Cultura

MEDIO ORIENTE

Segunda Intifada: una historia de resistencia

Este sábado se cumplen 18 años del comienzo de la “Segunda Intifada”, cuando el pueblo palestino se levantó contra las condiciones de vida extremadamente oprobiosas a las que era sometido por Israel, un Estado terrorista.

Mirta Pacheco

@mirtapacheco1

Sábado 29 de septiembre | Edición del día

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Una provocación digna de quienes se saben conquistadores. En septiembre del 2000, el líder del Likud que era el principal partido de derecha en el Estado de Israel, Ariel Sharon, realizó una “visita” a la explanada de la Mezquita Al Aqsa (el tercer lugar más importante para el islamismo). La presencia de quien fuera un halcón sionista, un asesino de palestinos, fue un abierto desafío al pueblo palestino.

Al día siguiente la Policía israelí reprimió a jóvenes palestinos que indignados protestaban arrojando piedras a los israelíes que se encontraban en el muro de los lamentos. Esa represión termina con al menos 7 jóvenes árabes asesinados. Este acontecimiento sólo sirvió para terminar de enardecer los ánimos de las masas palestinas.

Orígenes de la Segunda Intifada

La razón por la cual centenares de miles de palestinos salen a las calles en las grandes ciudades de Cisjordania y la Franja de Gaza, un mes después de este incidente - e incluso árabes israelíes que vivían al interior del propio Estado de Israel, como ciudadanos de segunda- fue el odio acumulado contra la ocupación israelí. Ocupación iniciada en 1948, que provocó la Nakba. [1] Pero también el hecho de que los acuerdos de Oslo, premeditadamente ambiguos, que en un primer momento habían ilusionado a la gran mayoría de los palestinos, con el correr de los años mostraron que no aportaban ninguna solución y su situación continuaba deteriorándose.

Estos acuerdos fueron pactados en 1993 por Yasser Arafat (el histórico líder palestino de la Organización para la Liberación de Palestina), el primer ministro israelí Yitzhak Rabin y el por entonces presidente de los EEUU, Bill Clinton.

Podes leer: Arafat: el controvertido líder de la Organización para la liberación de Palestina (OLP)

Sus principales puntos consistían en la promesa por parte del Estado de Israel, de retirar gradualmente su ejército de la Franja de Gaza y de Cisjordania. Se creaba, en esos territorios un autogobierno palestino (la Autoridad Nacional Palestina -ANP-), con una Policía propia [2] y la promesa de un futuro Estado palestino. Pero ese “autogobierno palestino” tenía grandes límites. El primero era que entre Gaza y Cisjordania estaba apostado el ejército israelí (como sucede actualmente).

El segundo, enorme, límite era que en esos territorios, se establecía una partición en zonas A, B y C (A: control civil y de Policía por parte de la Autoridad Palestina, 18% del territorio. B: control civil a cargo de palestinos y control militar de la A.N.P. e Israel, 21% y C: control civil y militar de Israel, 60% del territorio).

La situación de Jerusalén (Israel ocupó la parte oriental de esa ciudad -que estaba en manos de Jordania-, luego de la Guerra de los seis días en 1967), el derecho al retorno de los refugiados y la constante construcción de asentamientos israelíes (que hoy son pequeñas ciudadelas enclavadas en esos territorios), fueron directamente excluidos de esos acuerdos.

El status de la ANP sobre esos territorios se volvería a discutir en cinco años. Un mal chiste, sino se hubiese tratado de la vida de millones que siendo un pueblo, le habían arrebatado a sangre y fuego su nación.

Otro intento de Clinton de “pacificar” esa región del globo, fue la cumbre de paz de Camp David, entre el 11 y 24 de julio del 2000, dos meses antes de que estallara la Intifada. Tanto Barack (Primer Ministro israelí por aquel entonces), como Clinton responsabilizaron a la parte palestina del fracaso de las negociaciones.

El tercer ejército del mundo necesitó 5 años para derrotar a la Segunda Intifada

Las dos consignas que unificaron a los palestinos y que dieron comienzo a esta Segunda Intifada (la primera tuvo lugar en 1987) fueron el rechazo a la ocupación y a los Acuerdos de Oslo. Esta última demanda, ponía en jaque a la misma ANP, en la figura de Yasser Arafat (cuya mano derecha era el hoy dirigente de Cisjordania Mahmoud Abbas). Arafat se encontraba en una situación de debilidad: por derecha era presionado por el imperialismo yanqui y el Estado de Israel para sostener los Acuerdos de Oslo y por izquierda por un pueblo que comenzaba con movilizaciones masivas, huelgas, centenares de jóvenes que día a día enfrentaban, en sus ciudades y con piedras, a uno de los ejércitos más poderosos.

