Cultura

RESEÑA CRÍTICA

Sobre El trasfondo humano de la guerra

“El trasfondo humano de la guerra” es el nombre de la investigación que realizó el historiador inglés Michael Jones. Editado por Crítica en 2012, el trabajo acompaña el largo camino del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial, desde la batalla de Stalingrado hasta la toma de Berlín en 1945.

Mariano Gigena

Comisión Directiva Suteba Quilmes | Agrupación 9 de Abril - Lista Marrón | Candidato a concejal de Quilmes por el FIT

Martes 6 de septiembre de 2016 | Edición del día

El presente trabajo toma como fuentes, en su mayoría soviéticas, una cantidad importante de colecciones de cartas, diarios, biografías y hasta poesía bélica, además de testimonios y entrevistas realizadas por el autor.

Lo particular de este trabajo sobre la Segunda Guerra Mundial es que, como lo aclara el título, se centra en su aspecto humano, en las consecuencias materiales y psicológicas que tuvo la guerra sobre los soldados del Ejército Rojo y las poblaciones civiles de los países involucrados. Sin embargo, el autor enmarca los hechos que narra dentro de las batallas del Ejército Rojo, ofreciendo un amplio panorama de los conflictos bélicos.

Territorio perdido, territorio quemado

En el segundo capítulo, titulado “Fuego en el Volga”, el autor desarrolla la situación de los civiles durante la batalla de Stalingrado. Señala que la ciudad experimentó en pocos meses un enorme crecimiento, debido a que las poblaciones vecinas atacadas se refugiaron en ella. No sabían lo que les esperaba. La Luftwaffe bombardeó a la población durante dos días, matando 40.000 personas. Un coronel describe la ciudad luego del bombardeo del 23 de agosto: “El cielo estaba lleno de columnas de un humo abrasador. El asfalto de las calles despedía un humo asfixiante y los palos del telégrafo prendían como cerillas. La tierra de Stalingrado quedo arrugada y ennegrecida.” (Jones, 2012: 54).

Pero las calamidades para las poblaciones civiles no terminarían allí. A partir del fracaso de la “Operación Barbarroja”, los alemanes lentamente empezaron a retroceder, a la vez que iban presentando una feroz resistencia en las distintas líneas de frente. En esta retirada, el autor reconstruye y narra cómo el ejército alemán practicó la táctica militar de “tierra quemada”. Una política basada en el saqueo y destrucción de los recursos materiales, pero además, en la aniquilación de la población: “Nos acercábamos a un pueblo en ruinas y veíamos a los habitantes colgados en los arboles, por encima de nosotros, con letreros groseros alrededor del cuello, a otros los encontrábamos masacrados en los graneros o en las edificaciones anexas. Avanzábamos por el campo con una sensación creciente de terror” (Jones, 2012: 135)-

En estos capítulos, como a lo largo de la obra, el autor parece tener una interpretación desproporcionadamente pasiva sobre la reacción de los trabajadores y campesinos de las ciudades y pueblos ocupados por la Wehrmacht. Si bien, en algún momento se menciona a los partisanos, que sólo en Bielorrusia tuvo 180.000 combatientes, este aspecto resulta poco desarrollado y queda la imagen de una población que no opuso resistencia al fascismo alemán en su retirada.

Los judíos y los campos de concentración

Dentro de esta política de “tierra quemada” aplicada sobre la población, el autor va a poner el foco sobre la comunidad judía, como una de las más castigadas en la retirada nazi. A pesar de que, como señala Jones, casi 500.000 judíos pelearon en el Ejército Rojo, Stalin al informar sobre la matanza de los ciudadanos soviéticos a manos de Alemania, no puso un especial énfasis en el exterminio de los judíos. Para Jones, esta desestimación de la situación particular de los judíos estaba vinculada con rasgos antisemitas, pero además políticos, basados en la desconfianza hacia cualquier grupo cultural autónomo dentro a la URSS.

Incluso, según afirma el autor, Stalin nunca tuvo una política militar dirigida a liberar los campos de concentración, como el de Majdanek o Auschwitz, que se cobró la vida de más de un millón de personas, la mayoría de ellos judíos. Por el contrario, el ejército soviético, en su camino hacia las minas de carbón de Alta Silesia, se topó con los campos y una vez ante ellos, combatió ferozmente por liberarlos, pero jamás se dictaron órdenes concretas en ese sentido.

