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Santiago y Rafael: el mejor homenaje es organizarse para cambiarlo todo

Rafael Nahuel y Santiago Maldonado fueron víctimas de la represión estatal. Pero sobre todo jóvenes que lucharon por una causa, la del pueblo mapuche, poniendo al desnudo la entrega de la Patagonia a magnates extranjeros. Nuestro homenaje: organizarnos para tirar abajo un sistema que no tiene nada para ofrecer.

Karla Tiersen

En Clave Roja | Neuquén

Martes 5 de diciembre | 11:50

Crímenes de estado

Santiago Maldonado, de 28 años, cayó el 1° de agosto en el marco de una represión ilegal de la Gendarmería Nacional en Pu Lof en Resistencia de Cushamen. Hoy la familia sigue exigiendo una investigación independiente de las fuerzas de seguridad. Denuncia que la investigación no empezó: no se realizaron peritajes en la zona en la que fue hallado el cuerpo ni se allanó la estancia de Benetton, ni se citó a declarar al jefe del operativo, el abogado de genocidas Pablo Nocetti.

Rafael Nahuel, de 21 años, fue asesinado la tarde del sábado 25 de noviembre en la Lof Lafken Wincul Mapu, al ingresarle una bala 9 milímetros por el glúteo izquierdo. La bala venía del grupo especial Albatros de la Prefectura Naval Argentina. La Lof fue reprimida brutalmente dos días antes, cuando 450 efectivos detuvieron a 4 mujeres y 5 “terroristas” de 1 a 10 años.

Los de Santiago y Rafael son dos crímenes de estado. Lo distintivo del caso de Rafael es la brutalidad del discurso que esgrimió el gobierno. A diferencia del crimen de Santiago, en el que el gobierno intentó ocultar su responsabilidad (y hasta el propio cuerpo de Santiago), en este caso Cambiemos justificó abiertamente haber fusilado al joven. El Poder Ejecutivo "no tiene que probar lo que hace una fuerza de seguridad", dijo la Ministra Patricia Bullrich Luro Pueyrredón. “La RAM es un nombre genérico de grupos que actúan violentamente” remató Bullrich. Es decir: no hay que probar nada. Es un discurso que preanuncia más ataques sangrientos. A quienes saquen los pies del plato los vamos a etiquetar de terroristas, y si es necesario los vamos a ejecutar.

Su lucha

Santiago y Rafael fueron parte de una juventud que lucha contra la miseria de este sistema, como lo fueron Maxi y Darío, Mariano Ferreyra, o en distinta medida Daniel Solano, desaparecido por atreverse a pensar en no ser esclavo de los empresarios frutícolas, en pleno siglo XXI.

Santiago Maldonado era un joven tatuador, mochilero y anarquista. No le fue indiferente la lucha de Pu Lof en Resistencia, la recuperación territorial en tierras apropiadas por el magnate italiano Benetton, que posee 900.000 hectáreas en toda la Patagonia (45 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires). Cayó en la represión a una protesta social, exigiendo la libertad a Facundo Jones Huala, injustamente detenido en una causa armada por los servicios de inteligencia argentinos y chilenos.

Santiago no era mapuche. Pero supo entender la justeza del reclamo histórico de ese pueblo – nación. Y puso el cuerpo. Y dejó su vida en el camino. Y su nombre marcha a contramano del individualismo y el “sálvese quien pueda” que nos pretenden imponer.

Rafael era un “pibe de barrio”, como lo describieron quienes lo conocieron. Pero no de cualquier barrio. Del barrio Nahuel Hue, del Alto de Bariloche. De esos barrios en los que vive la clase trabajadora super - explotada que no se ve en las postales del turismo internacional. Donde el 80% de la población es de origen mapuche, pero no está bien visto que lo sea en los hoteles, los restoranes y centros de esquí donde pasan día y noche trabajando. De ese Alto donde la juventud no tiene futuro, ni presente. Donde hace 7 años la Policía de Río Negro fusiló por “portación de rostro” a Diego Bonefoi, de 15 años, y cuando el barrio se levantó para exigir justicia, asesinaron a Nicolás Carrasco, de 16 años, y Sergio Cárdenas, de 26.

“Rafita”, estaba cansado de esa cárcel en el paraíso, no buscaba hacerse millonario. Buscaba un lugar donde vivir, en comunidad, en otra relación, armoniosa, con la naturaleza, y vio en la lucha del pueblo mapuche una salida a esa miseria pero le “cortaron las alas”. La lucha del pueblo mapuche no es nueva, pero hoy vemos una generación que cada vez con más fuerza comienza a recuperar su identidad. Una identidad que le fue reprimida a sus padres, abuelos y bisabuelos, a quienes además de quitarles a sangre y fuego las tierras que habitaban, los obligaron a hablar, vestirse y pensar de otra manera a la que acostumbraban, para ser explotados por los capitalistas que se adueñaron de un supuesto “desierto” de la mano del Estado.

¿Qué hay detrás del ensañamiento contra el pueblo mapuche?

Esteban Bullrich, actual senador nacional y ex Ministro de Educación, dejó planteada la necesidad de una “nueva campaña del desierto”, esta vez “no con la espada, sino con la educación”. Más allá de lo que haya querido decir, no hay espadas pero sí una avanzada en la militarización y represión en el sur, sumado a una gran campaña ideológica de estigmatización del pueblo mapuche. Están construyendo un “enemigo interno”. Quieren que los trabajadores, estudiantes y el conjunto de la población vean a los pueblos originarios como un grupo violento y aislado para callar lo que muchas comunidades vienen denunciando y defendiéndose hace años: la gran venta silenciosa de la Patagonia. Salió a la luz que empresarios como Lewis y Benetton avanzaron en la apropiación de nuestros recursos y territorios. No es casualidad que hace poco Macri, junto con el gobernador de Río Negro, Weretilneck, ofrecieran entregar la Patagonia cordillerana a la mega minería.

