Mundo Obrero

INVESTIGACIÓN

La tercerizada de Latam, una empresa de genocidas

La agencia de seguridad privada Securitas fue contratada por la aerolínea chilena para operar en Ezeiza y Aeroparque. Una historia de terror contra la que luchan sus trabajadoras y trabajadores.

Daniel Satur

@saturnetroc

Andrea Rabbit

Trabajadora aeronáutica | Agrupación “El Despegue”

Sábado 7 de julio | Edición del día

El año pasado, poco antes de que venciera el contrato que Latam mantenía con la tercerizada Redguard, la aerolínea de capitales chilenos anunció que cambiaría de empresa de “seguridad” y pasaría a trabajar con Securitas, una mutinacional sueca que desde el año 2000 tiene filial en Argentina.

Securitas tiene casi 85 años de existencia y entre todas sus sucursales, desparramadas por todo el mundo, emplea a unas 300 mil personas. Su régimen laboral de semiesclavitud siempre le dio enormes ganancias. Como una impronta de fábrica, por ejemplo, en Estados Unidos, fue denunciada por obligar a sus trabajadoras y trabajadores a cumplir jornadas de 24 horas ininterrumpidas.

Argentina no es la excepción. El maltrato y las terribles condiciones en que el personal de Securitas realiza sus tareas en Aeroparque y el Aeropuerto de Ezeiza, fue denunciado incluso por trabajadores de otras empresas que conviven en el mismo espacio laboral.

¿Pero qué relación hay entre ese “modelo” de trabajo impuesto por Securitas a su personal y el currículum (o prontuario) de algunas de las personas que conducen la empresa? Recordar quiénes presiden esta empresa, no está de más. Al contrario, sirve para explicar muchas cosas.

Alto vuelo

Luis Alberto Vecchi es presidente de Securitas Argentina desde 2001, casi desde su creación como filial argentina de la multinacional. Lejos de buscar ocultar su pasado entre las sombras, Vecchi hace alarde de su prontuario. Tan es así que parte de su “trayectoria” fue publicada por el Foro de Profesionales Latinoamericanos de Seguridad, un think tank fascistoide del que él es miembro.

En 1967 Vecchi egresó como Alférez de la Escuela de Aviación Militar de la Fuerza Aérea Argentina. Su inclinación hacia la docencia lo convirtió en pocos años en instructor de cadetes en la Escuela de Aviación Militar de la fuerza. Para 1975 ya era instructor de vuelo en la V Brigada Aérea en Villa Reynolds, con el grado de capitán. Y en 1982 alcanzó el grado de Oficial de Estado Mayor de la Escuela de Guerra Aérea de la FAA.

A la salida de la dictadura Vecchi se las ingenió para quedar a buen resguardo en la Fuerza Aérea. Entre 1984 y 1986 siguió siendo jerarca de la fuerza al tiempo que participaba de un plan del gobierno de Alfonsín de “reestructuración de las Fuerzas Armadas”. Los levantamientos carapintadas dieron por tierra con las ansias alfonsinistas, cuya genuflexión alcanzó un nivel máximo al entregarles la impunidad de miles de genocidas con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

Vecchi fue uno de los que, consolidada la impunidad a la entrada en la década del 90, se volcó a la actividad privada, como lo hicieron miles de secuestradores, torturadores, ladrones y asesinos. En 1989 fundó la Organización Fiel, una próspera y pujante empresa a la que convocaría a más de un camarada de armas reciclado en “vigilador” o “especialista en seguridad”. La compra de Fiel por parte de la casa matriz de Securitas, colocando al propio Vecchi como presidente de la filial argentina, logró darle un salto al viejo profesor militar y sus secuaces.

El amigo de Videla

El 18 de mayo de 2013 el diario La Nación tenía impreso en sus avisos fúnebres el nombre de quien antaño tantos elogios había recibido del propio matutino. Jorge Rafael Videla había fallecido el día anterior y, como era de esperar, el diario abrió sus páginas para que parientes y amigos del genocida expresaran su pesar.

Entre la serie de participaciones, con la correspondiente cruz católica, figuraba la de Miguel Ángel Feroglio y su señora, quienes rogaban “una oración en su memoria”.

