Política

CÓRDOBA / OPINIÓN

Schiaretti, Macri: la debilidad de los aliados

El gobernador peronista más fiel de la coalición Cambiemos da muestra de sus propias debilidades. El discurso en la Unicameral cordobesa. El que explica, pierde.

Laura Vilches

Legisladora provincial PTS-FIT | @VilchesLaura

Viernes 2 de febrero | Edición del día

El gobernador Schiaretti encabezó ayer la apertura del 140º período de sesiones ordinarias en la Legislatura cordobesa. El punteo de su discurso permite dar cuenta de los interlocutores a quienes se dirige, en última instancia, con quiénes y sobre qué temas discute.

Que haya iniciado su discurso dedicando más de 7 minutos para justificar su alianza con el gobierno de Cambiemos y tratando de despegarse de sus medidas más impopulares (como el saqueo a los jubilados), es todo un síntoma.

Las encuestas nacionales de propios y ajenos, indican que la imagen del gobierno de Macri no deja de retroceder desde que votó la reforma previsional rechazada hasta por el 40% de su base electoral. Esa decadencia lo llevó a firmar un megadecreto que también es rechazado por donde se lo mire, y que ahora busca negociar con la oposición. Quieren hacerlo pasar como leyes y así avanzar en una reforma laboral propatronal.

El affaire Triaca que lo llevó a echar a varios familiares de ministros de sus funciones, dan cuenta de que el panorama de cuestionamiento al macrismo que dejaron abierto las jornadas del 14 y 18 de diciembre, se confirma y profundiza. El ejecutivo nacional, se dedica a capear sucesivos momentos de crisis. La situación del gobernador cordobés no escapa a las generales de la ley.

Ver: Bombas de humo que no tapan la crisis del Gobierno

Schiaretti es uno de los gobernadores que mejor hizo los deberes frente al gobierno nacional: fue unos de los primeros en hacer votar localmente el Pacto fiscal, firmó una de las primeras paritarias a la baja le dio los votos de “sus” diputados para aprobar la reforma previsional. Schiaretti, es uno de esos dadores voluntarios de gobernabilidad.

En un discurso defensivo, con pocos anuncios, desde el que buscó darle muchos fundamentos a la alianza con Macri, el gobernador busca amortiguar las consecuencias de su apoyo a la política de ajuste de Cambiemos.

Lejos de explicarse, únicamente, por las dos décadas de gestión de Unión por Córdoba, como benévolamente analiza La Voz del Interior, la defensividad responde también al impacto negativo de las medidas que viene tomando de común acuerdo con Macri.

Schiaretti pretendió explicar que su acompañamiento se debe a un “modelo de gestión” que “respeta la democracia” más allá de las diferencias políticas. Quiso despegarse cuando señaló que es el gobierno nacional quien pide ayuda para garantizar las medidas de gobierno (léase: reforma previsional) y gestiona consensos; por eso debe hacerse “responsable de los resultados de las decisiones que toma cuando convoca a ese consenso y pide gobernabilidad”.

Como dicen en el barrio, el que explica mucho, pierde. Y pierde también porque al pegarse al gobierno nacional, dejó de lado el cordobesismo que tan bien supieron cultivar las gestiones provinciales para tener un chivo sobre el cual expiar, las culpas de los males cordobeses.

Los movimientos anticipados de De la Sota para anunciar su regreso a la política, dan cuenta de que en la “sociedad política más estable” de todos los tiempos peronistas, algo empieza a resquebrajarse.

Mejor no hablemos de nepotismo.

Sin aludir a la crisis abierta por el affaire Triaca, pero despegándose una vez más, el gobernador cordobés se refirió en su alocución legislativa a lo que señala como la planta estatal más chica del país. La medida “ejemplar” tomada por Macri para sacar a los familiares de la administración pública, también repercutió en Córdoba.

Pero lejos de sentirse aludido por la crisis de una casta política llena de arribistas que aprovechan sus vínculos familiares para el “ascenso social” a costa del bolsillo de las mayorías populares, el gobernador respaldó a los funcionarios que “acomodaron” a sus familiares en el estado. No es para menos, su propia esposa fue designada, antes de saltar a las listas del Congreso, en una secretaría dependiente del ejecutivo, que manejaba un presupuesto que cualquier ministro envidiaría.

Ver: El capítulo cordobés del debate por el nepotismo

Juegan con fuego los funcionarios locales si creen que no son salpicados por la bronca popular que genera esta práctica común en la casta política argentina. Elementos como los anteriores, dan cuenta de un debilitamiento político del gobierno local, que tuvo también su punto de quiebre con la votación de la reforma previsional y que se descarga contra todos los sectores que la hicieron posible, entre ellos, las distintas variantes del PJ.

Algo de resaca a favor

Schiaretti, sin embargo cuenta a su favor con algunos factores de la economía que le permiten, por el momento, pilotear el desgaste.

No es casual que haya elegido como uno de sus interlocutores a “la gente de campo” porque siempre apuesta a “producir más” a pesar de las adversidades que impone el cambio climático, como ahora reconocen. Estos elogios tienen una razón más que material: la cosecha 2016/17 ha sido record y significará el ingreso de divisas para el sector. Así se explican, en parte los números ordenados con los que, por ahora, cuenta la provincia.

El precio del dólar que ha venido escalando en los últimos meses y la sequía, juegan como carta a favor del sector que viene especulando con una suba de la divisa y que liquidará la última cosecha en los próximos meses.

En cuanto a la industria automotriz y autopartista- otro de los pilares de la economía cordobesa- cuenta con un esperado repunte del mercado brasileño, y fue mencionada al pasar en el discurso del gobernador. Suele suceder, que si el hermano país estornuda, Argentina se resfría. La crisis por la condena a cárcel del candidato con más intención de voto, el petista Lula Da Silva, puede modificar cualquier plan. Los planes de reconversión en la industria automotriz y la apuesta al desarrollo del nicho de las “energías renovables” son apenas un aliciente en la decaída economía nacional, a la que no escapa la provincia.

Por eso el gobernador sigue apostando a la receta de siempre, que además, es lo poco que tiene para defender: más obra pública y asistencialismo estatal, eufemísticamente llamado “un estado presente”. Dice que así actúa para que no haya “excluidos” producto de una lógica “empresarial”, casi igualita a la que él viene aplicando junto a Macri, como denuncia La Izquierda Diario.

El mantenimiento de los planes asistenciales para los sectores empobrecidos, muestra que Schiaretti seguirá ofreciendo las migajas que se caen de la mesa de sus empresarios amigos, y evidencia que la política de 20 años de Unión por Córdoba sigue dejando a miles bajo la línea de pobreza y reproduce “excluidos”.

Agotando la paciencia

Esta acumulación de experiencia con el gobierno provincial y sus variantes, así como la rápidas conclusiones que sacan los cordobeses que supieron acunar al gobierno nacional, se acumulan como bronca y descontento por la degradación de las condiciones de vida entre los trabajadores. No por casualidad fue el gran ausente de un gobierno que otrora se embanderó con la defensa de la clase obrera. No hay que mentar la soga en la casa del ahorcado.








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