Mundo Obrero

EN PRIMERA PERSONA

Ser maestra y estudiante en tiempos de ajuste

Vivir los ataques del Gobierno en la Ciudad de Buenos Aires, ver cómo tus sindicatos hacen agua y mientras tanto tus alumnxs tienen hambre.

Gimena Goñi

Maestra y estudiante de Ciencias de la Educación

Viernes 28 de septiembre de 2018 | 16:07

Siempre elegí trabajar en contextos difíciles, en villas, donde las evidencias de la descomposición social de este sistema perverso son bien explícitas.

Hace cinco años que ejerzo en los diferentes barrios de la zona sur de la ciudad de Buenos Aires, hoy en día en el barrio 1-11-14, tengo alumnxs en situación de calle, acompaño familias que sufren en sus hijos o hermanos la violencia institucional encarnada en frecuentes casos de gatillo fácil, hago denuncias de violencia y también la vivo en carne propia, participo en programas sociales “nacionales y populares” en situaciones de precariedad laboral absoluta (hablamos de sueldos de miseria y falta de derechos básicos como licencias por embarazo) y podría seguir enumerando diferentes adversidades que día a día enfrentamos lxs que elegimos la docencia.

Cuando empezaba, allá por el 2013, me maquillaban una realidad en la que parecía que las cosas estaban cambiando, en la que usando la educación como herramienta podíamos transformar el mundo enseñando a leer y escribir o dando una clase magistral de ciencias. Pero un maquillaje es un maquillaje y cuando llegó la ola amarilla, lo lavó muy rápidamente, el rostro verdadero quedo al descubierto, el que hizo explotar una escuela que se cobró la vida de dos trabajadorxs, el que prendió fuego la primaria de Caballito, el que asesinó a ese niño hambriento en Chaco o, sencillamente, el que sigue perpetuando generaciones y generaciones de niñxs que sufrirán una y otra vez las consecuencias inherentes a este sistema, que mencionaba antes.

Esto no es casual, son muestras gratis del plan que este gobierno está dispuesto a llevar a cabo para acordar con el FMI, su modelo no cierra si no ajusta el bolsillo de lxs trabajadorxs. Menos cierra, si no ajusta en todos los niveles educativos.

Empecé a estudiar Ciencias de la Educación en la UBA, en la sede de Filosofía y Letras, donde estas últimas semanas, se desarrolló uno de los conflictos universitarios más importantes de los últimos años. Puan, como era de esperarse por su tradición de lucha, fue el ejemplo de organización estudiantil: asambleas periódicas, comisiones de base, delegadxs por curso y todos los espacios de discusión habidos y por haber para definir democráticamente las medidas que se tomarían como estudiantes. Fuimos la primera facultad en “tomarse” como punta de lanza para que otras facultades se sumen y pudiéramos darle un mensaje claro al gobierno.

De la toma a la escuela y de la escuela a la toma

Los primeros días de toma, la facultad estallaba de actividades culturales y artísticas, rebalsaba de compañerxs yendo y viniendo inundándola con un espíritu combativo que contagiaba a cualquiera. Hicimos clases públicas, corte de calles y de la 9 de julio, salimos en la tele, en los diarios, fuimos a la marcha educativa y llenamos la plaza a pesar de la lluvia (que definitivamente es macrista), coordinamos con otros sectores como el Astillero Río Santiago o los diferentes ministerios. Fuimos cargando una fuerza y un calor de lucha que era casi incontenible. Pero, en medio de todo esto, ese “casi” se concretó en las conducciones peronistas y kirchneristas de los gremios mayoritarios de docentes universitarixs (Conadu y Fedun), que firmaron la paritaria, perdiendo casi 20 puntos en relación a la inflación y ni hablar, sumado a los puntos perdidos años anteriores. Como era de esperarse, el conflicto comenzó a estancarse, podríamos haber ido por todo: por más presupuesto para educación, por pararle la mano a los despidos, derrotar las medidas de ajuste de Macri, echar al FMI, por que de una vez por todas, esta crisis la paguen lxs que la que la provocaron… Pero no, parece que algunxs pueden esperar al 2019.

Cuando las burocracias te pegan desde todos lados

Sinceramente, no me sorprendió la entrega de las conducciones sindicales mayoritarias de la universidad. En el nivel donde trabajo, en primaria, pasa casi lo mismo, el gremio con más afilidxs (UTE-Ctera) lo conduce, ¡adivina, adivinador! la Lista Celeste, también kirchneristas, que nos quieren hacer creer que luchan, cuando su mayor aspiración es marchar a San Cayetano para pedir trabajo o hacer paros aislados que solo sirven para acumular descuentos.

El mensaje de estos sectores “populistas” puede que no sea tan claro como, por ejemplo, el de la Franja Morada, corriente estudiantil netamente oficialista y burocrática, que con mucho gusto y fervencia, abucheamos en la asamblea de Puan que quisieron venir a decirnos qué hacer, mira si lxs amigxs de Bullrich le iban a decir a la asamblea de la Facultad de Filosofía y Letras cómo luchar.

Les quiero preguntar entonces, a aquellxs que dicen que “hay 2019”, que toman medidas tibias sin consultar a la base trabajadora, que dejaron gobernar plácidamente a este señor, para que haga la tarea sucia y “lxs salvadorxs” nos devuelvan una porción de la torta que se llevaron, ¿cuántos docentes más con la panza marcada va a haber? ¿y muertxs? ¿calcularon cuantas escuelas se van a incendiar? ¿a cuántxs pibxs con hambre más va a matar la policía? ¿no les hace un poco de ruido convocar a marchar a Luján en vez de hacer un verdadero plan de lucha? ¿no les molesta la Virgen que pusieron en el escenario el lunes pasado? ¿cómo pueden hacerle tanto lugar a la iglesia después de lo que vivimos en las calles junto a la marea verde, que vino a cuestionarlo todo? ¿no les importa lo que pensamos las miles y miles que luchamos por el aborto y que exigimos separación de la iglesia del Estado?

Entonces ¿qué hacemos ahora?

Si queremos que esta realidad verdaderamente cambie, hay q transformarla de raíz. Esa raíz, no es solo Macri, no es solo Cristina, es capitalista, y ese capitalismo necesita desigualdad social, así como necesita la represión policial, o al FMI, o al patriarcado, y muchas opresiones más, que garantizan que se sostenga esa base material, económica.

Y, además, queda clarísimo que no podemos confiar en las burocracias sindicales que buscan aliados clericales.

Por eso, soy socialista. Por eso quiero construir un partido que dé respuesta y haga frente, organizando a lxs verdaderxs protagonistas, los trabajadores y las trabajadoras. Este 6 de octubre hacemos encuentros en todo el país para intercambiar y debatir, junto a lxs compañerxs del Astillero y otras agrupaciones clasistas, junto a lxs estudiantes y con la fuerza del movimiento de mujeres. Hay 2018, la lucha es ahora.







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