Y arrancaron por algunas comunidades, pero es sólo el comienzo. El amigo de los genocidas Morales Solá, expresó cuál es el obstáculo mayor que estos pueblos representarían frente al “progreso”: “¿Y si interrumpieran el suministro de petróleo o gas?”. Es que, por sobre la producción agro-pecuaria, y la explotación turística intensiva, hay otro “problema”. Las tierras hacia las que fue desplazado el pueblo mapuche por ser “improductivas” años a, hoy son codiciadas por el gran capital internacional, que desarrolló técnicas para extraer hidrocarburos o minerales a miles de metros de la superficie, contaminando el suelo, el agua y el aire.

Este gobierno pretende profundizar la expoliación que fue comenzó con el fracking durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, objetivo en función del cual viene de atacar las condiciones laborales y salariales de los obreros, y dando vía libre a las grandes trasnacionales para exportar, importar y poner los precios que se les antoje. Cambiemos pretende “insertarse en el mundo”, como vemos con la apertura del G20, ofreciendo especialmente una Patagonia con un potencial “aun no explotado”. Por eso, los ataques al pueblo mapuche no están ni cerca de haber concluido. Vienen por todo.

Unir lo que ellos dividen

Los miles de jóvenes que nos movilizamos exigiendo justicia por Santiago, que impulsamos comisiones en las facultades, los terciarios y secundarios, que nos llenamos de bronca con el fusilamiento de Rafael y copamos las calles, tenemos una responsabilidad. Por un lado, no bajar los brazos, multiplicar la lucha por castigo a los responsables materiales e intelectuales de sus crímenes. Pero más de fondo, nuestra tarea debe ser unir por abajo lo que los de arriba dividen. No podemos dejar que toda esa fuerza que se moviliza vuelva a sus casas desorganizadas, y sigan por carriles separados la lucha de un sindicato, la lucha del movimiento estudiantil, o del movimiento de mujeres, de la lucha de nuestros hermanos pueblos originarios. La lucha contra el avasallamiento de las petroleras, por ejemplo, sería otra si se sumaran los trabajadores petroleros. La pelea es una sola, contra las multinacionales que vienen a saquear nuestro suelo y contaminarnos, contra el Estado que cada vez profundiza más su rol de garante de los negocios capitalistas a costa de vender nuestro futuro. Es estratégico que los sindicatos, centros de estudiantes, etc, tomen en sus manos el apoyo a la lucha del pueblo mapuche, combatiendo los prejuicios que instalan desde arriba.

No es imposible. Ahí está el ejemplo de Zanon bajo control obrero. Lejos de la política “colonial” de la patronal, que en complicidad con el estado neuquino robaba la arcilla a las comunidades, la gestión obrera de Zanon soldó una alianza durante más de 15 años con el pueblo mapuche, basada en la solidaridad y el respeto mutuos.

El clima represivo que están instalando, puede comenzar por los pueblos originarios, pero tarde o temprano se extiende al conjunto del pueblo trabajador, como lo vimos estos días en Neuquén con la represión brutal en el Hospital Castro Rendón. Pretenden aportar a cambiar la relación de fuerzas entre las clases para avanzar con sus planes de fondo, como la reforma laboral, previsional y tributaria, que implicarán un retroceso para el conjunto del pueblo trabajador.

Divididas, nuestras luchas se debilitan. Hay que forjar una alianza social entre los trabajadores, los pueblos originarios (que, en gran medida también integran las filas de la clase trabajadora), el movimiento estudiantil, de mujeres y democrático, para enfrentar el ajuste y la represión de los grandes capitalistas, el gobierno y la oposición cómplice.

El mejor homenaje: la lucha por una sociedad libre de opresión y explotación

El mejor homenaje a Santiago y Rafael, es sumarse a la lucha por acabar con este sistema de opresión y explotación, donde un puñado de capitalistas decide sobre la vida de millones de personas, cuyo único destino es dejar la vida trabajando para ellos. Ya sea en el Alto de Bariloche, en los barrios pobres de Esquel, en el oeste neuquino, o en esas inmensas barriadas del Gran Buenos Aires. Un sistema que pretende agotar en el menor tiempo posible los recursos que la naturaleza tardó millones de años en depositar en el subsuelo, sin importar las consecuencias ni en la vida de las personas, ni en la ecología, ni en la sustentabilidad del planeta. Un sistema en el que 8 magnates poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas; que en pleno siglo XXI sigue destinando enormes recursos a la industria militar.

Nuestros enemigos son los mismos. Para quienes aspiramos no sólo a resistir, sino a vencer, nuestra lucha de fondo es por la revolución socialista. Porque los trabajadores y el pueblo gobiernen sus propios destinos, derrotando a este estado capitalista, y reconociendo los derechos de las múltiples naciones pre-existentes. Un gobierno de los trabajadores en alianza con el pueblo pobre, que expropie a los expropiadores, para poner los medios de producción al servicio de las grandes mayorías y no de las ganancias de los capitalistas. Una lucha por comenzar la transición hacia una sociedad comunista, libre de explotación y de toda forma de opresión. Con ese objetivo, desde la Juventud del PTS militamos cotidianamente e impulsamos agrupaciones a las que convocamos a sumarse a todos los compañeros y compañeros que compartan con nosotros estas peleas.








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