Política

DE QUÉ LADO SE ESTÁ

Scioli: quiso ser presidente, se borra cuando el pueblo sale a la calle

La evasión no es algo extraño en él. Lo “trágico” es que mucha gente creyó que pudo ser una alternativa a Macri. Esta semana se ganó otro número para el sorteo de un lugar en el basurero de la Historia.

Daniel Satur

@saturnetroc

Miércoles 20 de diciembre de 2017 | Edición del día

Foto La Nación

El diputado y excandidato a Presidente del kirchnerismo brilló por su ausencia en el debate público sobre la reforma previsional y el proyecto general de ajuste del Gobierno de Cambiemos. Pero no sólo no apareció hablando en TV o por radio. En la madrugada de este martes directamente se ausentó de la votación. ¿Estaba en contra o a favor del proyecto de Macri? ¿O habrá carecido del coraje mínimo para sentarse en su banca y “abstenerse” si es que coincide con la medida de Macri pero no se animaba a votarla?

El jueves 14, el día de la sesión frustrada, el diputado y excandidato a presidente del Frente para la Victoria directamente ni se había asomado al recinto. Ayer, según reconstruyeron algunos medios, Scioli estuvo unas pocas horas en el Congreso pero se fue temprano. Algunas fuentes dijeron que “se cansó y se fue a dormir”. Oficialmente, no dio ninguna explicación. Según le dijo una diputada del oficialismo a Perfil, Scioli solo se sentó cuando obtuvieron el quórum pero “se quedó unas horas, ni habló y se fue”.

Hay quienes especularon con la idea de que, en realidad, el exmotonauta buscó un atajo individual para mostrar un gesto de buena voluntad a la Casa Rosada (y a algunos jueces) procurando que se aplaquen las presiones judiciales sobre él y su patrimonio.

Lo cierto es que la ausencia de Scioli en la votación del amanecer del martes fue muy cuestionada desde el propio espectro kirchnerista, quienes hace apenas dos meses lo consagraron como diputado a propuesta de “la jefa” que lo puso quinto en la lista y le aseguró el ingreso a la Cámara Baja. El hashtag “Scioli Ausente” se hizo TT de Twitter horas después de la votación, motorizado por insultos y repudios de votantes k.

Algo que a esta altura roza lo bizarro es que Scioli sigue sin aparecer, no da ninguna explicación, no tuitea ni siquiera un comentario sobre el clima. Al menos hasta el mediodía de este martes 19, el último tuit publicado en la cuenta oficial de Daniel Scioli databa del miércoles 6. Allí, casi irónicamente, el flamante diputado nacional aseguraba que tenía “la enorme responsabilidad de hacer oír la voz de todos ustedes”. El silencio de estos días, pensando en esa promesa, resulta ensordecedor.

Scioli parece no recordar que su padre político, Carlos Saúl Menem, ha llegado a más de una sesión con no pocos achaques de salud. El riojano sabe bien que a veces levantar la mano, sea en favor o en contra, puede salvarle el pellejo a más de uno. La abstención es válida, claro, pero como es una toma de posición quizás Scioli haya considerado que no podía exponerse tanto.

¿Scioli está a favor de todo el plan macrista o sólo de una parte de él? ¿Su adhesión silenciosa y oculta a la reforma previsional alcanza también a la represión estatal que dejó un tendal de heridos y detenidos ilegales? Es imposible saberlo si no habla, al menos para hacer lecturas entrelíneas.

Pero no sería de extrañar que Scioli haya mirado con buenos ojos la represión de Gendarmería el jueves 14 y de las policías de la Ciudad y Federal este lunes. Él como Gobernador usó a la Bonaerense más de una vez para reprimir manifestaciones de trabajadores y trabajadoras, de desocupados y de los movimientos sociales. Por mencionar sólo dos casos: Mafissa y Kraft, en 2008 y 2009 respectivamente. En el primer caso, en La Plata, con 800 Bonaerenses y una orden judicial Scioli apresó a un grupo de obreros textiles que luchaban por sus puestos de trabajo tras despidos masivos de esa patronal progenocida. En el segundo, el Gobernador mandó a la infantería a desalojar a palazo limpio y balas de goma la alimenticia de Pacheco que también dejaba decenas de familias en la calle.

Y no hay que olvidar que en 2014 las muchas represiones de Gendarmería a los obreros de Lear en la Panamericana contaron con “la segunda” hecha por la Bonaerense en la puerta de la fábrica, también en la zona norte del Gran Buenos Aires.

Durante la campaña por el balotaje de 2015 la militancia y una parte de los votantes del kirchnerismo cuestionaron duramente a Nicolás del Caño, el candidato presidencial del Frente de Izquierda, por llamar a votar en blanco y considerar que ni Macri ni Scioli eran una alternativa válida para los intereses del pueblo trabajadores y los sectores populares. La campaña contra Del Caño se profundizó apenas derrotado el Frente para la Victoria, llegando al extremo en muchos casos de culpar a la izquierda argentina de la debacle kirchnerista y de la emergencia del macrismo. Hasta hubo cerebros que buscaron más de una forma de desprestigiar y desacreditar al joven trabajador que desde Mendoza viene haciendo un gran aporte a la renovación y el fortalecimiento a la izquierda argentina.

El tiempo hizo lo suyo. Hoy, ver que Del Caño y Bregman (la fórmula presidencial del FIT de 2015) están presentes en cada pelea donde hay que estar, junto a quienes luchan cuerpo a cuerpo contra un régimen caníbal, mientras otros se esconden para que no queden en evidencia sus verdaderos intereses de clase, es un orgullo compartido por cada vez más trabajadoras y trabajadores.

El 29 de octubre de 2015, poco antes del balotaje, Scioli era aplaudido en Tucumán por Juan Manzur y otros gobernadores peronistas. En plena campaña el candidato había acordado con los mandatarios provinciales incluir en su plataforma el 82 % móvil para las jubilaciones mínimas. Ahora los diputados de Manzur y de otros gobernadores peronistas votan el ajuste con Macri. Y Scioli...







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