Política Estado Español

CRISIS DE GOBIERNO

Sánchez no logra la investidura y culpa a Podemos, a pesar de todas las concesiones

Fracasan las negociaciones entre el PSOE y Unidas Podemos. Se abre la guerra por relato. El PSOE se prepara para recomponer el bipartidismo. El neorreformismo impotente.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Jueves 25 de julio | 13:26

Pedro Sánchez no ha conseguido los votos necesarios para salir investido presidente en segunda vuelta. A sus 123 diputados solo ha sumado uno del PRC, muy por debajo de los 155 “noes” de las tres derechas, CC, Navarra Suma y los diputados de JxCat. Finalmente, ERC y EH-Bildu se han abstenido, y lo más importante, las parlamentarias de Unidas Podemos y el de Compromís se han mantenido en la abstención, al igual que el martes. Se constataba lo que se venía anunciando desde última hora del miércoles: las negociaciones entre el PSOE y Unidas Podemos para pactar un gobierno de coalición habían fracasado. La guerra por el relato de quien es el responsable de este fracaso ha sido el eje del breve debate parlamentario antes de la votación, y lo será en las siguientes semanas o meses.

Unidas Podemos ha querido presentarse como un socio leal, maltratado por los socialistas y menospreciado. Para esto, ha recordado y reivindicado sin ningún pudor todas las renuncias programáticas asumidas. El abandono de toda propuesta “radical” en materia fiscal, económica o social -solo manteniendo las que encajaran en el desarrollo de la Constitución del 78-, asumir las posiciones del PSOE del 155 respecto a Catalunya y hasta el “paso atrás” de Iglesias para renunciar a ser parte del Consejo de Ministros. Incluso las pretensiones iniciales respecto al reparto de carteras han quedado reducidas, con una propuesta de última hora, a aceptar la propuesta del PSOE -una vicepresidencia social, Igualdad, Vivienda y Sanidad- si se le añadían las competencias en políticas activas de empleo.

El PSOE ha jugado sus cartas con las intervenciones de Sánchez y la portavoz del grupo parlamentario, Adriana Lastra. Han reafirmado la coincidencia programática con Unidas Podemos y reducido por tanto la disputa a una supuesta pelea por el “reparto de sillones”. Han acusado a Iglesias de pretender formar un “gobierno paralelo” dentro del gobierno, querer ser el “guardián de las esencias de la izquierda” en el ejecutivo y pretender la gestión de la mitad del gasto público, la totalidad de los ingresos y un cuatro de las seis áreas prioritarias de gobierno. Buscan instalar la imagen de que Podemos no acepta el resultado electoral del pasado 28A, y que por eso obstaculiza la formación de un “gobierno de izquierdas”.

Entre estos disparos retóricos a uno y otro lado, ha sorprendido la posición de Esquerra Republicana de Cataluña. Gabriel Rufián se ha presentado como el mediador y el principal defensor de que Iglesias y Sánchez cedieran en sus respectivas pretensiones para formar un gobierno progresista que cierre el paso a nuevas elecciones y al peligro de un gobierno de las tres derechas. Pero esta posición, ha asegurado Rufian, será difícil de sostener en septiembre por su formación, debido a los cambios que se vienen en el conflicto catalán. La Diada, la proximidad de la sentencia del procés y el Congreso de ERC le ponen complicado mantenerse en este papel de “leal opositor a Su Majestad” que confirma, una vez más, el giro autonomista de los republicanos catalanes.

El PNV por su parte ha recordado, para todos los “despistados” que lo ubican en el “campo progresista”, que es el partido de la ConfeBask, la patronal vasca. Ha repartido culpas entre los dos beligerantes, pero se ha sincerado con Podemos para decirles que no contarán con ellos si a estos “recién llegados” se les deja gestionar áreas económicas, fiscales o industriales. Tienen por delante demostrar que serán tan respetuosos con el IBEX35 como sus pretendidos socios “socialistas”, es lo que les ha venido a decir.

Este desacuerdo ha sido también explotado, como era de esperar, por las tres derechas para cuestionar a Sánchez por ser incapaz de forjar acuerdos con sus potenciales socios. El único matiz reseñable en este lado del hemiciclo ha venido de Pablo Casado del PP, que, a pesar de sostener su dureza contra el PSOE, le ha tendido la mano a forjar grandes pactos de Estado y buscar las vías para recomponer codo a codo el viejo bipartidismo.

Y es que esta es una de las claves para entender lo ocurrido hoy. A pesar de que Unidas Podemos haya aceptado todas las renuncias exigidas por el PSOE, constatando que su integración en el Régimen del 78 y su firme voluntad de ser aceptado por el establisment, el PSOE parece haber hecho todo lo posible -dilatando la negociación, ofreciendo un papel subordinado y subsidiario en el ejecutivo a su supuesto socio preferente...- para no hacer viable el acuerdo. Pero ¿con qué objetivo?

No hay duda de que la recuperación del PSOE vista en las generales y confirmada en las europeas, es todo un activo para la estabilización del Régimen, pero sigue a medio camino. La mejor prueba es que un hipotético gobierno Sánchez mantendría la misma dependencia respecto al independentismo catalán para su estabilidad. Darle la “puntilla” a Podemos, y de paso a Ciudadanos que ha quedado comprometido en una posición cada vez más “búnker”, era y es un objetivo privilegiado no solo de Ferraz, sino del Régimen de conjunto. De ahí que no solo no haya miedo a unas nuevas elecciones, sino que incluso pueden ser vistas como una oportunidad para asentar las tendencias restauradoras.

El primer objetivo a su izquierda ha quedado ya “tocado”, y hay que ver si no también “hundido”. Las luchas internas de Podemos, con sus socios -en primer lugar, con IU que ha vacilado incluso con romper la disciplina de voto- y nuevos competidores como Errejón, pueden terminar de atomizar y dinamitar este espacio a la izquierda del PSOE. Y aún en el caso, complicado, de que se abran nuevas negociaciones, éstas serán en condiciones de aún mayor entrega y condenadas a una insignificancia creciente.

Ahora el PSOE tiene dos meses de oro para liquidar a Ciudadanos por derecha, ya que hay plazo hasta septiembre para intentar una nueva investidura. La campaña de presión para conseguir un pacto en estos dos meses, o al menos se abstenga, promete incrementarse. Si la acepta, lo menos probable, quedará fagocitado y dejará el campo de la derecha libre para la recuperación del PP. Si no, se confirmará la caída que auguran todas las encuestas.

Así pues, la salida de elecciones en noviembre gana puntos, aunque no sea la única variante posible. Una repetición electoral donde el viejo bipartidismo recupere al menos el 50%, sus socios en los extremos queden reducidos, subordinados y sin muchas pretensiones ministeriales y, sobre todo, salir del atolladero catalán recuperando con esas sumas los 176 diputados necesarios para gobernar sin depender de la abstención de ERC o JxCat.

El Régimen sigue buscando caminos para una restauración, y ante estos aires reaccionarios, el neorreformismo ibérico muestra no solo su impotencia, sino como de funcional ha sido a esta política su estrategia de subordinación a la pata izquierda del bipartidismo. La bancarrota de Unidos Podemos pone en evidencia que construir una izquierda anticapitalista y de clase, que se proponga combatir este Régimen desde la total independencia a sus diversos agentes y haga eje en desarrollar la movilización y autoorganización obrera y popular, es la única “alternativa” para combatir los intentos de que el reinado de Felipe VI se convierta en la Tercera Restauración.







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