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XENOFOBIA

Salvini rechaza otro barco con 224 inmigrantes: "No tocarán el suelo italiano"

El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, líder de la ultraderechista Liga encabeza en la práctica una política que está moviendo al centro europeo hacia la derecha en temas migratorios.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Viernes 22 de junio | Edición del día

El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, advirtió este jueves que las ONG que operan en el Mediterráneo central para rescatar a inmigrantes "no tocarán suelo italiano", en referencia al nuevo caso de una organización alemana que acaba de rescatar a 224 inmigrantes frente a Libia.

El líder de la ultraderechista Liga intervino mediante sus mensajes en las redes sociales para explicar qué está sucediendo con el barco con bandera holandesa de la ONG Lifeline que ha rescatado a unos 224 inmigrantes y les acusó de no respetar las órdenes de la Guardia Costera italiana y libia.

Con un lenguaje claramente xenófobo y racista, Salvini se refirió a los inmigrantes que cruzan el mediterraneo en barcazas como "carne humana" que es cargada a bordo.

La Guardia Costera italiana les ha escrito para que no se movieran, que se ocupaba Libia, pero estos desgraciados, incluso poniendo en peligro la vida de los inmigrantes en estos botes, no han escuchado a nadie y han intervenido cargando su cantidad de carne humana a bordo

Salvini añadió que se ha mandado una nota oficial a la Embajada de los Países Bajos en Roma para saber si la embarcación de esta ONG es de este país.

Y agregó: "este barco Italia lo va a ver solo en postal porque las reglas se respetan".

Italia ya rechazó dar un puerto a la embarcación Aquarius de la ONG SOS Méditerranée con 630 inmigrantes a bordo y que finalmente desembarcó en Valencia tras el ofrecimiento del Gobierno español, y que ahora está regresando de nuevo al Mediterráneo central.

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"Queremos acabar con la mafia de la inmigración clandestina que causa miles de víctimas", aseguró el también líder de la ultraderechista Liga, que agregó que no permitirán la existencia de los "taxis del mar que luego desembarcan en Italia".

Atacó a las ONG, de las que dijo "no hacen voluntariado" sino que "ayudan al tráfico de seres humanos" y que "estos falsos socorristas miran más a la cartera que a salvar vidas".

Y al hablar de los países a los que pertenecen los barcos indicó: "Llevaos a toda los carga de seres humanos a Gibraltar, a España, a Francia o donde queráis".

Explicó que respecto a la presencia de barcazas en dificultad en aguas libias frente a las costas de la frontera entre Libia y Túnez han pedido a las autoridades de ambos países y a las de Malta que se hagan cargo de ello.

Salvini se convirtió en la figura emblemática del gobierno euroescéptico de derecha recientemente formado entre la ultraderechista La Liga y el derechista Movimiento 5 estrellas. El primer ministro designada por ambas formaciones, Giuseppe Conte, no cumple más que un rol decorativo.

La promesa de campaña de Salvini de deportar a 500.000 inmigrantes fue la primera en expresarse en política práctica. La derecha encontró la forma de encauzar la bronca por las condiciones que impone la Unión Europea, la precarización del trabajo y el atraso, mediante un discurso xenófobo que hecha la culpa a los inmigrantes y exalta el patriotismo italianista.

La fórmula le está dando buenos resultados, y junto con la expulsión de refugiados y el rechazo a recibir nuevos, Salvini propuso hacer un censo de los gitanos en suelo italiano para expulsar a los que no hayan nacido en el país. A lo que agregó que "Lamentablemente a los gitanos italianos nos los tendremos que quedar".

Pero el "salvinismo" también tiene consecuencias fuera de Italia. Las organizaciones de extrema derecha y euroescépticas se han venido fortaleciendo en toda Europa de la mano del permanente giro a derecha de los gobiernos de centro que adoptan de forma cada vez más acelerada las política xenófobas de estas formaciones.

Salvini aprovecha el momento, sabe que goza de una fortaleza apoyada en las concesiones que están haciendo los otros gobiernos. Tan cómodo se siente en su papel de "guardián" de la moral y los valores europeos, que se dio el lujo de bastardear a la próxima cumbre de la Comisión Europea, que se apresta a votar una de las legislaciones más restrictivas para la inmigración. Salvini sin embargo, considera que estas modificaciones ya son tardías y quiere ir por más. Decidió boicotear la cumbre que se celebrará el domingo en Bruselas marcando la cancha a los socios mayores de la unión: "Si vamos allí para recibir un pequeño encargo de franceses y alemanes, mejor nos ahorramos el dinero del viaje".

No es que Macron y Merkel sean unos izquierdistas. Todo lo contrario. Francia y Alemania vienen de firmar acuerdos para una mayor militarización de las fronteras y restricción al ingreso de migrantes. Pero para Salvini estas medidas ya son insuficientes. El centro político europeo, preso de su política de ceder a las exigencias de las formaciones de extremaderecha en cada país, solo se inclina cada vez más a abrazar sus peticiones mostrando que es el discurso de Salvini el que refleja más nitidamente la salida que ofrece el capitalismo al drama de la inmigración que ellos mismos provocaron.







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