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Santos prorroga el cese al fuego bilateral con las FARC

Santos anunció el jueves que extenderá el cese al fuego hasta fin de año. Uribe presentó sus propuestas para los acuerdos. Las FARC dijeron que justicia transicional no es negociable.

Sábado 15 de octubre | Edición del día

Santos junto a al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, durante una reunión en el Palacio Nariño en Bogotá. Fuente Reuters

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, anunció en la noche del jueves que extenderá hasta el 31 de diciembre el cese al fuego bilateral con las FARC y confió en lograr antes de esa fecha un nuevo acuerdo para acabar el conflicto armado de 52 años después del ajustado triunfo del No en el plebiscito sobre los acuerdos entre el gobierno y la guerrilla.

Santos, anunció la decisión de extender el cese al fuego en un video publicado en su cuenta de twitter tras una serie de reuniones con la iglesia, la OEA y representantes del movimiento estudiantil (que vienen haciendo una serie de movilizaciones en apoyo a los acuerdos alcanzados por Santos en La Habana).

El triunfo del No, aunque con una ventaja de solo medio punto porcentual en el plebiscito, puso al expresidente Uribe como uno de los principales interlocutores para la renegociación de los acuerdos. Uribe fue el principal promotor del No a los acuerdos con las FARC y tras el resultado del plebiscito el presidente Santos tuvo que dar cuenta de esta nueva relación de fuerzas llamando a un diálogo nacional incluyendo a Uribe y al también expresidente Pastrana.

Hasta el momento todo se mantuvo dentro de los marcos de las declaraciones de las distintas partes, aunque no se avanzó en nada concreto. Es que lo que aún no queda claro es hasta donde la nueva relación de fuerzas establecida con el resultado del plebiscito le va a permitir a Uribe renegociar parte de los acuerdos previos, y hasta que punto las FARC estás dispuestas a aceptar cambios profundos sobre los acuerdos que llevaron cuatro años de negociación en La Habana.

Uribe presentó esta semana los documentos con sus condiciones para una renegociación total, que parecen arrancar de un piso demasiado alto para ser aceptados por las FARC.

Entre los puntos más importantes Uribe exige desmontar el punto de "justicia transicional" por el cual los miembros de la guerrilla podían ser acusados y sentenciados pero no tendrían prisión. Uribe exige que tengan penas de entre 5 y 8 años que puedan ser cumplidas en granjas agrícolas y otros lugares alternativos. Su propuesta es una amplia amnistía para los combatientes rasos de las FARC y el juicio para sus dirigentes.
Este punto fue rechazado por Rodrigo Londoño, alias "Timochenko", principal dirigente de las FARC que negó de plano que el punto de la "justicia transicional" pueda ser reformulado, señalando que había llevado un año y medio de negociaciones poder acordarlo.

Otro de los aspectos que rechaza Uribe es el de la clausula que le daba al partido político en el que se convierta las FARC un piso de entre 5 y 10 bancas en el congreso, más allá de los resultados electorales. Uribe pide eliminar esta clausula y que tampoco se puedan presentar a cargos públicos aquellos miembros de las FARC que sean encontrados culpables de cometer crímenes.
Este punto desarma toda la política de la dirección de las FARC que tras la desastrosa derrota de su estrategia guerrillera decidió hace años pasar a ser parte del régimen político colombiano con un programa de reformas sociales dentro del capitalismo.

Este viernes el presidente Santos deberá comenzar a dar respuesta a las exigencias de los promotores del No en el plebiscito, aunque no sea más que para anunciar el inicio de una nueva ronda de diálogos, que por ahora no ha tenido mayores resultados.

El proceso está lleno de simbolismos, como el otorgamiento de el Premio Nobel de la Paz a Santos, el inicio de negociaciones con la guerrilla del ELN (que comienzan a fin de octubre) y los pedidos de Estados Unidos para avanzar con los acuerdos lo más rápido posible. Se trata de distintos gestos que van a contramano de las "altas" exigencias de Uribe. Un recordatorio de que el No ganó por escaso margen y de que una posición intransigente que haga fracasar todo quedaría bajo su responsabilidad.

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Por el momento nadie levanta la voz ni se arriesga a salir de las renegociaciones. Todo se mantiene en el terreno del diálogo y los gestos. Pero esta situación no se puede mantener por mucho tiempo. Las posiciones de las partes están aún muy alejadas, y aunque todos hablen de hacer los mayores esfuerzos el clima en Colombia tras el resultado del plebiscito sigue siendo de una gran incertidumbre, con un presidente "nobel" pero debil, y una oposición (momentaneamente) fuerte, pero que no parece tener carta blanca para avanzar sin tener en cuenta los límites de una relación de fuerzas que se va viendo a cada paso.

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