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OPINIÓN

Sobre César Alierta y otros bandidos sociales

Cuando vi la noticia en Izquierda Diario de que César Alierta se había presentado en una manifestación de los trabajadores precarios de Movistar en Zaragoza para increparles me quedé atónito un microsegundo y, de inmediato, la ira corrió por mi cuerpo a más velocidad que mi sangre. Mi cabeza de historiador tardó en controlar a mi corazón y a mi boca proletaria.

Antonio Liz

Historiador, Madrid

Martes 27 de diciembre de 2016 | 19:29

La prepotencia, la chulería, de este integrante del Ibex 35 me trajo en un flash de memoria histórica dos hechos a la cabeza, una matanza de obreros y el exabrupto de un empresario. El 4 de abril de 1912 unos 6.000 obreros de los yacimientos de oro del río Lena, en Irkutsk, Siberia, van a la huelga por el incremento de los salarios y por mejoras en sus condiciones de vida. La compañía Lena Gold Mining, de capital inglés y ruso, explota brutalmente a los trabajadores a través de largas jornadas de trabajo y los hace vivir en barracas inmundas. La compañía contesta la huelga con un asesinato masivo ejecutado por el ejército zarista que dispara a placer sobre los huelguistas ocasionando centenares de muertos. Cuando los diputados bolcheviques en la IV Duma del Estado increpan al gobierno por esta matanza el ministro del Interior les contesta “¡así fue y así será!”. Este asesinato colectivo generó una ola de solidaridad que llevó al Primero de Mayo a unas manifestaciones masivas de 400.000 huelguistas y volvió abrir la espita de la revolución social en la Rusia zarista, espita que cerró momentáneamente el comienzo de la Primera Guerra Mundial.

En octubre de 1934 los trabajadores del Estado español fueron a la huelga general y a la insurrección porque habían entrado en el gobierno republicano tres ministros del partido filofascista CEDA. En Asturias se dará la revolución social, ya que todas las fracciones políticas de la clase trabajadora fueron en unidad de acción, y en otras partes del Estado se dieron sólo insurrecciones por falta de esta unidad estratégica. Una de estas insurrecciones se dio en la capital y en la provincia de Bilbao. Allí un gran empresario, Marcelino Oreja, había dicho públicamente, alto y claro, que “antes que cualquier republicano pise el suelo de mi fábrica tendrán que comer hierba. En mi casa no hay pan ni trabajo para ellos”. Los trabajadores en octubre recordaron esto, lo detuvieron y lo mataron.

El proceder altanero y represivo de la clase dominante da muchos ejemplos históricos como estos. César Alierta tiene, pues, una larga tradición de su clase. Tradición que le ha educado en el desprecio a la clase trabajadora. Claro, también en su clase los hay más inteligentes y evitan esta salida de tono público, entre otras cosas porque actuaciones prepotentes como la suya ayudan más a que los trabajadores tomen conciencia de clase que muchos libros.

Que un señor que recibe al mes miles y miles de euros en pago por su proceder de empresario rapaz y que tiene la desvergüenza de ir a increpar a trabajadores precarios de “su” empresa porque quieren algo tan elemental como un salario digno no solamente merece nuestra repulsa sino también que recordemos que es en esta “democracia para ricos” en la única democracia en la que acredita él y los suyos, todos los integrantes del Ibex 35, conscientes bandidos sociales.

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