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Se va Prat Gay en el medio de la recesión: ¿adónde va la economía?

La confirmación de la renuncia del ministro de Hacienda y Finanzas Públicas abre más incógnitas sobre las perspectivas de una economía que no arranca. ¿Se termina el gradualismo?

Pablo Anino

@PabloAnino

Lunes 26 de diciembre de 2016 | 13:10

El pedido de renuncia, por parte del presidente, al ministro Alfonso Prat Gay conmocionó un fin de año que el Gobierno se aprestaba a pasarlo en calma. Luego del brindis con la cúpula de la CGT, con la que negoció los cambios en el impuesto al salario, y el conflicto con los jóvenes científicos precarizados, que le torció el brazo a Cambiemos, el presidente Mauricio Macri se fue de vacaciones a Villa la Angostura.

Pero desde la mañana de este lunes 26 se hicieron fuertes los rumores de la renuncia del ministro que levantó el “cepo” cambiario, devaluó la moneda, quitó y bajo retenciones a las exportaciones y llegó a un acuerdo con los fondos buitre aceptando casi todas sus condiciones y las del juez Thomas Griesa.

Es la segunda baja en menos de una semana, días atrás había renunciado Isela Constantini, quien comandaba Aerolíneas Argentinas por diferencias sobre la apertura del Gobierno a las “low cost” de las rutas aéreas argentinas.

El “mejor equipo de los últimos 50 años”, como afirmó el presidente hace un año atrás al anunciar el gabinete, muestra sus primeros desprendimientos.

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Prat Gay es un hombre de las finanzas con un pasado en una de las principales entidades financieras del mundo, la JP Morgan. Además, había sido presidente del Banco Central durante los primeros años del Gobierno de Néstor Kirchner. Es el responsable de la escalada de endeudamiento público, que en lo que va del año significó emisión de deuda por cerca de U$S 70 mil millones.

Las internas del gabinete económico habían alcanzado estado público hace varios meses. La más notoria era la existente entre Prat Gay y el actual presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, alrededor del nivel de la tasa de interés de referencia que fija el Banco Central.

Frente a la parcial desaceleración de la inflación la entidad monetaria había comenzado un mes atrás a bajar la tasa de interés, algo que reclamaba Prat Gay, dinámica que se interrumpió en las dos últimas semanas.

El mar de fondo en las oscilaciones recientes en la política monetaria es el triunfo de Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos, que incrementó la incertidumbre sobre los denominados “mercados emergentes” bajo la perspectiva de un fortalecimiento del dólar y un alza del costo del endeudamiento. Esto complica los planes del macrismo de empujar la economía con obra pública y consumo con el combustible de la deuda externa.

La más reciente puja de Prat Gay con otros miembros del gabinete se dio alrededor de las modificaciones en el impuesto al salario. El ministro saliente había impulsado un proyecto que implicó un revés político del Gobierno en el Congreso, algo que luego se revirtió parcialmente a través de las negociaciones con la CGT y los gobernadores.

Había resentimientos y pases de factura mutuos con la Jefatura de Gabinete, que dirige Marcos Peña, quien fue el que finalmente llevó el proyecto derrotado a sesiones extraordinarias, a pesar que la redacción corrió por parte de Hacienda. Finalmente, fue Rogelio Frigerio el artífice del nuevo proyecto que salió votado en el Congreso Nacional.

“El presidente Macri ha dispuesto un cambio” dijo Marcos Peña al anunciar la renuncia de Prat Gay, dando a entender que fue el presidente quien tomó la decisión pidiéndole la renuncia, pero lo cierto es que el ahora ex ministro de Hacienda y Finanzas Públicas no estaba cómodo en el Gobierno.

Marcos Peña también anunció que el actual Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas será dividido en dos.

Nicolás Dujovne, que fue parte de la campaña de Cambiemos y actual columnista económico en un programa de TN del Grupo Clarín quedará a cargo del área de Hacienda. Dujovne participa en el programa político de TN acompañando al columnista del diario La Nación, Carlos Pagni. Se supone que será un ministro con menos pruritos para bajar el gasto.

