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SISMO EN MÉXICO

Sandra Romero: “Bajo los escombros están mis hermanos de clase”

La fábrica de textiles de la Obrera era un edificio de tres pisos que se convirtió en uno de escombros. Testimonio de Sandra Romero, paramédica y periodista de La Izquierda Diario México.

Miércoles 20 de septiembre | 04:16

La situación es terrible para los trabajadores que estaban adentro. No sabemos cuántos son, ni si estarán vivos. Desde que llegué sólo lograron sacar a una persona, lo cual levantó completamente la moral, después de varias horas de levantar escombros.

Poco a poco la organización es más centralizada y menos empírica. Unos 50 bomberos ocupan la cima de los cimientos, hay una rescatista mujer y un bombero que ingresaron entre los espacios en busca de alguien y en la pared lateral del lado en que me encuentro no tuvimos éxito, ni los perros, ni el ingreso de la compañera logró detectar nada.

Cada tanto guardamos silencio y alguien grita entre los muros derrumbados, donde hemos logrado abrir pequeños boquetes, "si hay alguien aquí por favor haga un ruido o una señal".

Del otro lado del edificio parece que tuvieron más éxito mis compañeros, hace unos minutos los gritos de alegría nos indicaron que sacaron a alguien con vida.

Somos un centenar de paramédicos y jóvenes del barrio, obreros, que se negaron a salir cuando llegó protección civil, quienes nos conformamos como equipo en las laterales. Arrastramos cascajo en largas filas, hasta enviarlo a la calle, donde cientos de personas de la población aguardan en espera para ayudar o recibir el escombro.

Casi una hora los bomberos estuvieron solicitando la presencia de trabajadores o quien conociera por dentro la fábrica textilera antes del derrumbe, para poder suponer las posibilidades de acceso entre los escombros. Ahora van llegando los que parecen ser los dueños, están ahí charlando con ellos.

También llegó el ejército, con sus silbatos y su autoritarismo a deshacer la coordinación de paramédicos, bomberos y voluntarios civiles, que nos costó tanto poder alcanzar.

Ya íbamos trabajando como una sola fuerza, las filas, los gritos, la carga, los silencios, ya todo lo teníamos más ordenado.

Ahora llegan ellos, sacaron a los civiles y nos mantienen de pie, aguardando su logística.

Aprovechamos para comer y tomar agua, los bomberos en la cima de los
escombros no paran. No hemos sacado a nadie más de los escombros.

La clave no es llevarse todo lo derrumbado, sino abrir partes estratégicas que permitan entrar y salir en busca de gente, por eso decidimos no tirar la pared lateral, que permanece frágil, pero en su caída puede remover las zonas ya abiertas debajo.

A este gobierno no le importan las vidas de la clase trabajadora, pero acá, bajo los escombros están mis hermanos de clase, que dejan la vida en la fabricar cuando estas cosas pasan, mientras hace un par de horas vinieron unas personas, supongo directivos o gerentes a sacar sus autos del estacionamiento, llenos de polvo, pero intactos.

Me da rabia ver que les importó más venir por sus autos, que poner el cuerpo con todos nosotros para sacar a los obreros.

Acá seguiremos apoyando.








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