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COMODORO PY

Sergio Maldonado denunció aprietes y persecución ilegal hasta con una “niña espía”

El hermano de Santiago detalló ante el juez federal Daniel Rafecas varios hechos ocurridos en estos casi dos años. El accionar ilegal de Patricia Bullrich, Gendarmería y parte del Poder Judicial, al desnudo.

Daniel Satur

@saturnetroc

Martes 7 de mayo | 16:00

Myriam Bregman, Sergio Maldonado, Matías Aufieri y Eric Soñis (CePRoDH)

Este martes declaró en los Tribunales de Comodoro Py, ante el juez federal Daniel Rafecas, el hermano de Santiago Maldonado, el joven desaparecido (y luego hallado muerto) tras una brutal represión de Gendarmería Nacional a la comunidad mapuche de la Pu Lof en Resistencia de Cushamen (Chubut) ocurrida el 1° agosto de 2017.

La causa que investiga Rafecas refiere al espionaje ilegal organizado desde altas esferas del Poder Ejecutivo nacional, en connivencia con miembros del Poder Judicial como el juez federal de Esquel Guido Otranto y la fiscal Silvina Ávila.

Este martes, tal como había sido citado por Rafecas, Sergio Maldonado se presentó el los tribunales de Retiro. Lo acompañaron el abogado Matías Aufieri (patrocinante de la querella) y Myriam Bregman, también abogada, diputada porteña del PTS-FIT y quien realizó la denuncia por espionaje ilegal en octubre de 2017.

Como informó el lunes este diario, tras un pedido del comandante principal de Gendarmería Fabián Méndez (involucrado directo en la denuncia de espionaje) el juez autorizó al abogado defensor Mauricio Castro a presenciar la declaración testimonial de Maldonado. Méndez, como se recordará, fue de jefe del escuadrón de Gendarmería de El Bolsón (Río Negro) que actuó en la represión del 1° de agosto.

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La declaración de Maldonado, a la que accedió La Izquierda Diario, deja en evidencia la reponsabilidad de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, varios de sus funcionarios, la Gendarmería Nacional y parte del Poder Judicial.

Persecuciones al por mayor

Maldonado afirmó que “el primer episodio fue el 3 de agosto de 2017”, es decir cuando Santiago ya llevaba dos días desaparecido. Ese día Sergio viajaba en su vehículo desde la Pu Lof de Cushamen (donde se dio la represión criminal) hacia Esquel por diligencias propias del caso, junto a su compañera Andrea Antico y dos miembros de la comunidad mapuche, cuando tres gendarmes los frenaron en un retén de la ruta nacional 40.

“Al ver que mi apellido era Maldonado, me hicieron bajar, revisar todo el baúl, cuestionaron por qué llevaba una mochila con una linterna, todo el tiempo haciéndonos sentir miedo, en un lugar donde no hay señal de teléfonos celulares, se comunicaban con otro móvil que estaba cerca”, declaró Maldonado.

En ese mismo viaje, cuando llegaron a Esquel, volvieron a ser frenados por un control de Gendarmería, teniendo que mostrar sus DNI y pasando un buen rato demorados.

Tal como se demostró en el expediente tramitado en Esquel, primero por el juez Otranto y luego por su par Gustavo Lleral, a través de mensajes de texto entre miembros de Gendarmería quedó en evidencia el seguimiento pormenorizado de esa fuerza federal sobre los Maldonado y organismos de derechos humanos que se movilizaban junto a ellos.

De esos mensajes de texto Sergio sacó la conclusión de que la persecución en esos días fue casi cuerpo a cuerpo. Y recordó ante el juez Rafecas varios episodios ocurridos en esas horas de desesperada búsqueda de Santiago.

Por ejemplo, cuando personas vestidas de civil, pero con todos los rasgos de miembros de fuerzas de seguridad, se presentaban de repente cuando él y su compañera paraban en estaciones de servicio de la región o cuando cenaban en algún restorán.

O cuando viajando por la ruta desde El Bolsón a Epuyen los siguió todo el tiempo un vehículo con las luces altas prendidas. O cuando viajando en avión desde Bariloche a Buenos Aires debió cambiarse de asiento por sentirse intimidado por el accionar de una mujer vestida con uniforme de la policía científica.

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Otro episodio sospechoso fue cuando en un hotel de Esquel se presentaron altos funcionarios del Ministerio de Seguridad de la Nación, como Gerardo Milman y Matías Garrido, donde en teoría nadie sabía que se alojaban. “Teníamos a alguien que nos estaba siguiendo, si no no comprendo cómo nos pudieron ubicar allí”, le dijo Sergio al juez.

Un hecho casi novelesco vivió la pareja en un hotel de Buenos Aires, a diez días de desaparecido Santiago, cuando de madrugada él mismo escuchó del otro lado de la puerta de la habitación a alguien que leía en voz alta declaraciones públicas de su compañera Andrea. “Tendría que haber ido a la conserjería para para indagar quién estaba allí al lado, pero en ese momento me quedé paralizado”, recordó Sergio.