Podríamos decir que se trata de una clara señal de que el equilibrio fiscal será una prioridad central en la política económica, aun al costo de soportar un peor panorama para la actividad económica, que terminará el año cayendo 2,5 por ciento o más y con pocos signos de frenar el deterioro. Siendo que la apuesta por el gasto en obras es uno de los pocos elementos reactivantes que el Gobierno venía mostrando hacia el año electoral, y es uno de los sectores donde podría haber más austeridad, se ensombrece el horizonte de cara a las elecciones del 2017. Poner fin al "gradualismo" (sic) de Prat Gay podría ser suicida mirando hacia octubre. Pero evidencia que en tiempos de Trump, tasas en suba en EE.UU. y dólar fuerte en el mundo, los márgenes para dosificar el "sinceramiento" con deuda se acotaron dramáticamente.

A cargo de Finanzas quedará Luis Caputo, otro hombre de la JP Morgan y con fuertes vínculos con el capital financiero internacional, quien ya se venía desarrollando como secretario de Finanzas Públicas. De esta forma, el Gobierno mantiene los lazos con los “mercados” y un hombre para seguir al frente con la tarea de endeudar al país.

De esta forma se consagra un gabinete económico cuya división de tareas se profundiza. La falta de mando económico y coordinación de las medidas es otra de las críticas que recibe el Gobierno por parte del establishment, que le preocupa que las decisiones estén disgregadas en distintas áreas: Jefatura de Gabinete, Interior, Agroindustria, Energía y Minería, Hacienda y Finanzas Públicas, Producción y Banco Central.

El presidente Mauricio Macri confirma así, como gustaba a Néstor Kirchner, que él es el único ministro de Economía. Y también el responsable del devenir económico que no presenta las mejores perspectivas.

La renuncia de Prat Gay se da en medio de una recesión que se medirá en una caída de entre el 2 y el 3 % cuando se conozcan los números finales del año. Para el año próximo en el mejor de los casos se espera un rebote que apenas recupere lo perdido. Pero no hay garantías, porque se agudiza la recesión y crisis en Brasil, país del que depende buena parte de la reactivación local, y por la incertidumbre que presenta la asunción de Donald Trump en Estados Unidos.

La inflación si bien se moderó en los últimos meses, justamente gracias a la recesión, está por encima del 40 % anual. Y podría reavivarse con la suba de naftas anunciada para enero, algo que también habría molestado a Prat Gay, y de las tarifas públicas.

Otro punto muy criticado por el capital financiero internacional es el alto déficit fiscal que no mejoró (y se agravó levemente) en relación al ya muy elevado nivel que dejó el anterior Gobierno. Ese déficit fiscal apenas se moderará con el blanqueo de capitales que beneficia a fugadores y evasores, que es a esta altura el mayor éxito de la gestión de Prat Gay. El blanqueo se estima que dejará un sinceramiento de U$S 60 mil millones, aunque la mayoría de los recursos quedaría en el exterior.

Entre varios industriales también se oye el reclamo por un dólar más alto. Las primeras repercusiones en los “mercados” mostraron una leve suba de la divisa estadounidense.

En el marco de la recesión, la caída del consumo que genera malestar social y de una economía que no termina de arrancar, la renuncia de Prat Gay aporta una novedad negativa al Gobierno de Cambiemos.

La gran duda es si con la ida de Prat Gay se acabó el gradualismo del ajuste del cual se suponía que el ex ministro era el emblema. Claro que ese gradualismo es la percepción de los “mercados” y el capital financiero internacional, que exige bajar el gasto público, pero no lo es de ninguna manera para los trabajadores que sufrieron una caída del salario real que rondará el 5 % en el año y más de 200 mil despidos.

Evidentemente, la renuncia de Prat Gay es un síntoma del estado que atraviesa la economía y el Gobierno. El nuevo gabinete económico deberá convencer al establishment que complacerá sus deseos de mayor ajuste para conseguir los dólares necesarios para el año electoral, donde hay fuertes vencimientos de deuda. Son objetivos contradictorios. Se verá con el correr de los días cómo resuelven los nuevos funcionarios ese acertijo. Los trabajadores no pueden esperar nada bueno con este cambio de gabinete.




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