Ya por ese año el alcance de la lucha y la fuerte represión israelí provocó la unificación de los nacionalistas e islamistas en un frente único denominado Fuerzas Nacionalistas e Islamistas. Este frente tenía una dirección mayoritaria: Al Fatah (el partido militar de los nacionalistas árabes, cuyo líder era el mismo Arafat). Hamas (islamistas) era otra de las fuerzas que lo conformaban.

La Intifada fue girando de las manifestaciones masivas callejeras a tácticas de guerrilla urbana y otras acciones militares. Este enfrentamiento, muy desigual, duró casi 5 años y se cobró la vida de más de cinco mil palestinos. Del lado israelí el número de fallecidos ascendió a mil, de los cuales en su gran mayoría eran militares.

A fines del 2001, el Primer Ministro israelí era Ariel Sharon [3], le gana las elecciones al partido Laborista, basado fundamentalmente en el sentir de los israelíes de más seguridad.

Sharon observó la incursión imperialista en Afganistán contra los talibanes (incursión de los EEUU basada en la “guerra contra el terrorismo” que iniciara el por entonces presidente Bush) y dedujo de esto que era un buen momento para propinar un golpe mortal a la Intifada palestina. Por un lado continúa la política de su predecesor - Ehud Barack - de asesinatos selectivos a los líderes y activistas, sumado a que las tropas israelíes dieron muerte a decenas y decenas de niños y civiles palestinos. Israel cerró el aeropuerto de Gaza. Los gobiernos de Jordania y Egipto, dándole la espalda al pueblo palestino, impidieron que los heridos atraviesen sus fronteras y la ayuda humanitaria internacional (medicamentos, alimentos, etc.) fue bloqueada por las fuerzas de ocupación sionistas.

Desde hacía un año, la Franja de Gaza había quedado partida en dos por controles militares israelíes y el territorio reclamado por décadas por los palestinos, Jerusalén, fue cerrada al paso de Cisjordania. Clausura de fronteras, abusos en los puestos de control, demolición de casas, arrestos masivos y la construcción de un muro del apartheid con el fin de arrebatarle a los palestinos las tierras más fértiles y las reservas de agua dulce cercanas al río Jordán, además de obstaculizar la comunicación entre las aldeas, convirtiéndolas en un sistema de bantustanes, mientras el ejército y los colonos controlaban los principales caminos y checkpoints. Este conjunto de medidas fueron (y son) parte de la batería represiva del sionismo.

La estrategia de Israel era doblegar a los palestinos, acabar con su resistencia y lucha armada y establecer una nueva relación de fuerzas definitiva a su favor, haciendo retroceder las aspiraciones del pueblo árabe sobre sus propias tierras. Pero las masas palestinas continuaron por cinco años sosteniendo su resistencia.

La Segunda Intifada fue derrotada vía el asesinato selectivo y la represión masiva a las manifestaciones del pueblo palestino. Esto demostró, por la negativa, que la lucha por la liberación de los palestinos requiere del apoyo activo de la clase obrera y las masas árabes de la región. Que deberán romper con sus propias burguesías, que más allá de los discursos y de ciertos tironeos, según la ocasión, van a la saga de Israel y de Estados Unidos. Dándole la espalda a ese pueblo oprimido.

Basándose en esta derrota, Sharon lanza en 2005, el “plan de desconexión de Gaza”, esta política implicaba sacar toda presencia civil israelí de ese territorio, a la vez que reforzaba la separación con Cisjordania. Esto sienta las bases para el bloqueo a Gaza –una verdadera cárcel a cielo abierto- que termina de imponerse en el 2007.

Queda claro que en los hechos es imposible pensar en un Estado palestino (conviviendo con el Estado sionista, con todas sus prerrogativas), con dos territorios separados entre sí por puestos militares israelíes y asentamientos de judíos y con recursos vitales como el agua, la energía eléctrica y el gas controlados por Israel y con toda su clase dirigente que una y otra vez afirma que jamás los cederá.

El Estado Nacional judío en la era Trump

En 2017 asume Trump la presidencia de EE.UU. Se reconfigura un nuevo orden mundial, donde el “America First” será el leit movit bajo el que se moverá su gobierno, lo que implicó un fuerte proteccionismo de sus intereses en todo el globo, por encima de los acuerdos de los últimos años. Pero también buscó privilegiar la relación tanto política como económica con Israel, lo cual significó reforzar su lugar de gendarme de esa región.

Al año siguiente rompe el acuerdo nuclear que Obama había firmado con Irán (a pesar de que éste había respetado al pie de la letra las exigencias que se le imponían, comisión veedora de la ONU incluida). El único país que festejó esa decisión, que implicaba mayor desestabilización en la región, fue Israel y el lobby pro israelí de Estados Unidos, a quien Trump ya le había hecho esa promesa, en tiempos de campaña electoral.

