Mundo Obrero Chile

ANTICAPITALISMO

Si los trabajadores se lo proponen, pueden cambiar la historia

Los grandes empresarios están dispuestos a hacer de todo para negar nuestros anhelos y defender sus intereses. ¿A qué estamos dispuestos nosotros, los trabajadores, las mujeres y la juventud, para defender los nuestros?

Dauno Tótoro

Santiago

Galia Aguilera

Antofagasta

Jueves 30 de noviembre | 20:59

Los resultados de las elecciones fueron un tapabocas a la derecha. Chile Vamos, los grandes medios de comunicación y sus analistas querían instalar la idea de que Chile vivía un viraje tranquilo hacia la derecha, que el alto rechazo al gobierno de Bachelet mostraba que el deseo de reformas profundas había sido una ilusión y que la mayoría estaba conforme con el Chile heredado de la dictadura. Era un relato a favor de los grandes empresarios, porque son ellos los que sueñan con volver a la “tranquilidad” de los años noventa. Son ellos quienes anhelan que los trabajadores se resignen a trabajar en malas condiciones y a endeudarse de por vida para pagar educación, salud, vivienda y alimentación.

Ese discurso se demostró falso. Piñera sacó mucho menos votos de los que decían las encuestas. Por su parte, la Nueva Mayoría tampoco tiene muchas razones para celebrar. La decepción con el gobierno de Bachelet es evidente, pero no se volcó a la derecha, sino que permitió al Frente Amplio conquistar una importante votación. Independientemente de quien se imponga en la segunda vuelta, las votaciones del 19 de noviembre confirman que millones de personas están de acuerdo con las demandas que los estudiantes y trabajadores han instalado en la calle: acabar con las AFP, conquistar una verdadera educación gratuita para todos, terminar con el CAE y reparar a los miles de afectados por la usura bancaria, conquistar una salud pública y de calidad, entre otras reivindicaciones.

Por otro lado, aun con este resultado, el 53% de abstención es un síntoma de que el régimen político no consigue todavía generar entusiasmo y ganar vitalidad. Hay sensibilidades que se expresaron en los resultados electorales, pero también hay otros que no tienen representación.

Ahora se impone una pregunta crucial. ¿Cómo vamos a transformar esos anhelos en realidad? Guillier quiere utilizar a su favor el rechazo que sienten los trabajadores y el pueblo hacia Piñera. Durante años ese chantaje ha costado caro, puesto que la Concertación y la Nueva Mayoría han defraudado sistemáticamente a millones y han terminado administrando el legado de Pinochet. Basta ver el último anuncio que presentó. Su promesa de “condonar” la deuda educacional al 40% más pobre se limita a pagarle a los bancos una deuda que ya es incobrable, es decir, subsidiar la morosidad y focalizar el gasto social sin tocar los intereses de los grandes empresarios. Por otra parte, ¿qué significa poner fin al “monopolio de las AFP”? Agregar nuevos actores al mercado previsional. O como Guillier mismo dijo, “no tiene por qué ser una sola forma de ahorro previsional en una economía de mercado”.

¿Acabar con el sistema de capitalización individual a favor de un sistema de reparto solidario? Descartado. ¿Educación gratuita para todos y acabar con la deuda educativa? Paso. Una vez más queda claro que apostar a que la Nueva Mayoría resuelva nuestras demandas es imposible. Y aun así el Frente Amplio sigue buscando tensionar e interpelar al oficialismo para que asuma una agenda de reformas estructurales, haciendo un llamado implícito a votar por Guillier. Y es que esa es su apuesta estratégica, lograr un gran pacto entre la izquierda y el progresismo de la Nueva Mayoría para avanzar gradualmente en reformas al capitalismo. Para ellos, este sería el único camino posible, todo lo demás sería una utopía. Pero la trama hacia la segunda vuelta demuestra que lo realmente utópico es pensar que ese pacto permitirá conquistar nuestras demandas. Esa es la receta que durante años ha ensayado el Partido Comunista y los resultados ya los conocemos.