Feroglio es, desde 2007, uno de los directores de Securitas. Según él mismo se presenta cada vez que le preguntan, su vida profesional trascurrió durante 30 años en el Ejército Argentino, donde llegó al grado de teniente coronel, y los más de veinte años restantes en el área de “Seguridad Privada”. Hoy es vocal de la mesa ejecutiva de la Cámara Argentina de Empresas de Seguridad e Investigación (Caesi).

A este personaje, además, lo delata su propia estirpe. Su tío Rodolfo Emilio Feroglio también es un militar retirado que actualmente cumple prisión domiciliaria. Durante la dictadura comandó el Área Operativa del partido de San Martín, en la zona norte del Gran Buenos Aires. Cumplía órdenes directas de Santiago Omar Riveros, el jefe máximo de Campo de Mayo. Ambos fueron juzgados y condenados en juicios por delitos de lesa humanidad.

Así en la empresa como en el cuartel

La multinacional Securitas fue fundada en 1934 en Suecia. Tras su fachada de empresa de servicios de vigilancia, en Estocolmo y otras grandes ciudades del país nórdico ya actuaba como batallón paraestatal para atacar a huelguistas obreros con saña fascista.

En Argentina Securitas existe desde el año 2000. A partir de su instalación comenzó un proceso de compra y fusiones con muchas empresas del mercado de la “seguridad”, empleando en la actualidad a unas 12 mil personas. Conocedores del rubro y no pocos trabajadores de Securitas aseguran que parte de las acciones de la empresa, casi un tercio, pertenecen al magnate argentino Eduardo Eurnekian, dueño entre otros emporios de Aeropuertos Argentina 2000, donde precisamente Securitas brinda servicios.

Desde hace casi 18 años la empresa manejada por Vecchi, Feroglio y sus secuaces contrata mano de obra barata, un factor clave para entender por qué desde su creación sus ganancias nunca dejaron de crecer. Vale recordar que de esos 18 años 12 transcurrieron durante gobiernos kirchneristas, que miraron para otro lado mientras la empresa, además de enriquecerse, ocultaba detrás de camisas y corbatas a más de un dinosaurio.

En una publicación de 2015 de la propia empresa, lanzada para el aniversario de la creación de la filial argentina, se confirmaba la estrecha relación de origen que hay entre los genocidas y la seguridad privada. Haciendo un poco de historia del rubro en Argentina, la revista afirmaba que “en general el empresario de la seguridad era un retirado de las Fuerzas de Seguridad o de las Fuerzas Armadas que vislumbraba en el mercado de la seguridad privada la mejor manera de reforzar sus ingresos, al mismo tiempo que podía poner en práctica habilidades adquiridas durante sus años de servicio”. ¿Más claro?

En esa misma publicación se reproducen palabras del propio Vecchi al respecto. “Dada la capacitación con la que uno se formaba en las Fuerzas Armadas, creíamos que estábamos preparados para llevar adelante la operación en una empresa de seguridad privada”, decía el presidente de Securitas.

Eficacia y servicio

Lo de “poner en práctica habilidades adquiridas” durante los años cumplidos como militares o policías suena de por sí temerario. De hecho hacia el interior de la empresa el manejo del personal, propio de un protoejército, genera no pocas rispideces con los empleados.

“Integridad, Eficacia y Servicio” son supuestamente los tres valores de quienes trabajan en Securitas. Al menos eso dice la presentación institucional en la web de la compañía. Cuesta pensar qué quieren decir con esos términos quienes están al frente de la empresa, sobre todo los que participaron de un genocidio hace cuarenta años. Pero algo es posible imaginar. Y para muestra sobra un botón, dicen.

En 2012, apenas transcurridos unos pocos días de enero, en la localidad de Benavídez (Tigre) la muerte y Securitas volvían a encontrarse. Marcelo Sepúlveda fue torturado hasta morir por policías bonaerenses, quienes estaban activamente acompañados por vigiladores privados de la empresa de Vecchi. La familia del joven asesinado había decidido no callarse y exigir justicia. De allí el hostigamiento constante que empezaron a sufrir de parte de agentes policiales y de la misma empresa.

Los hechos fueron acreditados por la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), que el 17 de febrero de ese año denunció ante el Juzgado de Instrucción nº 41 a los responsables de las amenazas calificadas.

