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Sigue la crisis del Régimen español, ¿qué otoño nos espera?

La crisis catalana no cierra ni con 155 ni con diálogo vacío. La Corona nuevamente en crisis. Un gobierno pendiente de hilos. ¿Cómo podemos aprovechar el escenario desde la izquierda y la clase trabajadora?

Santiago Lupe

Barcelona | @SantiagoLupeBCN

Viernes 27 de julio | Edición del día

A días de la operación salida de agosto podemos decir que el curso político 2017-18 toca a su fin. Sin embargo, el Régimen del 78 se va de vacaciones con una salud que sigue siendo muy endeble. Médicos y recetas para salvarlo no le han faltado, desde el golpe del 155 hasta la moción de censura de Sáncez. Sin embargo, ninguna termina de dar resultado. La cuestión catalana, el cuestionamiento de la Corona y las fricciones y peleas entre sus falimias y camarillas -desde los partidos, la Judicatura y las colacas del Estado, hasta la misma Zarzuela- prometen un regreso en otoño de todo menos estable.

La cuestión a preguntarse desde la izquierda y la clase trabajadora es ¿cómo podemos intervenir en esta crisis que no cesa por una salida que realmente lo sea en favor de nuestros intereses y no de las distintas castas del Estado y los gandes capitalistas para los que trabajan? Repasemos el mapa del conflicto.

Corona y Régimen han perdido Catalunya.

El intento de aplastar el movimiento democrático catalán por medio del golpe institucional del 155 es por el momento un fracaso. A la victoria independentista en las elecciones del 21D hay que sumarle ahora el barapalo judicial alemán sobre la extradición de Puigdemont. La nueva vía propuesta por Sánchez –gestos de distensión, diálogo y vuelta al autonomismo- tampoco tiene todas las fichas para lograrlo. Todo a pesar de la política de retorno al autonomismo de los principales actores de la dirección del procés, tanto ERC como el mismo PDECAT. El resultado del congreso de este último ha significado una victoria para Torra y Puigdemont. Estamos lejos de considerar que su línea sea la de hacer efectivo el mandato del 1-O, a eso ya renunciaron en otoño con la claudicación sin lucha posterior al 27-O. Pero sí es un movimiento que da cuenta de que una parte la dirección burguesa independentista va a intentar seguir al frente del movimiento y las aspiraciones democráticas de más de 2 millones de catalanes para seguir usandolas como base de maniobra para una “salida honrrosa” y, a la vez, para evitar que de revitalizarse la movilización pueda adoptar un curso independiente. La próxima Diada y el primer aniversario del 1-O, el 3-O y el 27-O serán una citas decisivas en las que es posible que el movimiento democrático catalán vuelva a expresarse en las calles.

Como tarea pendiente para la izquierda sigue estando la de que se conforme un polo independiente de la dirección procesista, que denuncie la demagogia de sus diferentes alas y apueste por conquistar el derecho a decidir desde la movilización social y con la clase trabajadora al frente. La CUP por su parte sigue lejos de plantearse esto, presa de su apuesta por reconstruir el bloque nacional de otoño -el mismo que demostró su fracaso-, se debate entre una posición impotente y la mera presión a sus antiguos socios.

El affeire Corinna, el último golpe contra la Corona, y no cualquier golpe.

La novedad del verano es el nuevo capítulo de crisis para la Monarquía. Tras la abdicación de 2014, esta institución venía recuperando algo de legitimidad, aunque de forma desigual. En el caso catalán, Felipe VI hace ya un año que es persona non grata, como se evidenció en la multitudinaria pitada en Barcelona tras los atentados del 17A. Sin embargo la misma crisis catalana había logrado un refuerzo en clave reaccionaria de esta institución, al ponerse el Rey a la cabeza del golpe del 155 con su discurso del 3-O.

La moción de censura del PSOE, lograda con el aval parlamentario de los independentistas, fue también una afrenta contra Zarzuela. La apuesta de Sánchez por salvar al PSOE y por ofrecer una vía alternativa de restauración progre del régimen -vista la deslegitimación brutal del PP tras la sentencia Gürtel- tenía costes para la Corona. Por si fuera poco a esto se le ha sumado ahora el affaire Corinna, que saca a la luz los turbios negocios y corruptelas del Borbón campechano durante sus cuatro décadas en el trono.

Que este nuevo golpe sea decisivo para la Corona está por verse. El PSOE la cubrirá todo lo que pueda y más -con el apoyo del PP y de Cs-. Y Unidos Podemos parece que se quieren limitar a cuestionar la corrupción pero sin reabrir el debate sobre la forma de Estado. Que hasta el momento no hayan siquiera planteado la exigencia de un referéndum sobre Monarquía y República es una muestra más de que no quieren sacar los pies del plato, son la leal -aunque molesta- oposición a Su Majestad.

