Cultura

TEATRO CON LOS REFUGIADOS

¿Ser o no ser? Ese es el derecho en cuestión

La compañía de actores del mítico teatro Shakespeare´s Globe pasó este 2 de febrero por “La Jungla” de Calais, Francia, un campo de refugiados donde se apiñan hacinados alrededor de 7000 personas en condiciones espantosas.

Viernes 12 de febrero de 2016 | Edición del día

En una actitud desafiante al discurso antiinmigración que llega al ridículo (y arcaico) argumento del problema del "choque cultural" de la derecha más desbocada, estos artistas se ubican de lado de los más vulnerables, los rehenes de la guerra por el control de medio oriente y sus recursos. Debido a la confluencia cultural e idiomática, los actores resumieron la trama de Hamlet en kurdo, árabe, pastún y farsi.

Previamente la gira había pasado por otros campos de refugiados, como en Camerún o Jordania, y seguía para Malta, ante una comunidad de desplazados libios.

En medio de la miseria en la que son “contenidos“ los inmigrantes que se lanzan a las aguas del Mediterráneo ante una gran posibilidad de no sobrevivir, escapando de las guerras donde la muerte es una certeza, la tragedia de algunos individuos inmortalizados por el gran William Shakespeare se da de boca con una enorme tragedia humanitaria de miles y miles. Las palabras de León Trotsky en "El gran sueño" hace casi un siglo recobran una vigencia escalofriante: ”(…) la tragedia de las pasiones individuales exclusivas es demasiado insípida para nuestro tiempo. Porque vivimos en una época de pasiones sociales. La gran tragedia de nuestra época consiste en el choque de la personalidad individual con la comunidad. Para alcanzar el nivel de heroísmo y abonar el terreno de los grandes sentimientos que dan vida, es menester que la conciencia se sienta ganada por grandes objetivos. Toda catástrofe individual o colectiva es siempre una piedra de toque, pues pone al desnudo las verdaderas relaciones personales y sociales. Hoy día es necesario probar este mundo.”

De esta forma, el compromiso de estos artistas que recuerdan a los que junto a Banksy lanzaron su mensaje de repudio y protesta en Dismaland, el antiparque de diversiones aporta, por un lado a darle más visibilidad y algo de cobertura a este precario refugio que pretenden desalojar y que vive bajo el acoso de las fuerzas policiales y bandas xenófobas de la extrema derecha. Y por otro lado, un acto simbólico, aunque no menos político, de contrarrestar la campaña de los distintos gobiernos y medios masivos por deshumanizar a las masas de refugiados para legitimar así su maltrato, explotación y deportación.

Y el choque del que habla Trotsky se vuelve inevitable. El cráneo de Yorick, el bufón que hacía reír de niño a Hamlet y ante el cual pronuncia su famosísimo "¿ser o no ser?": ¿no se vuelve una dura metáfora del cadáver del mal chiste de la igualdad, la libertad y la fraternidad que los voceros de las grandes potencias imperialistas pregonan con sardónico cinismo?

¿Cuántas Ofelias han muerto ahogadas en el enorme cementerio de agua en el que se transformó el ancestral Mediterráneo?

Al asesino rey Claudio y su flamante esposa, madre del príncipe Hamlet y viuda del rey Hamlet les preocupa la invasión de los noruegos. Los rostros de Hollande y Merkel podrían venirse a la mente de alguno de los asistentes, donde ellos son “los invasores” para estos déspotas modernos.

¿Cuántos "fantasmas", tal vez no sólo de algún padre, sino de hermanos, hijos, novios, emergen pidiendo la revancha de lograr que sus seres queridos puedan vivir en paz, lejos de una guerra que no pidieron, que no los representa ni beneficia en absoluto?

A pesar de años de monopolio de los apologistas de "el arte por el arte", donde la expresión artística parece estar completamente desligada de la realidad, esa misma realidad empieza a golpear en la sensibilidad de artistas que ponen el cuerpo, en este caso literalmente, y toman una posición comprometida contra las injusticias causadas por la anárquica y despótica ley del capitalismo: la de obtener ganancias sin importar en absoluto cuantos cuerpos se apilan en el proscenio al caer el telón.








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