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CINE // CÓRDOBA

Sergio Schmucler: “No creo que haya nada realmente importante en el cine cordobés”

Miércoles 29 de octubre de 2014 | Edición del día

Foto:: Schmucler, segundo desde la izquierda. Gentileza del entrevistado.

En Córdoba se habla del fenómeno conocido como “Nuevo Cine Cordobés”, Sergio Schmucler es un cineasta de ésta generación y ha elegido mantenerse al margen de este movimiento. Hablamos con él para que nos dé su opinión sobre la actualidad, las dificultades que se presentan y las perspectivas a futuro del cine cordobés.

¿Que entendés por el llamado nuevo cine cordobés?

Me parece que es una mala forma de nombrar las cosas. A partir de un cambio de política estratégico a nivel nacional, nace la posibilidad de federalizar un poco la producción de cine, entonces el INCAA empieza a gestar posibilidades de laburo en Rosario, Mendoza, Salta y en Córdoba, por supuesto. Es decir, donde ya había principios de trabajo, gente interesada y gracias a esa nueva política que empezó hace ocho, diez años, se abre el juego para que se empiecen a producir cosas.

Decir Nuevo Cine Cordobés es como si hubiera habido un viejo cine cordobés, me parece una pelotudez, a mi me ofende, me muestra otra vez esa soberbia cordobesa.

¿Qué opinas de las películas que se están haciendo actualmente en Córdoba?

Las películas que estamos haciendo en Córdoba. Algunas me parecen interesantes, otras no. En general me parece que es un cine muy ingenuo el que hacemos, a veces muy pero muy soberbio, muy pretensioso, o sea, de gente que estamos haciendo primeras experiencias en cine. Hasta ahora no creo que haya nada realmente importante en el cine cordobés.

¿Crees que existe algo en común entre las películas cordobesas?

Las dificultades, el aprendizaje porque como todos compartimos técnicos, fotógrafos, bueno en general compartimos actores. El descubrimiento de una forma digamos, que se yo, Gustavo Almada trabajo en “De Caravana”, después trabajo conmigo haciendo personajes muy distintos y difíciles ambos, y bueno, son experiencias.

¿Qué perspectivas se te ocurren para el futuro del cine cordobés?

Mientras no bajemos un poco el copete, mientras no logremos que el gobierno de la provincia promulgue una ley propia de apoyo a la producción audiovisual, vamos a depender que el gobierno nacional siga apoyando esta federalización de la cultura. Digo, si en diciembre del año que viene cae el gobierno kichnerista y sube un gobierno neo liberal, lo más probable es que nosotros dejemos de hacer cine otra vez por 20 años y que pase lo que siempre ha pasado en Córdoba, que es que los jóvenes que terminan con muchas ganas se van a Buenos Aires a trabajar y empiezan sus carreras ahí, como hizo Liliana Paulinelli, como hizo Paulita Marcovit que se fue a México, o Santiago Loza que se fue a Buenos Aires, cosa que también no me parece raro. En el mundo las ciudades chicas no producen cine ni televisión, nosotros somos una ciudad chica.

¿Te parece que puede cambiar eso?

Puede cambiar en la medida en que cambie el mundo, cambie el capitalismo, la acumulación. Pero nosotros no vamos a ser los que cambiemos eso, digamos son cambios muy grosos. El cine se hace en Los Ángeles, que tiene ocho millones de habitantes y es el gran núcleo económico, se hace en Nueva York, pero en Chicago no se hace el cine. O sea, las ciudades chicas de todo el mundo no hacen cine, en México se hace en el Distrito Federal, pero te vas a la ciudad de Puebla y no se hace cine, en Monterrey se hacen dos películas al año, en Brasil pasa lo mismo. Córdoba es una pequeña ciudad, una ciudad intermedia, lo que pasa es que siempre estamos pensando que somos la gran capital y no, no lo somos, somos una hermosa ciudad pero chiquita.

¿Crees que hay un reconocimiento del público, de la crítica, al cine cordobés?

Yo creo que el público todavía se sorprende cuando hay algo hecho en Córdoba y cuando le gusta, le gusta, y cuando no, no. De Caravana es la película más exitosa del cine cordobés que llegó a lo sumo a tener 30 mil espectadores cuando la mínima para recuperar el dinero de una película son 150 mil, o sea no es nada, no existe “De Caravana”, y de ahí para abajo todos los otros hacemos películas para un público chiquito. Por ejemplo en mis películas. A La Sombra Azul la vieron algo así como ocho mil personas. A mí me parece muy bien, en la ciudad de Córdoba ocho mil personas no está mal, ahora, si uno lo piensa en el mundo y sí. Pero bueno, nosotros no hacemos cine para el mundo, hacemos cine para nosotros, cualquier otra ilusión me parece que es prepotencia.