Una nena utilizada como espía

Maldonado reiteró ante Rafecas algo que siempre denunció públicamente: el destrato intencional de parte del juez Otranto hacia su persona, siendo el máximo responsable institucional de la investigación de la desaparición forzada y Sergio un particular damnificado en la misma.

Un destrato que, combinado con la intervención de su teléfono ordenada por el juez, solo puede leerse como una estrategia planificada.

Otro hecho casi sacado de una novela de terror refiere al accionar de una niña que, enviada por adultos, grababa sus conversaciones en el hotel Cumbres Blancas. Sergio lo recuerda en detalle.

“Previo a que aparezca el cuerpo de Santiago el 17 de octubre, el fin de semana anterior, era largo, Día de la Madre, tuvimos una nena de entre ocho y diez grabando nuestras conversaciones”. El hotel, recuerda, tenía un lugar “donde hay una computadora y un escritorio, en la planta baja, era un lugar apartado, no te veía nadie”. Ese fin de semana el Ministerio de Seguridad les había entregado un material que ellos pidieron.

Sergio recuerda que mientras estaban trabajando con ese material, junto a Andrea y la abogada Verónica Heredia, “venía la nenita a usar la computadora que estaba allí instalada. Al otro día, misma situación, la nena iba y venía, algo normal de una nena, lo raro fue cuando al segundo día la nena tocó su celular y empezamos a escuchar la voz de Andrea grabada en ese celular”.

La pareja y su abogada se miraron entre ellos y no lo podían creer. “La nena se fue y no la vimos nunca más, cuando reaccionamos fuimos a ver la computadora y no había nada, no tenía ningún programa ni juego abierto en la pantalla”. Intentaron abordar a la niña, a la que habían visto desayunar el día anterior con una mujer rubia en el bar del hotal, pero ya no la encontraron.

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Algunos hechos vividos por los Maldonado tuvieron decenas de testigos presenciales aunque anónimos. Por ejemplo, en octubre de 2018, mientras aguardaba tomar un vuelo en el aeropuerto de San Juan, Sergio fue llamado por los altoparlantes para que se presentara en las oficinas de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (fuerza también a las órdenes de Patricia Bullrich).

“Cuando voy y me hacen abrir la maleta, no vieron nada, me dan un acta para que la firme, antes de firmar les pedí una copia, me dijeron que no tenían, entonces yo me negué a firmar, hasta que por cansancio la mujer de la PSA rompió el acta y no pasó nada”, relató Sergio.

Cambio de vida forzado

Finalmente Maldonado dijo ante Rafecas, ante sus abogados y ante el defensor del gendarme Méndez que todo lo relatado le generó naturalmente “cambios en el modo de vida” y en sus rutinas. “No es que tengo miedo, pero tomo resguardos que antes no hacía, dudo de todo, sospecho de situaciones, no sólo por mí, sino por mi entorno familiar y de amistades”, confesó.

El abogado de Méndez le hizo un par de preguntas a Sergio. Por un lado quiso usar una “pregunta” al testigo para hacer una virtual defensa del juez federal Guido Otranto (quien tuvo la causa al inicio de la investigación y no investigó nada), recibiendo una objeción de la querella y la negativa del juez Rafecas por no tener nada que ver con el objeto de la causa.

Por otro lado quiso saber si ellos denunciaron ante las “autoridades” uno de los múltiples hechos relatados (sin explicar por qué el interés particular del defensor sobre ese hecho y no sobre el resto). Desde la querella respondieron que, precisamente, esta causa es la denuncia, que reúne un accionar del Estado de conjunto.

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Antes de finalizar la audiencia, el abogado de Méndez presentó un escrito con una compilación de artículos periodísticos en los que el gendarme Méndez parece ser más la víctima que el victimario de la persecución.

Muchos de los hechos relatados por Sergio en Comodoro Py fueron producto de una esforzada reconstrucción junto a su compañera Andrea y el resto de la familia, a su abogada Verónica y a compañeros de lucha de los organismos de derechos humanos.

Una reconstrucción no exenta de dificultades, toda vez que muchas de esas circunstancias se produjeron en momentos en los que la preocupación era una y solo una: hallar con vida a Santiago.

Seguramente la presentación “espontánea” del comandante Méndez en la causa no tiene como único fin el de controlar lo que pasa en el expediente para su salvación personal. En ese sentido, lo lógico sería que próximamente sea llamado a brindar declaración indagatoria para dar todas las explicaciones referidas a las tareas de espionaje realizadas por la Gendarmería y demás miembros del Estado.


Miré el documental "Santiago Maldonado, un crimen de Estado", producido por La Izquierda Diario







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