TEORÍA

Según Karl Marx, ser radical es “ir a la raíz”: ¿Qué significa realmente?

Karl Marx escribió en 1844 La introducción a la crítica de la “Filosofía del derecho” de Hegel. En escasas páginas va consolidando su ruptura con la filosofía clásica alemana.

Sergio Abraham Méndez Moissen

México @SergioMoissens

Miércoles 19 de julio | 15:50

Es innegable la influencia del pensamiento de Ludwing Feuerbach sobre el joven Karl Marx. El segundo escribió en ese año dos textos centrales para el desarrollo de su pensamiento Los Manuscritos económico filosóficos de 1844 y La introducción a la crítica de la “Filosofía del derecho” de Hegel en el que va gestando, Marx, su ruptura con la filosofía clásica alemana.

Feuerbach escribió un libro, poco leído por los marxistas, llamado La esencia del cristianismo en el que la categoría de enajenación será el centro de la crítica a la teología y el inicio del fin de del pensamiento hegeliano.

La esencia del cristianismo rompe con Hegel en las distintas dimensiones. En la forma, no es un tratado como la Lógica o la Fenomenología. Considera que lo ontológico al ser no es la capacidad de razonar o el espíritu sino el extrañamiento religioso. El cristianismo es la máxima expresión de ese extrañamiento: el origen de la enajenación. La emancipación del ser no es producto del despliegue del espíritu, la cognoscibilidad del todo en su lógica, sino fundamentalmente regresar al la creación teológica al ser: construir una nueva religiosidad humana.

El último punto es el central de la crítica de Karl Marx y de su separación de la filosofía de Feuerbach. El segundo atina en considerar que el cristianismo, al ser un producto humano, termina por adquirir una vida propia y dominar al ser. Él, sujeto, crea a imagen y semejanza a dios (figura humana) pero su creación adquiere vida propia, se rebela contra su creación y termina por dominarlo a él, el sujeto creador, con el cristianismo.

Las cadenas radicales

Este concepto, extrañamiento o enajenación, es central en los Manuscritos de 1844 de Marx incorporando en su dimensión el trabajo. Al igual que el sujeto del cristianismo de Feuerbach, el obrero crea mercancías que le son extrañas, a pesar de ser producidas por él, se rebelan y adquieren vida propia al obrero. Karl Marx, desde 1844, no considera el trabajo como un elemento puramente negativo, sino como una esencia dialéctica que debe desenajenarse.

Marx en 1843 en La introducción a la crítica de la “Filosofía del derecho” de Hegel utiliza la palabra radical (radikal) en dos sentidos. El primero sobre la crítica teórica y la liberación y el segundo sobre el capitalismo con el sujeto de las cadenas radicales. Ambas ideas interconectadas. El primer dardo se tira para cuestionar que la crítica de la realidad, las ideas religiosas, políticas no es, en sí mismo, una actividad radical: la crítica por si no es una actividad transformadora del ser y de su realidad.

Se refiere en primer lugar: “La teoría es capaz de adueñarse de las masas apenas se muestra ad hominem, y se muestra ad hominem apenas se convierte en radical. Ser radical significa atacar las cuestiones en la raíz. Y la raíz, para el hombre, es el hombre mismo”.

Marx considera que lo esencial es la esclavitud de ser: el más generoso y creativo animal construido en la tierra y que debido a la enajenación se encuentra preso, detenido, oprimido, incompleto: vamos, ser radical apunta, en última instancia, en la búsqueda de la liberación, emancipación, del hombre, de la humanidad esclavizada. Ser radical implica, no sólo la crítica, sino materializar la emancipación del ser: la búsqueda de una humanidad liberada en su totalidad de cualquier cadena.

Dice Karl Marx, cómo conseguir, entonces una humanidad, un ser plenamente y enteramente libre y distinto al que conocemos:

Se responde: en la formación de una clase radicalmente esclavizada, de una clase de la sociedad burguesa que no es una clase de la sociedad burguesa, de un estado social que es la desaparición de todos los estados sociales; de una esfera que obtiene de sus sufrimientos universales un carácter universal y no alega ningún derecho especial porque ella no padece una injusticia social, sino la injusticia en sí, que no puede ya apelar a un pretexto histórico sino a un pretexto humano que no se halla en contradicción alguna particular con las consecuencias sino en una universal contradicción con las premisas del orden público alemán; de una esfera, finalmente, que no se puede emancipar sin emanciparse de todas las demás esferas de la sociedad y sin emanciparlas a su vez; significa, en una palabra, que el total aniquilamiento del hombre sólo puede rehacerse con la completa re habilitación del hombre. Ese estado especial en el cual la sociedad va a disolverse es el proletariado.

El proletariado para Marx, además de ser una categoría económica, es el sujeto espinoso que puede subvertir la sociedad capitalista y ser el Prometeo de una nueva humanidad. El proletariado es la clase radical: la de mayor sufrimiento universal que por su papel en la producción de la nueva sociedad capitalista tiene poder ontológico para cambiarlo todo.

Dice Marx: “Cuando el proletariado anuncia la disolución de todo el orden hasta ahora existente, expresa sólo el secreto de su ser, puesto que éste es la disolución práctica de aquel orden de cosas. Cuando el proletariado quiere la negación de la propiedad privada, sólo eleva como principio de la sociedad lo que ya la sociedad ha elevado como su principio, lo que en él sin su cooperación está ya personificado como resultado negativo de la sociedad.”

En este sentido se liga el segundo plano del uso de la palabra radical: la clase proletaria, a la que se le es negada todo, es aquella que con su lucha podría garantizar un ser, una humanidad, plenamente libre es aquella que sufre radicalmente. En el capitalismo el sufrimiento, el dolor, los agobios, la violencia no se padece igual. No es lo mismo.

Para Marx, el proletariado, es la clase que más intensamente padece las cadenas radicales de opresión en el capitalismo. Pensándolo en un contexto histórico contemporáneo: el colonialismo, el racismo, la heteronormatividad, la homofobia, el sexismo, imperialismo, el clasismo se vive más cruelmente en las filas del proletariado.

En sus Tesis sobre Feuerbach Marx considera que los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo y de lo que se trata es de transformarlo: la clase proletaria es la que, al habérsele negado todo en el capitalismo, es la que puede, por sus cadenas radicales, conseguir ese objetivo.






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