarea inspeccionaba fábricas de toda la zona sur cercana, era delegada del gremio municipal e integraba la Juventud de Trabajadores Peronistas de Lomas de Zamora.

Esas eran sus actividades cuando fue secuestrada el 14 de noviembre de 1974 en un bar de Lomas de Zamora junto a tres compañeros, Juan Alejandro Barry, Carlos Pacharian y Jorge Saravia Acuña. Fueron llevados a la comisaría primera de Lomas y allí torturados. Ella sufrió una media parálisis, una hemiplejía y pasados unos días la llevaron a lo que luego supo que era Banfield. En febrero de 1975 pasaron a depender del Poder Ejecutivo Nacional y le dieron la opción de salir del país. Decidió ir a Perú.

En una instancia antes de exiliarse le dieron la posibilidad de declarar frente a un juez que le dijo que no declare las torturas porque eran legales. Aún hoy Lucía le siguen pareciendo terribles esas palabras.

Luego volvió a Argentina y en diciembre de 1978 fue nuevamente secuestrada y llevada al centro clandestino de detención conocido como el Olimpo hasta que se levantó frente a la visita de la OEA. Posteriormente la trasladaron a la comisaría de Quilmes junto a otres compañeres y luego a la ESMA donde permaneció secuestrada hasta agosto de 1982 que recupera su libertad pero vigilada hasta las elecciones del siguiente año.

El martes 2 de marzo se retoman las audiencias. Seguí la cobertura del juicio por La Izquierda Diario.




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