Cultura

ENTREVISTA // NOÉ JITRIK

Sobre la Historia crítica de la literatura argentina

Se editó un nuevo volumen de la Historia crítica de la literatura argentina, dirigida por Noé Jitrik y en la que participaron unos 300 colaboradores. Presentamos extractos de la entrevista que la revista Ideas de Izquierda realizó al crítico y escritor cuando el libro estaba en imprenta. Allí adelantaba ideas con las que se trabajaron y organizaron los 12 capítulos de este relato, algunas de las cuales abren este primer volumen.

Martes 13 de enero de 2015 | Edición del día

Nota: “Una patria literaria” es el título del primer volumen de los 12 que componen la obra de conjunto, pero el anteúltimo en ser publicado. Sólo resta publicarse entonces el volumen 12 que cerrará la obra.

Este volumen particular, dirigido por Cristina Iglesia y Loreley El Jaber, aborda los interrogantes y posiciones respecto a lo que podría considerarse el origen de una literatura argentina, previamente al momento de “estabilización” que parece haber logrado hacia el Centenario en 1910, expresada por ejemplo la apertura de una cátedra específica a cargo de Ricardo Rojas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Ciudad de Buenos Aires.

Pero el volumen, que abre también toda la serie de esta historia, ofrece una “Apertura” a cargo del director donde se da cuenta de los criterios adoptados para encararla a la vez que problematiza y delimita esta historia de otros intentos y delas concepciones de la historia que éstos manejaron.

Entendida como “relato” constituido por una materialidad verbal y las funciones narrativas del lenguaje de las que no puede prescindir, crítica en la medida en que intenta dar cuenta de las miradas propias de las épocas que abarca, y centrada en núcleos que se configuran como grandes momentos de transición, esta historia combinará tanto los textos ya canonizados como valiosos con otras producciones textuales consideradas como menores o paralelas, buscando dar cuenta de un proceso no cerrado al que siempre podrán agregarse capítulos no solo a futuro sino por nuevas lecturas o manifestaciones que obliguen “a reconsiderar comienzos, desarrollos y conclusiones”.

Sobre algunas de estas ideas y núcleos de esta Historia… charlamos con Noé Jitrik en una larga entrevista de la que seleccionamos aquellos tramos focalizados en esta obra. La versión completa puede verse en la revista Ideas de Izquierda 8, abril 2014.

IdZ- La Historia crítica de la literatura argentina incluyevolúmenes dedicados a autores, a géneros literarios, a fenómenos como el desarrollo de la crítica. ¿Cuál fue el hilo para armarla, cuando aparentemente sigue criterios distintos?

NJ- Siguiendo quizás un modelo de narración del siglo XIX, es decir, un propósito descriptivo general y alternativas que dan lugar a los capítulos. Estos capítulos pueden ser de naturaleza diferente: el personaje se encuentra de pronto frente a una posibilidad positiva, y en lo que sigue surge una contrariedad; entonces el carácter del capítulo cambia. Por otro lado, en la narración del siglo XIX hay capítulos que son como de descanso, de transición, donde la descripción ambiental crea un ritmo que ayuda al lector a una especie de relajamiento para poder aumentar la tensión después, y llevar el conflicto a una zona de resolución dramática, que luego se disuelve en una lección que hereda de la tragedia, en el sentido de que hay reconciliación, o hay continuidad. Ese proceso, que prácticamente es común a todo el relato realista del siglo XIX, puede ser aplicado a cualquier intento de relato. Y un relato tiene un carácter de historia en el sentido de un desarrollo. No es un concepto de fijación de un acontecimiento, sino de una gestación, de una problematización del conflicto, de alguna resolución, o de una continuidad, o de un cese. Todos estos elementos entran en el concepto de historia. Entonces cualquier objeto que pueda ser abordado puede ser enfocado desde esta perspectiva. No para atenerse rigurosamente a las condiciones que tiene el relato del siglo XIX, sino el espíritu general de un proceso que tiene un carácter histórico, y que tiene por lo tanto estas posibilidades. Los capítulos, ¿cómo los empecé a pensar? Tuve en cuenta la cuestión de los momentos del proceso, ateniéndome básicamente a lo que pasa dentro del objeto mismo, de eso que llamamos literatura, no en un contexto de algo concluido o terminado –como puede pensarse en la literatura europea–, sino de gran gestación. En realidad es un proceso dramático, porque no hay nada firme en el comienzo, ni siquiera los modelos que se pueden invocar son demasiado fuertes, y luego va como intentando tomar forma. Y eso hace momentos de alza, como por ejemplo en “El oficio se afirma”, donde ya hay gran literatura. Pero primero simplemente hay “Una patria literaria”, una voluntad de construir algo en un lugar que está también empezando a tener forma, que todavía no la tiene. Y finalmente, el último volumen, “Una literatura en aflicción”, ya hay una literatura más o menos conformada, que empieza a mirarse a sí misma en sus déficits, en sus dramas, en sus tragedias. En el que abre y en el que cierra, la relación con el entorno es determinante. La relación regular que puede darse entre una producción literaria, simbólica, y el contexto –hasta dónde la determinación, la autonomía, etc.–, se ahonda de una manera menos evidente que en el comienzo y en el final de este proyecto. Eso es más o menos el espíritu.