La orientación de la Casa Blanca con su nuevo “inquilino”, que incluyó la provocación de trasladar la embajada de EEUU, de Tel Aviv a Jerusalén (que se concretó en mayo de este año), le dio más aire a un ultraderechista Netanyahu y a la burguesía israelí. Esta decisión generó la indignación de las masas palestinas, que comenzaron nuevamente jornadas de protesta y movilización contra ese traslado con alto contenido simbólico, ya que Jerusalén es una ciudad robada a los palestinos a sangre y fuego y constituye un territorio en disputa.

En una sola jornada de protestas, el ejército israelí –Tzahal- asesina a 60 palestinos, entre ellos menores, sobre todo de los campos de refugiados.
Desde que Trump asumió la presidencia de EEUU, Israel comenzó en forma cada vez más asidua, ofensivas militares contra la población palestina en Cisjordania y sobre todo en Gaza. En el mes de marzo, tanto Al Fatah, como Hamas, obligados por esta situación y buscando cambiar algo esa relación de fuerzas, hacen un llamado a la “marcha del retorno”.

Miles y miles de palestinos acuden a la cita. Se movilizan diariamente (mayoritariamente en Gaza), reclamando el derecho de su pueblo a retornar a su tierra natal. Esas movilizaciones fueron ferozmente reprimidas provocando una nueva masacre. Casi un centenar de palestinos asesinados y más de 7 mil heridos, desde que comenzaron, en marzo, las movilizaciones por el derecho al retorno.

Mientras esto pasaba, permanecía presa en una cárcel israelí, la adolescente Ahed Tamimi, que se convirtió en un símbolo de la lucha del pueblo palestino. Ahed fue detenida por soldados israelíes en diciembre del año pasado, luego de una redada a su casa, en Nabi Saleh (localidad de Cisjordania). Estas redadas a las casas palestinas son realizadas en forma sistemática por el Tzahal.

La joven estuvo 9 meses presa, enjuiciada por un tribunal militar israelí. Porque los niños palestinos, son detenidos y juzgados por cortes marciales. Tan solo a principios de este año, cifras oficiales hablaban de 350 niños palestinos presos en cárceles sionistas.

La última gran provocación del Estado terrorista de Medio Oriente, fue declarar a Israel como un Estado Nación judío. Esto implica que los únicos con derecho a la “autodeterminación” son los ciudadanos de origen judío.

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Esta ley votada en la madrugada del 19 de julio, constituye un nuevo agravio hacia los palestinos y un salto en su sistema de apartheid que impone a los árabes –musulmanes o cristianos-, pero también a otros pueblos como los beduinos, que viven al interior del Estado israelí.

Como plantea Ilan Pappé, el reconocido cientista político israelí, “la historia de Palestina es ante todo la historia de una población originaria, a la que vinieron a incorporarse unos recién llegados”.

Podes ver: Ilan Pappé: hay un Estado apartheid que se llama Israel

Ese pueblo originario que desde largas décadas viene sufriendo un sinfín de vejaciones, es un pueblo heroico, a pesar de las derrotas que el Estado terrorista de Israel, le ha infligido (siempre con el apoyo de su “mentor” el imperialismo norteamericano). Un nuevo aniversario de la Segunda Intifada, viene a recordárnoslo.



[1Al Nakba: Tragedia o catástrofe. Cuando se constituye el Estado de Israel, mediante una votación de las Naciones Unidas (antecesora de la ONU), en 1948 centenares de pueblos fueron arrasados por las milicias israelíes (Hagana) y su recientemente creado ejército. Cometieron asesinatos en masa y cientos de miles de palestinos fueron expulsados de sus hogares, condenados a vivir en campos de refugiados o en la diáspora.

[2La ANP creada a partir de los acuerdos de Oslo, entendida como entidad política y administrativa que controlaba las zonas de Cisjordania y Gaza, dirigida por aquel entonces por Arafat y su partido Al Fatah, terminó siendo cooptada por el Estado de Israel y el imperialismo norteamericano, como así también, las creadas por aquel entonces, fuerzas de seguridad palestinas. La ANP estableció un sistema de impuestos a los palestinos, que son cobrados por Israel. Estos fondos luego vuelven a la ANP en un porcentaje menor. Este sistema manejado a discreción por el Estado judío de Israel provoca el ahogamiento, conjuntamente con el bloqueo económico a Gaza.

[3El viejo militar que supo participar de casi todas las incursiones militares israelíes para ganar y ocupar poblados palestinos, a costa de innumerables asesinatos a sus habitantes, quien fuera el que “supervisó” con su unidad el asesinato en masa por parte de las milicias falangistas del campo de refugiados Sabra y Shatila, él fue el encargado de vigilar todas las salidas de ese campo, para que ningún palestino pudiera huir de la masacre.







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