Victoria y descomposición del Ejército Rojo

A partir del noveno capítulo, titulado “Intentamos ser distintos”, Jones desarrolla los crímenes cometidos por el Ejército Rojo contra las poblaciones de Polonia, Prusia Oriental y Alemania.

Lejos de toda postura negacionista pro-soviética, pero sin sobredimensionar este aspecto, describe y analiza los asesinatos, las brutales violaciones masivas contra mujeres y niñas y los saqueos cometidos contra las poblaciones civiles. Testimonios como el siguiente, del oficial soviético Jropatiy, pueblan todo el desarrollo del capítulo y dan una idea de aquella situación: “No se consideraba nada grave que un soldado violara a una mujer, o a una niña incluso. Por el contrario, los hombres presumían entre ellos de cuantas mujeres habían tomado. Se consideraba casi “heroico” o “valiente” haber violado mujeres.” (Jones, 2012: 241) Para el autor, estos crímenes tuvieron incluso consecuencias militares inesperadas, ya que su población, habiendo tomado conocimiento de ellos, opuso una mayor resistencia a la entrada de los soviéticos.

Pero los problemas para la obra de Jones comienzan cuando debe explicar la causa de estos hechos. Todo se reduce a un “proceso catalizador” de lo sufrido por el Ejército Rojo y sus familias en su territorio natal a manos de los nazis, combinado con la influencia de la propaganda de guerra soviética y otros factores como la falta de formación, el alcohol, etc. Incluso, por momentos, le otorga una mayor importancia a la cuestión de la propaganda, como cuando hace mención y desarrolla la figura de Ilya Ehrenburg, “el profeta del odio”, quien a través de distintos periódicos soviéticos, alentaba en sus artículos a matar a los alemanes indiscriminadamente.

Sin embargo, estos motivos, a los que no se puede negar su peso relativo, están subordinados al factor político de la dirección del ejército y el estado. Esto se ve, por ejemplo, en el testimonio del explorador Mijaíl Baitman: “Nuestra unidad no hacia distinciones entre los soldados enemigos y los civiles. Un kilometro y medio después de haber cruzado la frontera, nos encontramos con el comandante de un cuerpo; un general. Uno de nuestros hombres le dijo “¿Que podemos hacer con los alemanes?” Él le contesto “Cualquier cosa: todo será un castigo justo por los terribles crímenes que han cometido. Y esto era lo que pensábamos y decíamos. Les pegamos tiros a civiles desarmados; lanzamos granadas en sótanos donde habían ido a refugiarse mujeres y niños. Y lo hacíamos tranquilamente, con toda naturalidad” (Jones, 2012: 231)-

Claramente tanto para oficiales de alto rango como para los soldados no había ninguna diferencia entre el ejército alemán y las poblaciones civiles. Ni siquiera existía ningún tipo de criterio político. El autor, a partir del testimonio de un soldado, narra una trágica anécdota, donde un viejo alemán es linchado por el Ejército Rojo en su paso por un pueblo. Aquel había salido de un edificio en ruinas, emocionado, agitando un papel entre sus manos. Después de golpearlo hasta la muerte entre varios soldados, le encontraron el carnet del Partido Comunista de Alemania. Ante el pedido de explicación del indignado teniente, el soldado le respondió: “Para mí, camarada teniente, todos son iguales. Escoria”. (Jones, 2012: 236)
Esto, al igual que los saqueos, que Jones los explica a partir de las diferencias sociales que existían entre el austero modo de vida de los soldados rojos y la población civil alemana, son en realidad consecuencia de lo mismo: la descomposición política del régimen soviético y, por añadidura, el de su ejército.

Conclusiones finales

El original enfoque del libro, así como el trabajo sobre las fuentes historiográficas, es un gran mérito del autor. El libro, es además dinámico en su lectura y, si bien pone el foco en las consecuencias sociales, no se pierde ni por un momento el contexto del enfrentamiento bélico. Si bien se apoya sobre el lado soviético, de quien toma la mayoría de las fuentes, nunca pierde la rigurosidad ni desestima ningún hecho. Quizás el punto más débil sea el trabajo interpretativo del autor en ciertos puntos, como en sus análisis sobre las causas de los crímenes cometidos por el Ejército Rojo o subestimando los sectores de la población que enfrentaron al fascismo alemán.








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