Política

PANORAMA POLÍTICO

Segundo semestre de ajuste, crisis social y resistencia

Ocho meses de CEOcracia: tarifazo, inflación y despidos. La respuesta empieza a estar en las calles. Hebe, Scioli y la llamada “radicalización” de Cristina.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Domingo 14 de agosto de 2016 | 00:00

El miércoles por la tarde una larga hilera de policías se apostó frente a los portones de la planta de La Serenísima en el Parque industrial de Burzaco. La orden era amedrentar y reprimir a los trabajadores que bloqueaban los portones, exigiendo la reincorporación de Federico Correa, injustamente despedido.

Durante varias horas rondó la amenaza de un paro que, finalmente, ni Atilra ni la CGT de Lomas de Zamora, convocaron. La conciliación obligatoria permitió garantizar un período de “negociación” donde la fuerza de los trabajadores aparece encadenada.

La escena pone en evidencia varias facetas de la realidad nacional. Como en una suerte de laboratorio, da cuenta de algunas de las tendencias que se expresan a nivel global, aunque con matices claro está.

Por un lado, el creciente conflicto social y el desarrollo de una resistencia que se verifica en términos numéricos. Así lo señaló, hace poco, el Observatorio de la Deuda Social de la CTA (A) dando cuenta del ascenso de las luchas contra las consecuencias del ajuste.

Por el otro, la política de gobiernos y patronales efectivizada en el envío de las fuerzas represivas a afrontar esos reclamos. Un informe previo del mismo Observatorio había dado cuenta de 24 represiones, a escala nacional y provincial, desde los inicios de la gestión Cambiemos, algo muy lejano del “diálogo” que el Gobierno pregona, y que tampoco mostró en Mar del Plata, donde el viernes también se reprimió a manifestantes.

El tercer elemento de esta escena de la zona sur del Conurbano lo muestra la actitud de las conducciones sindicales. Atilra y la CGT Lomas no son ajenas a la tregua que sostienes las grandes centrales de conjunto. Tregua que se alimenta de discursos grandilocuentes sin ninguna connotación real y que no resulta fácil de defender por momentos.

Valga como ejemplo lo ocurrido el martes por la noche, horas antes de que la Policía cercara las puertas de La Serenísima, cuando el diputado sindical Facundo Moyano ejecutaba voltereta sobre voltereta para justificar esa tregua al Gobierno, frente a las críticas de Nicolás del Caño, referente del Frente de Izquierda.

Ocho meses de CEOcracia

La imagen de la Argentina gobernada por la gestión de los CEO ofrece un panorama marcado por la continua variación de las condiciones sociales, en un sentido descendente, para la mayoría obrera y popular.

Este jueves, una nueva evaluación de la UCA vino a confirmar el crecimiento de la pobreza en una cifra que supera el millón de personas en los últimos ocho meses. En la misma jornada se conoció que el trabajo precario e inestable –consolidado estructuralmente bajo el ciclo kirchnerista- se profundizó aún más.

La imagen de decenas de miles de personas en Plaza de Mayo el domingo pasado fue una postal de los efectos sociales de ese ajuste. En amplias capas de los sectores más humildes, lo único que “derrama” es la pobreza. La fuerte impronta política de la Iglesia en esa concentración da cuenta de la preocupación por contener y limitar ese ascenso de la temperatura social.

La “Argentina que viene” -al decir de Macri- sigue siendo la de los beneficios al gran capital, la del “gobierno para los ricos”.

Así parece percibirse en grandes sectores. La última encuesta de Ibarómetro -conocida en la tarde del viernes- consignó que un 53% de los encuestados considera que Macri gobierna para la clase alta. El mismo estudio, para despejar toda duda, indica que solo el 8% considera que lo hace para las clases bajas.

A esa degradación de las variables sociales se agrega, por momentos, una suerte de autismo político en el elenco gobernante. La importante movilización del domingo pasado apenas mereció mención por funcionarios del Gobierno, y solo por la “politización de una fiesta religiosa”. Ese día, el ministro de Trabajo intentó lo contrario: mediante un tweet transfirió a San Cayetano la solución al problema del desempleo, poniendo en “manos divinas” lo que debería garantizar su cartera.

