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OPINIÓN

Santiago Maldonado: el negacionismo como ideología del encubrimiento

La apelación al negacionismo por parte de Elisa Carrió no es la excepción del gobierno de Cambiemos. Es la apoyatura ideológica del encubrimiento en la desaparición forzada y asesinato de Santiago Maldonado a manos de Gendarmería.

Jueves 2 de noviembre | Edición del día

Un vocero del negacionismo del genocidio como Marcos Novaro enarbola este siniestro discurso, como no podía ser de otra manera, en las páginas del mitrista diario La Nación: "¿Qué fue lo que llevó a los mapuches de RAM a mentir sobre la suerte de Santiago Maldonado y lo que había sucedido en el río Chubut el primero de agosto de este año? Ante todo seguramente su afán por victimizarse, presentar a la Gendarmería como una salvaje fuerza de ocupación que despreciaba todos sus derechos, reales o imaginarios.

Algo que venía como anillo al dedo ahora que se los señalaba desde el Estado y la escena pública como un grupo violento, inclinado cada vez más sistemáticamente al terrorismo (...) ¿Qué fue lo que llevó a los dirigentes de derechos humanos que tomaron el caso en sus manos a abrazar con fervor la tesis de la desaparición forzada y descartar de plano cualquier otra posibilidad? Ante todo, sus propias necesidades políticas". Para este apologista de la mentira, el pedido de justicia por Santiago Maldonado fue "la fabricación de una fábula, la de que Maldonado había sido detenido, golpeado y subido a un vehículo de Gendarmería".

Es notoria la similitud con el discurso del genocida Alfredo Astiz, quien en el marco de un juicio por crímenes de lesa humanidad sostuvo en su defensa conceptos muy similares: “Han aparecido en el sur de nuestro territorio movimientos secesionistas que escudándose en ficticias reivindicaciones ancestrales pretende crear una nación independiente apropiándose de parte de nuestro territorio”. Quién fuera conocido como el "ángel de la muerte", culmina su arenga reivindicando la acción armada de los uniformados contra el enemigo: “Los sesudos pensadores de hoy se dieron cuenta ahora que la guerra contra el terrorismo no se gana, es una guerra sin tiempo. Únicamente se pueden ganar batallas, pero el principal problema de debate entre políticos y medios de comunicación no fue cuál era el movimiento (mapuche) ni sus objetivos, sino si un gendarme tenía una piedra en la mano o no”.

Todo el discurso del encubrimiento de Cambiemos y los medios, consiste en culpar de la situación a la Resistencia Ancestral Mapuche, es decir a las víctimas de la violencia de los terratenientes. Los gendarmes habrían sido el instrumento de la ley y sólo el prejuicio mal intencionado de la familia Maldonado, acompañada por la izquierda y los organismos de derechos humanos, podría acusarlos de ser responsables de una desaparición forzada y un crimen. Con diferentes matices, en líneas generales, esta es la base de construcción de un relato negacionista sobre Santiago Maldonado.

Una doctrina de clase

Hay otro punto de coincidencia entre el negacionismo del genocidio y el negacionismo del crimen de Santiago Maldonado. Bajo una dictadura que apelaba a los métodos del terrorismo de estado, se encubría un programa de disciplinamiento del pueblo trabajador en función del reordenamiento del capitalismo argentino a favor de empresarios, banqueros y terratenientes. En esta oportunidad, bajo el imperio de la democracia burguesa, las bandas de Gendarmería al mando de Pablo Noceti, reprimieron más allá de la legalidad a los mapuches que exigían la libertad de Facundo Jones Huala. El objetivo era "liberar" el Pu Lof en Resistencia-Cushamen, al servicio expreso de Bennetton y Joe Lewis. Recordemos que en las propiedades de ambos terratenientes, la Gendarmería ya actúa como “guardia blanca” contra los mapuches.

No por casualidad el viceministro de la hija de la oligarquía Patricia Bullrich Luro Pueyrredon, es un militante activo del negacionismo y abogado de militares genocidas. Noceti fue uno de los defensores de Fabio Iriart, el responsable máximo de la dictadura en La Pampa y ex comandante de la subzona militar 14, quien fue condenado por 31 privaciones ilegales de la libertad y 26 casos de tormentos. También defendió al coronel Néstor Omar Greppi, ex secretario general durante la dictadura del gobierno de La Pampa, y al ex policía Eduardo Ángel Cruz, alias “Cramer”.

Los limites del negacionismo

Ciertamente Cambiemos no es la dictadura y es un límite, junto a la verdadera relación de fuerzas, que explica todas las idas y vueltas sobre el negacionismo: el intento del beneficio del 2x1 a los genocidas y la crisis abierta por la desaparición de Maldonado. Pero Cambiemos expresa una continuidad social dentro del Estado burgués de los mismos grupos capitalistas para los que gobernó la dictadura (y los gobiernos de la democracia burguesa en general desde 1983 hasta hoy).

El Gobierno necesita poder generar consenso en una política de ajuste que solo puede pasar con represión, restaurando desde el discurso estatal el “Pacto de Impunidad” que condicionó a la democracia burguesa argentina desde 1983. Este pacto común a la gran mayoría de los gobiernos radicales y peronistas, fue socavado por la persistente movilización popular que impuso la condena de algunos centenares de criminales de la dictadura y obligó al reconocimiento de la existencia un plan sistemático de exterminio desde el Estado contra todo un grupo nacional, que constituye la base jurídica de la definición de genocidio.

Doctrina del encubrimiento

El negacionismo se ofrece como el sustento ideológico de la derecha argentina en el encubrimiento de Gendarmería y el Gobierno nacional por su responsabilidad en la desaparición forzada y crimen de Santiago Maldonado. Su objetivo es derrotar una conciencia popular dispuesta a defender las libertades democráticas y movilizarse por los crímenes del genocidio y Santiago Maldonado y legitimar el uso abierto de las fuerzas represivas contra las movilizaciones sociales.

El negacionismo se impone como discurso público del sector de la derecha más ideologizada de Cambiemos que se caracteriza en líneas generales por la debilidad argumental y la defección moral del radicalismo como reaseguro democrático y por la brutalidad e ignorancia lisa y llana de los funcionarios más importantes del Gobierno. Pero también se apoya en el descrédito del movimiento de derechos humanos que se subordinó al kirchnerismo, avalando a represores como Cesar Milani o Sergio Berni y fue salpicada por los negociados que se tejieron a su alrededor como en el caso de la Fundación Sueños Compartidos.

Apañados por Carrió y envalentonados por el resultado electoral, los sectores más recalcitrantes de la derecha argentina reclaman enarbolar el negacionismo como doctrina en función de que quienes gobiernan son los grandes grupos capitalistas, cómplices, participes y beneficiarios de la última dictadura militar. No es casualidad que en Ledesma, Jujuy, donde los Blaquier y los militares llevaron adelante "La Noche del Apagón" en 1976, la UCR y Cambiemos montaran un fraude a pedido de los Blaquier para arrebatarle la elección al Frente de Izquierda. Tampoco cae de la nada la cínica exigencia de La Nación de que se le pida perdón a Gendarmería.

En el caso jujeño, una extraordinaria movilización del pueblo pobre y trabajador impidió el fraude. Será la movilización de los trabajadores, las mujeres y la juventud la que impedirá que se imponga el negacionismo frente al genocidio y logre verdad y justicia por Santiago Maldonado.








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