Política

San Luis: docente detenido por pedirle a un policía que controle el tránsito

Miguel Gómez es docente en el Colegio Industrial de la ciudad de San Luis. En la tarde noche del pasado 26 de julio fue abusiva e ilegalmente detenido por la Policía de la Provincia de San Luis por sugerirle a un efectivo policial que controlara el tránsito en una parada de colectivos ubicada en pleno centro que se encontraba ocupada por automóviles mal estacionados.

Martes 9 de agosto de 2016 | 14:19

Con la excusa de que lo detenían por averiguación de antecedentes, sin ser sospechoso delictivo, sin haber cometido ningún delito, sin antecedentes penales ni contravencionales y, simplemente, por haberle sugerido a un agente policial que dirigiera bien el tránsito, el docente estuvo 14 horas detenido e incomunicado en el calabozo de la Comisaría Seccional Primera.

La redacción puntana de La Izquierda Diario pudo entrevistar a Miguel para conocer lo que vivió durante esas 14 horas.

¿Qué te pasó en la tarde noche del pasado martes 26 de Julio?

Ese día fue terrible para mí y para mi familia. A la tarde, fuimos con mi pareja y su hija al centro de la ciudad para hacer unas compras. Como no había lugar alguno para estacionar mi auto, me paré en doble fila para que mi pareja y su hija se bajaran y fueran averiguando precios de lo que íbamos a comprar. Inmediatamente, apareció un oficial de policía quien me ordenó seguir circulando. Yo le respondí diciéndole que me esperara un ratito, que se bajaba mi familia del auto y me iba. Al instante, el oficial me dijo en forma alterada que si no circulaba me iba a detener. Ante esto, mi pareja se bajó rápidamente del auto y yo con su nena me fui a buscar un lugar donde estacionar. Una vez que logré hacerlo, yendo los dos al comercio donde se encontraba mi pareja, me acerqué a ese policía y, en forma amable y civilizada, le sugerí que no sólo se ocupara de controlar la esquina dónde me estacioné en doble fila sino que también controlara la parada de colectivos ubicada a pocos metros que se encontraba totalmente ocupada por autos mal estacionados, dificultando el tránsito y el laburo de los colectiveros. Luego de que le dije eso, cuando estaba a punto de entrar al local comercial, sentí que me agarraban muy fuerte de la espalda. Era este efectivo policial que, atacándome, me dijo que yo no era nadie para decirle lo que tenía que hacer.

Entonces, este agente policial ¿se alteró y comenzó a atacarte solamente porque le sugeriste que también controlara el tránsito en esa parada de colectivos?

Si, de hecho, una vez que me agarró por la espalda, me tiró hacia la puerta del comercio y comenzó a reducirme insultándome. Y esto no fue todo, al cabo de unos minutos, arribaron al lugar cinco policías más. Como si fuera un delincuente, comenzaron a esposarme delante de la gente, de mi pareja y la nena, diciéndome que le había faltado el respeto al oficial que estaba con el tema del tránsito y que me iban a detener por averiguación de antecedentes.

¿Qué hiciste vos ante esta situación?

Mientras me esposaban diciendo que era “por mi bien” y mi familia lloraba desconsoladamente, yo no sabía qué hacer. Nunca me imaginé que iba a estar en una situación así. Mi angustia era absoluta. Les pedía disculpas a los policías para evitar la detención pero todo el tiempo me decían que ya no se podía hacer nada porque el procedimiento policial ya se había iniciado y había que terminarlo. Cuando me iban subiendo al móvil policial, el agente con quien tuve el supuesto altercado les dijo a los otros oficiales que me tuvieran “cortito”. Es insólito, pero esa tarde noche terminé encerrado, aislado, detenido e incomunicado en la Comisaría Seccional Primera.

¿Cuál fue el desarrollo posterior de los hechos, una vez que te trasladan a la comisaría?

Llegado a la comisaría, supuestamente, comenzaron a averiguar si tenía algún tipo de antecedente delictivo. Mientras tanto, me encerraron en el calabozo de la seccional golpeándome de atrás. En ese lugar ya había una persona detenida. No podía creer lo que me estaba pasando y dónde había terminado. Una pieza diminuta con malas condiciones higiénicas y con una ventanilla que era alumbrada todo el tiempo por un reflector. Esa luz que te alumbraba constantemente en la cara es precisamente para que los detenidos pierdan la noción del tiempo.

Como evidentemente no me encontraron ningún antecedente policial, me trasladaron a la Jefatura Central dónde me notificaron que el oficial supuestamente agredido por mi me había denunciado por discriminación, desacato a la autoridad e instigación a la “violencia policial”, es decir, me armaron una causa para mantenerme detenido por más tiempo. Así fue que me ingresaron al sistema digital como “persona detenida”, me toman unas fotografías de frente y de perfil y me pintan los dedos.

Sin saber nada de mi familia, sin saber qué hacer, sin tener la posibilidad de llamar a algún abogado para que me defendiera, me volvieron a trasladar a la comisaría primera y me volvieron a encerrar en el mismo calabozo. “Lo hubieras pensado antes”, me decían los policías. Yo les reclamaba que me dieran la posibilidad de llamar a algún abogado o a mi familia y me contestaban que para eso tenía que esperar los horarios de visita.

¿Cómo te sentías y qué pensabas ante esta terrible situación?

No podía dormir, no podía tranquilizarme, estaba muy nervioso. Era toda una pesadilla. En un momento, tres oficiales de esa comisaría ingresaron al calabozo a golpear e insultar a mi compañero de celda. Yo no podía creer lo que estaba viendo. Sentí que estaba en plena dictadura militar. No parecían seres humanos, yo veía que disfrutaban lo que estaban haciendo. Todo el tiempo me denigraron, todo el tiempo me trataron como si no fuera una persona. Cada vez que sentía sus pasos me aterrorizaba.

¿Cómo conseguiste salir en libertad?

Salí en libertad luego de 14 horas de detención y de estar incomunicado, gracias a un Hábeas Corpus que presentaron mis colegas docentes. Lo más increíble es que el juez que ordenó mi liberación, Dr. Bustamante Marone, lo había hecho muchas horas antes de que firmara el acta de libertad. Una vez que salí, me estaban esperando mis familiares, amigos y colegas. Tuve mucha mezcla de sensaciones. Los abogados que presentaron el recurso por mi libertad me dijeron que ese juez les había dicho que ni pensaran denunciar el abuso de autoridad y los golpes por parte de los agentes policiales porque él no iba a hacer nada y la iba a desestimar.

¿Cómo estás ahora después de tan nefasta y terrible experiencia y qué reflexión haces de la misma?

Estoy muy quebrado emocionalmente porque no solamente me privaron ilegalmente de mi libertad y mis derechos en plena democracia sino que también me humillaron como persona. Ahora no puedo dormir, tengo pesadillas y ataques de pánico todo el tiempo. Me da terror estar solo. Me han ocasionado un gran daño psicológico. Con mi familia tenemos mucho miedo. Me preocupa la posibilidad de perder mi trabajo por culpa de esta situación. Las secuelas son muchas, principalmente psicológicas. Nunca me voy a olvidar del sonido de los pasos del oficial que custodiaba el calabozo de la comisaría. Sin embargo, a pesar de todo lo que me está pasando, siento más que nunca la necesidad de organizarme sindical y políticamente. No podemos seguir permitiendo que este gobierno y sus instituciones nos repriman y nos avasallen nuestros derechos con absoluta impunidad.






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