- En los volúmenes hay secciones que están dedicadas a revistas críticas, al periodismo, incluso a cómo se enseña la literatura. ¿Considerás que esas “instituciones” relacionadas son algo secundario al desarrollo propio de esa literatura –que tiene que ver en todo caso con cómo se vende, cómo se enseña, pero no con el núcleo de lo que se escribe–, o terminan afectando el contenido?

  •  Son confluyentes. No se puede saber hasta qué punto entran en un proceso que de pronto tiene una forma más definida. Se podría decir: “Borges. Eso es literatura”; parece que nadie discute que eso sea literatura, y literatura argentina. Pero todo lo que intervino para que eso llegara a ser, es muy variado, no es un producto de una decisión o una claridad sobre lo que quería o no quería. (…)
    Hay otras cosas a tener en cuenta que son también confluyentes: la vida de las editoriales, por ejemplo. No se puede pensar que hay literatura argentina sin los españoles que vinieron a fundar editoriales en el país. Cuando España empieza a tener turbulencias, en la transición de la monarquía a la república, ciertas formaciones de orden liberal que se fueron dando a principios de siglo entran en crisis, y gente que se había formado por ejemplo en la escuela normal, o en la filosofía krausista, que estaban aspirando a un lenguaje que saliera de la cárcel de la monarquía, tan atrasada, y del catolicismo, tan bruto, sienten que en Argentina pueden hacer más cosas. Entonces cambia aquí la cosa, y en la Argentina se produce, y empieza a ser uno de los grandes países productores editoriales, un caso líder en América Latina. Y coincide con la aparición de figuras importantes y la conciencia del escritor. Entonces le doy un carácter dinámico al asunto, dramático, y no me fijo en las consagraciones.

    - Hablando de nombres, hay dos volúmenes dedicados a autores, Sarmiento y Macedonio. Sarmiento aparece más comúnmente como figura importante, pero Macedonio es más raro…¿Por qué Macedonio a la altura de Sarmiento?

  •  Por esta idea de la transición, de que un capítulo, como en las películas continuadas, terminaba y seguía otro. ¿Cómo se producen las transiciones que permiten nuevas formas? Una idea muy común, sobre todo en la escuela secundaria es: “¿Por qué se produce el romanticismo? Porque hay cierta fatiga del clasicismo”. Pero eso es una estupidez, porque ciertos elementos del clasicismo perduran en el romanticismo. Pensalo en términos de la música: la música romántica es otra respecto de la música clásica, pero si vos pensás en figuras como Mozart, o Händel, ves el vigor que se va a desarrollar en el romanticismo. No es algo que “se genera”, sino que hay imaginación que busca cosas nuevas. Pero las estructuras perduran. Te encontrás con una sinfonía de Schubert o de Mendelssohn, o de Schumann, y tienen adagio, allegro, etc. Entonces, hay transición, lo que no quiere decir que sea lo mismo. Macedonio es eso. Es la transición de orden crítico, con una visión muy profunda, de esto tan fugitivo que es la literatura. ¿Qué es un personaje?, dice Macedonio: no es una representación. Y si pone en duda el concepto de representación, abre a un campo que se desarrolla con sus más y sus menos, porque por ejemplo en el momento actual hay un regreso a la representación, porque es la clave del éxito.(…)

    - En el volumen X anunciás que en el I van a aparecer los fundamentos de esta Historia… Ya con 10 volúmenes hechos, ¿cambió la idea que tenías?

  •  De hecho el volumen I, que está en prensa, hago una referencia bien precisa a lo que podría ser una teoría que gobierna la factura total de la obra. Que no sé si ha cumplido. Cuando uno trabaja con un ejército –tenemos trescientos colaboradores–… Elegí a la gente pensando que podían abordar determinados temas, y además tuvo una respuesta buenísima porque, salvo uno o dos casos entre 300, nadie trajo algo ya hecho. Todos recibieron el tema y lo elaboraron, así que fue un desafío muy interesante. No estuvo libre de conflictos. Pero la teoría está expresada: que una historia es un relato, y que un relato es un diferimiento. El relato es metafórico en el sentido de que lleva de una cosa a la otra, de algo conocido a algo desconocido, permanentemente. Sobre esa base, cómo se lo puede encarar, o darle una vitalidad, ha sido también la preocupación del relato histórico propiamente dicho desde el comienzo de los siglos.(…)

    Entrevistaron: Ariane Díaz y Demian Paredes.







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