La luz y el túnel

Si el mentado “segundo semestre” sería –al decir de la ahora imputada Gabriela Michetti- el momento en que “aparece la luz al final del túnel”, algo parece estar fallando. Las variables económicas existentes empujan a descreer del ya cuestionado “plan” del Gobierno.

También esta semana se conoció un nuevo informe del Centro de estudios Cifra, que da cuenta de los límites externos e internos para el “despegue” de la economía. Allí se indica, entre otras cosas, que “los flujos comerciales mundiales cayeron, según la OMC, 8,2% en el primer trimestre, mientras que Brasil las redujo 33,6%. La economías argentina no estuvo exenta a estos comportamientos y redujo su comercio con una mayor contracción de las compras externas, lo que posibilitó un leve aumento del superávit comercial”. Queda a la vista que las “buenas noticias” son consecuencia directa de las muy malas.

El tan mentado “retorno al mundo”, que tenía un componente esencialmente económico, dista de ser entonces la aventura maravillosa que Macri y Cambiemos invitaron a iniciar.

Si el mundo no es el lugar deseado que se presentó como panacea en los meses de la campaña electoral, la economía nacional no ofrece mejor resguardo en el marco de la política recesiva implementada por el Gobierno en pos de lograr la ansiada “lluvia de inversiones”. Caída del consumo; aumento de despidos y suspensiones; cierre de plantas y sucursales constituyen parte del combo económico que se agiganta por los efectos de una inflación que se desacelera en términos solo relativos, dado que el tarifazo tiene aún una estación por recorrer, esperando una resolución de la Corte Suprema.

Señalemos que el Gobierno tiene atado parte de su plan para reducir el déficit fiscal, a la decisión de la cúpula de la arbitraria casta judicial. Si esa decisión es favorable al oficialismo, nuevos golpes y remezones llegarán al bolsillo popular.

Un horizonte de conflicto

En este marco recesivo, la degradación de las condiciones de trabajo –y por ende de vida- del conjunto de la clase trabajadora es el programa efectivo del poder político capitalista y del gran empresariado. Ahí hay que buscar las razones de la insistencia en un plan que implica imponer nuevos aumentos de explotación de la fuerza de trabajo en aras de hacer crecer la llamada productividad.

Si las condiciones de trabajo son una de las piezas del juego para recomponer los niveles de ganancias del gran capital, la puesta a mantener la baja del salario es otra.

Los números duros indican –también según Cifra- que con el “mínimo de inflación estimada se prevé que el salario real se reduzca 4,3% en diciembre de 2016 respecto al mismo mes del año anterior (…) si se evalúa el escenario de mayor inflación el salario real puede descender hasta 7,1% en el mismo período”.

Las airadas declaraciones del ministro Triaca sobre que “no existen motivos” para reabrir las paritarias no hacen más que echar leña a ese fuego y generalizar el descontento entre la clase trabajadora. Un horizonte de conflicto creciente entre las clases sociales puede avizorarse.

El “retorno” de Cristina

La semana que pasó parece haber terminado de cerrar esa suerte de novela corta que tenía a la expresidenta como protagonista. La trama mostraba a una parte del kirchnerismo exigiendo, pidiendo e implorando que Cristina Fernández volviera al ruedo para ubicarse como conducción de ese espacio político.

Su pasaje por la Villa 31, la reunión con Daniel Scioli y la posterior visita a Hebe de Bonafini y un sector de las Madres el pasado jueves, volvieron a ubicarla en el lugar de referencia política de oposición.

El apoyo a Hebe implicó que parte de la “Corpo” mediática enarbolara un discurso sobre la “radicalización” de Cristina Fernández. Consignemos que no existe tal cosa.

Los gestos “a izquierda” sirven como complemento para las negociaciones por derecha. Si la táctica de Cristina tiene la imagen de su visita a la Villa 31, la estrategia se visibiliza en la reunión con Scioli.

El kirchnerismo, como lo hizo durante más de diez años en la cumbre del Estado, construye poder desde y hacia el peronismo.

Ante la creciente degradación del nivel de vida de la mayoría obrera y popular, el kirchnerismo se postula como el vehículo para recomponer un peronismo golpeado tras la derrota electoral. Todo eso en el camino hacia el –aun lejano- 2019. En ese objetivo, la resistencia real al ajuste que se despliega en las calles y en los lugares de trabajo aparece como algo ajeno.







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