Los grandes empresarios prefieren un triunfo de Piñera, pero también se muestran expectantes ante un escenario que sigue abierto. Lo que sí han aclarado es que si alguien se atreve a tocar las AFP, romperán su expectación y pasarán a la ofensiva. Ellos están dispuestos a todo cuando se trata de defender sus intereses. ¿A qué estamos dispuestos nosotros, los trabajadores, las mujeres y la juventud, para defender los nuestros? Terminar con las AFP o conquistar el derecho a la educación gratuita no será posible si no transformamos en una fuerza social activa el rechazo a Piñera y al Chile neoliberal. Con Guillier o Piñera en el poder tendremos el desafío de preparar la pelea por nuestras demandas. Con uno o con otro sería nefasta una nueva tregua como la que mantuvo la CUT con Bachelet. No basta con ser “oposición”: es necesario que se haga sentir la fuerza de las y los trabajadores.

Pero falta algo más. Ellos están organizados, tienen partidos, medios de comunicación, centros de pensamiento y grandes gremios empresariales. Están dispuestos a sacrificar parte de su tiempo para proponerse la tarea de gobernar a favor de los suyos. Pero los trabajadores somos más y somos fuertes. El mundo no funciona sin nosotros.

Si nos lo proponemos y estamos dispuestos a dedicar parte de nuestro tiempo a organizar nuestra propia herramienta política podemos plantearnos grandes desafíos. Los empresarios, sus políticos e ideólogos quieren que nos limitemos a votar cada cuatro año y que lo hagamos pensando solo en nosotros y nuestro bolsillo. Quieren hacernos creer que nuestro futuro depende de nuestro esfuerzo. Mientras más callados y resignados mejor, porque en realidad son unas pocas familias –los Luksic, los Matte, Angelini, los Piñera– los que definen el destino de millones. Incluso están dispuestos a permitir que nos movilicemos cada tanto, que tengamos uno que otro sindicato, que participemos de alguna iniciativa local en nuestros lugares de estudio y trabajo. Mientras sus ganancias y el capitalismo se mantengan funcionando, pueden soportarlo.

¿Pero vale la pena matarse para estudiar, trabajar años y años para terminar enfermo, jubilarse con una pensión de hambre, solo para que nuestros hijos tengan que repetir el mismo ciclo? En la actualidad, con los avances de la tecnología y la robotización del trabajo, es posible que todos trabajemos 6 horas, acabar con el desempleo y recibir lo necesario para una vida digna, asegurando educación, salud y vivienda para todos, permitiendo gozar del arte, la cultura, el deporte, el ocio y entregarle un verdadero futuro a nuestros hijos. Pero los capitalistas organizan la sociedad de tal manera que los avances de la humanidad entera están en función de las ganancias de unos pocos bolsillos, permitiendo que atenten incluso contra la supervivencia del planeta.

No estamos condenados a vivir en un sistema tan irracional. Por eso somos anticapitalistas. Pelear por estos grandes objetivos es un esfuerzo que vale la pena. Porque no basta solo con votar cada cuatro años, movilizarse de vez en cuando o luchar solo en nuestros lugares de trabajo y estudio para ser un poco menos esclavos. Porque si vamos a construir una organización política, no es para aprisionarnos en el callejón sin salida de negociar algunas reformas con quienes por décadas han demostrado estar en la vereda contraria. Creemos que este camino, que el Frente Amplio se apresta a transitar, está plagado de fracasos y frustraciones.

Si nos organizamos es para ir por todo. Si miles asumimos la tarea de construir un partido de trabajadores anticapitalista, socialista y revolucionario, esto es posible. Un partido enraizado en lugares de estudio y trabajo, un partido propio de los trabajadores, que reúna a obreros, estudiantes, profesores, intelectuales con un mismo objetivo. Un partido capaz de aportar decididamente en poner en movimiento la gran fuerza social de los trabajadores para acabar con el capitalismo y organizar la sociedad sobre otras bases, en donde el centro esté puesto en la vida y el bienestar de millones y no las ganancias de unos pocos. Esto no caerá del cielo, lo podemos comenzar a construir a pulso desde ahora. Nuestra invitación a todos quienes apoyaron las candidaturas anticapitalistas en Santiago y Antofagasta e hicieron posible que nuestro planteamiento lograra la adhesión de cerca de 15 mil votantes, es a construir este proyecto anticapitalista y ser parte de las agrupaciones que impulsamos en lugares de estudio y trabajo.






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