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Se presentó el nuevo libro de Enrique Carpintero

El sábado 18 se presentó en The Cavern Club del paseo La plaza de la ciudad de Buenos Aires el libro de Enrique Carpintero, El erotismo y su sombra. El amor como potencia de ser, recientemente editado por Editorial Topía.

Juan Duarte

Tw: @elzahir2006 IG: @juanmaduarte.

Jueves 23 de octubre de 2014 | Edición del día

El autor, psicoanalista, es director de la Revista Topía, y de la editorial del mismo nombre. El libro continúa la línea de pensamiento expresada en Registros de lo negativo. El cuerpo como lugar del inconsciente, el paciente límite y los nuevos dispositivos psicoanalíticos (1995), y La alegría de lo necesario. Las pasiones y el poder en Spinoza y Freud (2003).

Luego de los standars de jazz a cargo del cuarteto de Yamile Burich, tomaron la palabra el psiquiatra y psicoanalista Vicente Galli, el psicoanalista Juan Carlos Volnovich, y el autor. La presentación estuvo a cargo de la psicoanalista Susana Toporosi por parte del comité de redacción de Revista Topía. Entre los comentarios, resaltó la fuerte crítica de Volnovich a las instituciones psicoanalíticas, su constante, su conservadurismo, y su “africanización”, en tanto los diálogos entre diferentes instituciones –si los hay– pasan por referencias externas, como el psicoanálisis francés, con revistas que lejos de promover el debate y diálogos entre las diferentes escuelas, expresan ese dogmatismo conservador. “Topía, por el contrario", apuntó, "comenzó siendo una revista para convertirse en un polo cultural como ninguna otra".

Finalmente, Carpintero resaltó la crítica a la subjetividad basada en el consumismo y la utopía de la felicidad privada que promueve el capitalismo y su expresión en el orden del erotismo y el deseo, que recorre los diferentes capítulos del libro, contraponiendo la importancia de generar colectivos y grupos culturales, pero en última instancia, políticos y militantes. Para finalizar, retomó las palabras de John Berger: “Protestar es negarse a que te reduzcan a cero y a un silencio impuesto. Por consiguiente, en el momento en el que se hace una protesta, si se llega a hacer, ya hay una pequeña victoria. […] Una protesta no es principalmente un sacrificio hecho en aras de cierto futuro alternativo, más justo: una protesta constituye una redención inconsecuente, insignificante, de algo presente. El problema es cómo seguir viviendo con el adjetivo inconsecuente repetido una y otra vez". "En ese sentido", planteó, “el libro es una forma de seguir siendo inconsecuente en este plano contra todas las miserias de este mundo".

Luego de la presentación, conversamos con Enrique Carpintero sobre su libro: “El título de este libro alude a Freud; el subtítulo toma como referencia el pensamiento de Spinoza. Desde ambas perspectivas estoy trabajando, desde hace muchos años, para tratar de responder al reto que tiene el psicoanálisis de dar cuenta conceptualmente de nuestra época. Esto nos lleva a rescatar nociones que definen la particularidad de su práctica; pero también, modificar otras a partir de los nuevos paradigmas de nuestra época. Por ello nos proponemos dialogar con Freud. Dialogar con Freud supone entender la organización de un aparato psíquico, pero no de su modo de funcionamiento que es histórico, social y político: Freud –como no podía ser de otra manera– era un hombre de su época. De allí que en la clínica se nos presenta la necesidad de modificar algunas conceptualizaciones teóricas en relación al erotismo y la sexualidad que son insostenibles en la actualidad. Dialogar con Freud también implica reflexionar sobre las particularidades de la cultura del capitalismo mundializado que promueve formas de subjetivación –de clase, de género y de generación– donde se afirma un sujeto encerrado en su narcisismo que consume mercancías, ya que lo único que puede ofrecer es la ilusión de la utopía de la felicidad privada. La felicidad se puede comprar en cómodas cuotas mensuales. El consumo es la medida de nuestro bien–estar. Por ello la subjetivación se realiza por lo que uno tiene y no por lo que es o lo que hace. Es decir, intenta producir un sujeto–mercancía pasivo a los dictados del ‘mercado’ a partir de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías.

De esta manera el poder de la cultura hegemónica se inscribe en nuestra subjetividad de manera invertida. Es decir, la fuerza del poder no potencia nuestro ser, por lo contrario, nos lleva a la impotencia al transformarnos en mercancías. Como escribe Marx: ’La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas’. De allí la importancia de generar comunidad, ya que el problema de la alteridad es uno de los grandes temas de la actualidad. Rechazar al otro implica no asumir que el otro es la base de todas nuestras esperanzas. El otro genera Eros y es precisamente el Eros el que permite una razón apasionada. Una razón que da cuenta de uno mismo y de los otros en el colectivo social para enfrentar los efectos de la cultura hegemónica".







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