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CONGRESO PSOE

“Se nos dice que somos el nuevo PSOE, pero somos el PSOE de siempre”

Así resumía el proyecto que enarbola el nuevo Secretario General, Pedro Sánchez. Con el 70% de los votos consiguió la aprobación de la nueva Ejecutiva y se afianza en el timón de Ferraz.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Lunes 19 de junio | Edición del día

FOTO: EFE/Sergio Barrenechea

Este fin de semana el PSOE realizó uno de los congresos más postergados de su historia. El 39º Congreso reunió a 1000 delegados y alrededor de 8000 asistentes en total. Celebrado en Madrid, se espera que traiga cierta normalidad ya con el liderazgo ganado por Pedro Sánchez en las primarias con algo más de la mitad de los votos.

Pedro Sánchez en su discurso de clausura apuntó echar del Gobierno a Rajoy. Anunció que buscará formar una nueva mayoría parlamentaria que eche al Presidente popular. Y, de no ser así, ya que es difícil unir a Podemos y a Ciudadanos, buscará una confluencia parlamentaria para anular los decretos aprobados por el Partido Popular. Para ello el PSOE creará una mesa en el Parlamento que acerque posiciones.

El nuevo Secretario General en repetidas ocasiones señaló que el PSOE es la fuerza de izquierda. Queda claro que el nuevo PSOE tratará de reganar el espacio que Podemos le ha robado. Aunque para ello necesitará mucho más que gestos. La crisis del socialismo español es profunda y es parte de la crisis de los PS europeos por llevar años de políticas neoliberales. Lo dicho, no alcanzan gestos.

Otro aspecto importante en el discurso de Sánchez, fue la referencia al grave problema territorial que afecta al Estado español. En su discurso, hizo referencia a la realidad plurinacional del Estado, como “nación de naciones”, pero con una única soberanía. Sin embargo, para ello la clave es seguir los mecanismos constitucionales. Y, por supuesto, que dejó bien claro su oposición al Referéndum del 1-O.

Sánchez, busca un nuevo equilibrio entre la imagen que él tiene, debido al enfrentamiento con la antigua guardia y los barones, y la política de orden que caracteriza el PSOE. Un equilibrio de gestos (España plurinacional) y de orden (apoyar a Rajoy en el 1-O). Hay que ver si Sánchez puede gestionar este equilibrio y evitar la caída de apoyos en la formación de la rosa. O si en realidad será el PSOE de siempre.

Mutis por el foro de la vieja guardia

Los barones y la dirección histórica del PSOE jugaron un papel secundario durante el Congreso. Alguna que otra pataleta, pero sin consecuencias, por ahora. Los delegados andaluces abandonaron el Congreso junto a Susana Díaz, el sábado por la noche. El Presidente astur de la Gestora, Javier Fernández ni apareció. Este repliegue táctico servirá para lamerse las heridas y apostar a malos resultados en las próximas elecciones.

Los barones afrontan un futuro cercano pleno de congresos regionales en donde pueden ser decapitados. En la ejecutiva apenas si hay alguno que tuvo cabida, como Fernández Bara o Patxi López. La ejecutiva y el Confederal han estado elaborados a imagen y semejanza de Pedro Sánchez, el nuevo mandamás de Ferraz. Al final, el golpe de estado de octubre pasado ha acabado en un enorme fracaso.

Mención aparte merece el editorial de El País: “PSOE decepcionante”. El Grupo Prisa, con un lloriqueo patético, se queja de que Pedro Sánchez ganó sin un discurso ideológico o un proyecto político claros. Pero, ¡qué canallada! Si Felipe González ocultó siempre su proyecto a los trabajadores, para luego aplicar planes neoliberales de despidos y pérdida de conquistas laborales.

El problema que tienen los barones y la vieja guardia es que quieren tomar las decisiones de ese proyecto. Ellos son los guardianes del Ibex 35, por izquierda. Y, por supuesto, para ellos el no-proyecto de Pedro Sánchez es un riesgo enorme, porque temen que el PSOE deje de servir a los grandes empresarios, al Rey y al conjunto del Régimen del 78. Para González y Díaz, tan solo sentir hablar de “nación de naciones” les provoca náuseas.

Sin embargo, el “nuevo” PSOE coincide en algo sustancial con el “viejo” PSOE: en su intento de engañar a las masas laboriosas del Estado español. Lo logró González, en menor medida Zapatero, difícilmente lo pueda hacer Sánchez. Pero es claro que ese es su objetivo. Por ello es que oscila entre los “gestos vacíos” y las “políticas de Estado”. Como mucho, este nuevo liderazgo hará más lenta y tortuosa la desaparición de la formación de la rosa.

Precisamente, por éste “pequeño detalle”, vale decir que el nuevo PSOE huele a viejo.






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