Aún así este cuestionamiento puede crecer en los próximos meses. La reciente consulta popular en Vallekas y las que se están organizando en diversos municipios para el 40 aniversario de la Constitución, pueden ser un buen punto de inicio para un gram movimiento en todo el Estado que cuestione la Corona y pelee por la celebración de un referéndum. Una reivindicación que no otorgará ni el Monarca ni sus partidos y que solo se podrá conquistar por medio de una gran movilización social que impugne el Régimen del 78 y plantee la lucha por procesos constituyentes sobre sus ruinas.

Pedro Sánchez y su restauración progre de papel de fumar.

Tanto la crisis catalana como la de la Corona prometen desarrollarse en un marco de inestabilidad parlamentaria y de gobierno de difícil reslución. La moción de censura y el gobierno Sánchez se proponían llevar adelante un proyecto de restauración en clave progre. Sin embargo, hasta el momento sus únicos socios incondicionales son los diputados y diputadas de Unidos Podemos, dispuestos a tragar los sapos que hagan falta en favor del “mal menor”. La fidelidad de los diputados del PDECAT está en duda, y decisiones tan elementales como el gobierno de RTVE, el techo de gasto o los Presupuestos en el aire.

Como proyecto de restauración tiene un consenso por arriba muy estrecho. Ni PP ni Cs lo apoyan, y la renovación del PP con Casado y la competencia electoral con Rivera, prometen una oposición dura y derechista emulando la que realizara el PP a Zapatero contra el matrimonio homexual, las negociaciones con ETA y la investigación del 11M.

Las nuevas guerras culturales que quiera abrir el PSOE y algunas reformas cosméticas le pueden permitir consolidar su hegemonía sobre Podemos, pero difícilmente pasar de eso. El nuevo gobierno y su desgaste puede favorecer electoralmente el flanco derecho del régimen, algo que no puede contestarse desde un “todos con Sánchez contra la derecha”, como clamarán desde el nuevo y el viejo reformismo ante su bancarrota, sino sacando las lecciones de a donde ha llevado la estrategia del “cambio” de Iglesias, Errejón y Garzón y construyendo una izquierda de las y los trabajadores y de combate.

Por una agenda de la izquierda y la clase obrera para intervenir en la crisis del régimen.

El otoño que viene puede volver a ser el escenario de más crisis por arriba. La clase trabajadora y los sectores populares no podemos seguir asistiendo al espectáculo ni como convidados de piedra ni como base de maniobra electoral -como aspiran desde el PSOE hasta Podemos e IU- o de movilizaciones puntuales -como acostumbra hacer la dirección procesista catalana-.

Para ello es necesario que en la izquierda política que no comulga con la política de integración de la dirección de Unidos Podemos, que es crítica con la mano extendida practicada por la CUP en estos años y que se plantea un horizonte de lucha contra el Régimen del 78 y los grandes capitalistas, empecemos a debatir y dar pasos en conformar un bloque político que se diriga a la izquierda sindical, el movimiento de mujeres, los inmigrantes y la juventud para pelear por nuestra propia agenda.

Que retome la lucha contra el Régimen del 78, que arrancó con el 15M y la Diada de 2012, desde las lecciones de estos años. Sin ninguna confianza en las direcciones burguesas que, como la catalana, antepondrán la paz social a la conquista de cualquier derecho democrático. Ni en la reforma desde el marco legal del “atado y bien atado” que propone Podemos. Que pelee por el derecho de los catalanaes y el resto de naciones del Estado español a la autodeterminación, porque el resultado del 1-O sea respetado y puesto en marcha y por abrir procesos constituyentes en todo el Estado donde poder cuestionar y decidir sobre la Monarquía, como acabar con la casta judicial que está a la cabeza de la esclada represiva mientras trata con guante de seda a violadores y corruptos y el jucio o el castigo a todos los represores de la Dictadura y la democracia.

Y al mismo tiempo poner en el centro del tablero todas las demandas sociales que siguen estando postergadas. Desde la derogación de las reformas laborales, la prohibición de las externalizaciones y todas las formas de precariedad, por el reparto de horas de trabajo sin reducción salarial y el aumento generalizado de salarios y pensiones. Que se parta de las luchas obreras en curso, muchas de las cuales se vienen desarrollando este mismo verano en los aeropuertos, el transporte y los servicios, apostando por su coordinación y que exiga a las direcciones sindicales el fin de la política de concertación con el nuevo gobierno y la patronal y la preparación de una huelga general como punto de inicio de un plan de lucha por estas reiviindicaciones.







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