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DESPUÉS DE TRUMP

Se complica el plan de Macri de “ir tirando” mediante endeudamiento

El plan de Macri para 2017 afronta un panorama más complejo. Mayor costo de endeudamiento para atraer capitales, y deterioro de los precios de los granos que el país exporta, son algunos de los cambios de panorama que pueden esperarse.

Esteban Mercatante

@estebanm1870

Viernes 18 de noviembre | Edición del día

En el marco de todas las incertidumbres sobre lo que generará la llegada de Trump para la política económica norteamericana y en consecuencia para la economía global, una cosa ya es segura. La Reserva Federal (Fed, el banco central de los EE. UU.) se prepara para subir en diciembre las tasas de interés. No se trata de un cambio generado por la elección; ya desde antes del 8 de noviembre la presidenta de la Fed, Janet Yellen, había anticipado la probabilidad de subirlas en diciembre.

Pero con el triunfo de Trump esto confluye con la intención, manifestada muchas veces durante este año por el entonces candidato, de que haya cambios en la política monetaria. Sus asesores confirmaron por estos días que apuntarán a una política de mayor gasto fiscal y menos estímulo monetario. Más gasto fiscal significa más déficit, y esto, también hará subir las tasas que paga el tesoro por financiarse. Todo apunta entonces a que la tasa en EE. UU. será más alta; en consecuencia, las tasas que se fijan tomando como referencia las de los bonos norteamericanos también aumentarán.

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¿Cómo podría pegar esto sobre la economía argentina? Seguramente, será complejo que Argentina baje su costo de endeudamiento (hoy alrededor de 8 %), si se inicia una tendencia alcista de la tasa de interés. Esta semana los bonos en dólares emitidos por la Argentina tuvieron una fuerte caída en sus cotizaciones, con un desplome superior a 7 % (efecto que es el reverso de una prevista suba de tasas y anticipo de un panorama más adverso).

Esto no necesariamente frustrará el plan de financiamiento de Hacienda (que podría llegar en 2017 a la friolera de 60 mil millones de dólares según se desprende del presupuesto), ya que la tasa que ofrece la Argentina seguirá representando un excelente negocio para los bonistas comparada con la tasa norteamericana aunque esta sea mayor (no se prevé una tasa muy superior a 2 % dentro de un año); pero significará que para cumplirlo se seguirá pagando caro, y por lo tanto se producirá más rápido la acumulación de pasivos, espiral de endeudamiento que la Argentina conoce bien, y que siempre termina mal más temprano que tarde. A mayor costo, más recortes deberá hacer el gobierno. Esto podría significar que en el año electoral podrá recurrir menos de lo esperado a la “chequera” del mercado internacional de bonos, viéndose obligado a recortar planes de obras.

Si la hipotética suba de tasas dispara un “vuelo hacia la calidad” de los capitales de corto plazo volcados hacia economías emergentes (a los que la Argentina se acopló recién en el último año, después de un largo tiempo afuera del radar de los especuladores), podría haber una sequía internacional que reduzca la entrada de dólares que el país viene teniendo de quienes buscan aprovechar el excelente negocio financiero que ofrece el Banco Central (BCRA) con las Lebac, una bicicleta financiera que hizo que la autoridad monetaria acumulara una montaña de deuda cada vez más difícil de manejar. Algo de esto se vio el último martes: el BCRA afrontó vencimientos de Lebac por 90.845 millones de pesos, mientras que pudo colocar nuevas letras por 67.019. Un indicio de que algunos inversores están pasando del negocio de la bicicleta en pesos, de vuelta a los dólares.

Donde mayor podría ser el golpe es en el valor de las exportaciones. Si sube el dólar (encarecido porque las mayores tasas traccionarán capitales hacia dicha moneda) es esperable que el precio en dicha moneda de los granos que el país exporta se deteriore. Esto ocurrió en todas las recientes subas de tasa de la Fed. La combinación entre suba de tasas y menor demanda de China (que prevé un menor crecimiento el año próximo), podría resultar fatal para la soja y otros granos, haciendo que vuelvan a tener una tendencia bajista como en 2014. Todo esto incrementará la necesidad del gobierno de recostarse en el endeudamiento.

¿Qué pasará con el blanqueo?

En lo inmediato, los pronósticos altos del blanqueo de capitales se mantienen, y eso podría contrarrestar parcialmente esta sequía (aunque buena parte de la plata blanqueada no vendrá al país). Es cierto, acá Trump podría frustrar las aspiraciones del gobierno: el gobierno Obama se comprometió a que el IRS, organismo recaudador norteamericano, comparta con la AFIP la información que tiene sobre contribuyentes argentinos. Esto podría ser revisado por Trump. Si hay señales en ese sentido en los próximos meses, y los evasores ven menos amenaza de quedar expuestos por los bienes y depósitos que tengan en EE. UU., esto podría reducir los números finales del blanqueo.

Inversiones, en stand by

Dentro de los magros anuncios de inversión que viene reuniendo el gobierno, EE. UU. es el país que se encuentra primero en la lista de los países de origen en lo que respecta a inversión extranjera comprometida. La patria de Trump explica el 14 % de los compromisos de desembolso de capital que contabiliza Economía. A los muchos motivos que viene ofreciendo el complejo panorama económico local para frenar la concreción de estas inversiones, que tienen que ver con la recesión signada por las medidas del gobierno, la caída económica de Brasil y el débil crecimiento mundial, en el caso de las corporaciones norteamericanas (pero también de otros orígenes) la incógnita Trump les agrega otra razón. A la Argentina de Macri, a pesar de su aspiración de poner al inversor en el centro de la escena, seguirá por ahora sin llegarle la “lluvia de inversiones”.

A seguir con el “plan B”

En suma, el gobierno de Macri deberá seguir recostándose en la obra pública y una cierta moderación del ajuste (en relación al shock que primó durante los primeros meses de 2016) como bases para intentar que la economía se reanime de cara a las elecciones. Aunque la mayor parte de los economistas afirman que habrá recuperación en 2017 (aunque son menos los que dicen que se crecerá más de lo que se cayó este año), la fecha pronosticada para los brotes verdes se sigue corriendo hacia adelante. Algunos ya los anuncian para el otoño. Mala noticia para las expectativas electorales de Cambiemos.




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