Latam le abre las puertas a Securitas

Era de esperar que en Ezeiza y Aeroparque la empresa Latam lograra meter en sus negocios como tercerizada a Securitas. La empresa de los exmilitares hace años codicia ese “puesto” y si sus intenciones fueron pospuestas durante un buen tiempo fue solamente por la lucha decidida de las trabajadoras y los trabajadores de Latam. Pero ahora algo cambió.

Latam pegó un salto como aerolínea chilena al calor del golpe de Pinochet y su dueño es nada menos que Sebastián Piñera, el actual presidente del país trascandino. Su ex CEO en Argentina, Gustavo Lopetegui, es el vicejefe de Gabinete del Gobierno de Mauricio Macri. Junto a Marcos Peña y Mario Quintana conforman el núcleo duro del equipo político y económico del Presidente, para quien los tres son “sus ojos e inteligencia”.

En su discurso empresarial Latam dice que el rol que cumple el personal al que mantiene tercerizado es el de brindar “seguridad”. Pero esas empleadas y empleados son responsables de la asistencia al pasajero y del control de equipaje y cargas. En su plan de seguir rebajando las condiciones laborales (y con la venia del Gobierno nacional) Latam encapsula al personal en un convenio de “seguridad”. Algo que ni siquiera sucede en Aerolíneas Argentinas, donde gracias a la lucha su personal tercerizado está encuadrado bajo el convenio aeronáutico.

Frente al ataque patronal, las empleadas y los empleados que cumplen tareas para la empresa chilena consiguieron muchas conquistas con su lucha que ahora buscan ser arrasadas desde la patronal.

En un principio, conocida la noticia de que Securitas finalmente llegaba a Latam, la propuesta de traspaso de personal tercerizado desde Redguard a sus filas era un fiel reflejo del ideario de reforma laboral pensado desde esas esferas del poder: dejar a casi la mitad de los trabajadores afuera. Pero la respuesta fue inmediata. En asambleas, las trabajadoras y los trabajadores votaron encarar largas jornadas de lucha y lograron así que la gran mayoría de los puestos de trabajo se mantengan.

En ese proceso, fue fundamental para torcerle el brazo a la patronal el apoyo de las trabajadoras y los trabajadores de Latam que acompañaron la pelea.

Entre varios paros y “chequinazos” en Aeroparque se destacó el paro del 8M por el Día Internacional de las Mujeres. Allí las trabajadoras de Latam efectivas y tercerizadas se unieron, en un hecho histórico, para reclamar la reincorporación de Maite Silva, Mariana Aranda y Luis (a quienes quieren dejar ilegalmente fuera) y para que el traspaso sea limpio y simultáneo para todas y todos, respetando los derechos adquiridos.

El despegue

¿Por qué Latam se obsesionó con tener esta tercerizada a su merced? ¿Qué llevó a la compañía a tener una sola opción en mente? Más allá de los convenios esclavistas por los que se rige Securitas (basta consultarle a un trabajador cuántas horas pasa en su puesto o cómo lo tratan los jefes) el interrogante es válido ya que son varias las empresas de seguridad que operan de la misma manera.

Tal vez parte de la respuesta esté precisamente en ese parentesco ideológico y político entre la empresa pinochetista y la tercerizada dirigida por viejos participantes del plan genocida argentino.

El presente de Latam y Securitas abre varios interrogantes sobre los dueños de la tercerizada y su accionar para con el personal que contrata. Este diario continuará mostrando cuán turbias están las aguas bajo los pies de Vecchi, Feroglio y compañía.

Por pasado y por presente, nada puede emparentar a las trabajadores y trabajadores tercerizados de Latam con quienes se sientan detrás de los escritorios de las lujosas oficinas gerenciales.

El repudio a los crímenes ocurridos hace cuatro décadas está directamente ligado a la lucha actual contra quienes amedrentan a los trabajadores, sobre todo porque muchos de ellos son los mismos que protagonizaron en la década del 70 una de las más escalofriantes épocas de nuestro país.

La pelea que viene dando el activismo en defensa de sus derechos es un buen punto de apoyo para desenmascarar a los represores de Securitas que están aterrizando en Latam. En el aeropuerto, como en tantas empresas y fábricas, la clase trabajadora homenajea a sus mártires del genocidio enfrentando a quienes, sean milicos reciclados o no, siguen explotándonos.

Esta investigación no podría realizarse sin la colaboración de las propias trabajadoras y trabajadores tercerizados de Latam







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