Y la critica yo creo que está haciendo un papel terrible, está inventando el cine cordobés. Roger Koza, Alejandro Rosas, Martin Iparraguirre. O sea, son cuatro o cinco críticos que alaban de una manera sospechosamente fácil a un cine que, la verdad, no es un cine importante. Son indagaciones muy experimentales, son todas películas muy ingenuas de amores adolecentes, son como esas primeras experiencias casi estudiantiles, salvo excepciones. Ese es el cine que hacemos y no está mal, yo no lo estoy criticando, me enoja esta especie de invento. Es un cine pobre, producto de una escuela de cine que hace grandes pensadores de cine pero no productores de cine. A mi me parece que es un absurdo hablar del nuevo cine, me parece y creo que es un gesto, una invención de la crítica, que el público no tiene idea de todo esto. Es más, ni leen las críticas, no existe eso.

¿Y con respecto al periodismo?

Hay un grupito de gente que ha tratado de hacer las cosas como si fueran “la industria”, entonces juegan un poco a eso, entonces hacen una publicidad un poco mas importante, contratan a un chico egresado de la ECI para que les haga prensa, se arma una especie de estructura. Roger (Koza) en el Facebook, en La Voz del Interior y en los dos o tres lugares donde escribe saca la nueva dimensión del cine, la esplendida segunda película y después las ves y es frustrante, pensas que chiquita, peliculita que ya los franceses la hicieron hace treinta años. Lo que no soporto, honestamente, es esta especie de agrandamiento, si estamos haciendo un nuevo cine.

Me parece que dentro de un tiempito se va a olvidar todo y lo que va a quedar son películas, ojalá que quede alguna mía, ojala que queden otras, ojalá que Rosendo (Ruiz) haga cosas cada vez mejor, bueno ojalá que todos puedan seguir, que no se los coma la dificultad, y que piensen más en el público y menos en los festivales.

¿Crees que ésta nueva generación de cine piensa más en los festivales?

Sí, yo creo que los cordobeses están más pensando en la gira por los festivales. Cada vez es más fácil ir a festivales, porque como el mundo de cine se divide entre el cine que la gente ve y el cine festivalero, es más fácil apostar al festivalero. Ese es un fenómeno que se está dando entre los jóvenes en todo el mundo, en la ciudad de México pasa lo mismo, en Buenos Aires lo mismo. Yo creo que lo que pasa es que no les interesa decir nada. Yo creo que un cineasta es un relator, un escritor, si no, no sé que es, pero si uno no tiene algo que decir del mundo, de la vida, de la política, sino solamente es auto confirmatorio: mi pequeña experiencia cuando yo era adolecente, mi primer relación, está todo bien. Pero me parece que el cine, Leonardo Favio era otra cosa, Gatica, las historias del mundo, las historias de las grandes pasiones, la fuerza, la aventura, y si uno no tiene eso en la cabeza no sé que estamos haciendo.

Muy festivaleros en ese sentido, como una fascinación -y uno ve en los críticos eso- lo que les interesa a los críticos no es el mundo, no es el gran relato, si no estas experiencias microscópicas; a mí eso me preocupa la psicoanalización del cine. La verdad que rescato otro tipo de cine, en ese sentido. Por ejemplo: “El invierno de los raros” me parece una película interesante, provocativa, el pueblo, el misterio, los vínculos entre la gente.

Cuando se estreno “El invierno de los raros”, “De Caravana”, “Hipólito”, también se habló del nuevo cine cordobés, luego se paralizó todo y dos años después se vuelve hablar de lo mismo, ¿por qué te parece que sucede esto?

Sí, y dentro de dos años vas a escuchar lo mismo. Lo que pasa es que somos muy egoístas, somos muy soberbios, eso es lo que nos hace un pequeño pueblo y no nos hace una ciudad en el cine, yo creo que, por ejemplo: en la literatura no nos pasa lo mismo. En el cine todo parece publicidad más que cine, entonces nacen sellos.

Se habla de esas tres películas pero no se habla de “La herencia”, porque yo no entro en ese juego, son unos puterios de las pequeñas mafias. Mira, apenas empieza esta historia, hace cinco o seis años, nacieron la PRAC (Productores y Realizadores Asociados de Córdoba), la APAC (Asociación de Productores Audiovisuales de Córdoba), hasta quisieron hacer un sindicatos de técnicos, se armó un revuelo.

Con la primera película que se hizo en Córdoba ya se empezaron a pelear los actores entre ellos, porque ahora si se viene, ahora arranca el nuevo universo, y no pasó nada y al año siguiente no ganó ninguna cordobesa y el Estado nacional apoyó a Rosario, y se fueron a producir a Rosario y así va a ser porque no tendría porque ocurrir otra cosa, ¿cuántos somos los que estamos pensando el cine en Córdoba y la televisión cultural en Córdoba? Y debemos ser los que ya estamos acá activos, digamos 20, en Buenos Aires igual que nosotros hay 200, entonces es lógico que todo ocurra ahí; además tenés lugares de participación de discusión, acá la vez que tratamos de juntarnos es para mirarnos mal, es para despreciarnos. Tampoco conozco bien el mecanismo porque yo me formé en México y soy medio un marciano, ni tengo una generación. Qué sé yo, D’Intino tiene 10 años más que yo, o sea, los que hacían cine cuando yo me fui exiliado ya eran grandes y hacían cine.

¿Y por qué crees que las películas cordobesas no duran más de dos semanas en las salas?

Porque el sistema del cine se ha vuelto un lugar de estrellas. Luis Machín y Gustavo Almada no llenan una sala, hay dos personas que llenan salas en la Argentina y se llaman Darín y Francella y se acabó, esa es la realidad, no está ni bien ni mal, ese es el cine, el mundo del cine exitoso.
Para poder hacer ese cine hay que invertir la vida, hay que pensar las cosas de una manera que, a mí en lo personal no me interesa, a mí me interesa la historia que quiero contar, me preocupa la historia.
No estuve dispuesto a esperar a que Darín acepte leer el guion, no me gusta como actor, me hubiera costado mucho trabajar con él, me parece un pésimo actor, lleno de lugares comunes, de simpleza, la verdad es que no me entusiasmaba. A Luis Machín lo admiro, creo que él hizo un trabajo magnifico. Eva Bianco me parece una gran actriz, lo disfrute mucho igual con Gustavo. Pero cuando uno sale al campo de batalla del cine sin que te interesen los festivales, a mi no me interesa el festival, yo no la mande a festivales a la película (La Sombra Azul), que todo el mundo decía primero hay que hacer el circuito. Yo ya lo sé, tengo 55 años y vengo haciendo cine hace muchos años y sé de los festivales, sé que todos somos festivaleros y que el público acá está más lejos y cada vez más pegado al cine exitoso.

¿Cuál es el momento de tu vida en el que empezas a relacionarte con el cine?

Yo hice 15 telenovelas en México, o sea yo me dedique al guionismo, estudie antropología del 77 al 82, y en el 83 hice un curso de guionismo y vivo de eso, sigo viviendo de eso, yo escribo telenovelas, escribo series, escribo cine, y bueno después decidí volver a vivir a Córdoba y hago lo que sé hacer y entonces sí, me sorprendió al principio, cierta mirada como de “y vos que venís hacer acá”.

¿Fue difícil la vuelta?

Sorprendente más bien. Esta sensación de que me podrían haber sacado más jugo en el sentido de que bueno, si tengo 15 telenovelas escritas, si tengo tantas películas, bueno valdría la pena preguntarle.
Sí, me sorprendió este auge de hace cinco años que todos empezamos a mirarnos como enemigos, en vez de realmente juntarnos y tener reuniones una vez por semana en un café a charlar de cine. Hay grupitos, entonces están los que se juntan acá, los que se juntan allá, y los como yo que tenemos otros amigos. Pero sí, es sorprendente el nivel de envidia y de individualismo que veo en una generación que, es la que alcanzó a este movimiento de oro que fueron estos últimos cinco años.
Sí, noto que las nuevas generaciones que están saliendo ahora de la escuela de cine, inclusive de la Blas Pascal, o sea, pibes de 25 a 30, hay un espíritu de grupo más tranquilo, menos prepotente. Me parece que los chicos y la misma gente están trabajando en edición y en ideas maravillosas.
Creo que va a ir cuajando otra cosa, pero siempre pensando que va a ser pequeño el ambiente. No podemos imaginar que acá va a ser la meca del cine, a menos de que el gobierno diga: “bueno, a ver, vamos hacer una ley, vamos a traer capitales como hizo San Luis”, que tampoco le fue bien. En San Luis, hace 15 años los tipos hicieron una meca del cine allá, hay todo para hacer cine, pero hicieron 15, 20 películas y ahora nadie va a San Luis, la gente vuelve a donde están sus pares.




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