Sociedad

NUESTRAS VIDAS VALEN MÁS QUE SUS GANANCIAS

Salud Pública: hay que cobrarse la deuda

Hablar de la vida y la salud no es una cuestión de sensibilidad sino de poder. Lejos de la utopía reformista los capitalistas no van a ceder sus privilegios pacíficamente, hay que arrancárselos. Destruir todo lo que hay de opresor, rutinario e incorregible en la sociedad que se basa en su sistema, arrancarles el Estado de sus manos y conquistar un gobierno de los trabajadores es nuestra tarea.

Bárbara Acevedo

Enfermera | Hospital Garrahan @acevedo_bar

Roxana García Sanz

Enfermera de Neonatología | Delegada de la Junta Interna de ATE | Agrupación Marrón Clasista

Miércoles 6 de junio | 14:24

Foto: Enfoque Rojo

Cientos de despidos en el Hospital Posadas, cierran la guardia. Vidal es responsable. En el Garrahan quieren profundizar la insalubridad, despidieron 6 compañeros y anuncian más. Macri es responsable. Se niega el aborto no punible a una niña de 10 años violada sistemáticamente por su padrastro. Urtubey es responsable. Una señora con pañuelo en la cabeza y dificultad para caminar grita en parque Centenario: "El Curie no se va", asegura que en ese hospital le salvaron la vida, enfrenta el cierre. Larreta es responsable.

Suele ser más fácil identificar a los responsables inmediatos de las aberraciones, que a los intereses de clase que los mueven. Quien tenga el deseo genuino de acabar con tanta muerte, enfermedad y opresión tiene la obligación de develarlos.

Mercantilización

En los ’90 el menemismo instaló una reforma estructural del sistema de salud que sigue vigente hasta hoy, el PRESSAL. Acorde a las recetas del FMI y el Banco Mundial (BM) se piensa la salud como una mercancía y no como el derecho a la vida. Se orienta a la enfermedad. Estas tienen un nuevo desarrollo a partir del modelo de agricultura transgénico instalado por Felipe Solá en el ’96 y que sigue envenenando a millones de argentinos.

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Se decreta imposible la universalidad como política sanitaria y se concibe al sistema como cuasi público. Apuntando a la reducción del gasto, el estado deslinda responsabilidad como garante de un derecho para ser garante de un negocio. Se convierte al hospital público en un regulador de precios del mercado de salud. Las claves fueron la descentralización administrativa y presupuestaria, la privatización de los servicios esenciales y el arancelamiento de los "no esenciales". La facturación de las obras sociales y la tercerización conformaron la mayor transferencia de recursos del estado al sector privado. Como era de esperar, los servicios privatizados fueron los de mayor complejidad por su mayor rentabilidad (diagnóstico por imágenes, esterilización), o los que requieren menor inversión (alimentación, limpieza, seguridad).

En síntesis, la fragmentación del sistema de salud genera un acceso diferencial, según los presupuestos de cada provincia o región y según la capacidad individual de pago directo, por obra social o prepaga. En definitiva un acceso de salud para pobres y otro para ricos.

Una de las expresiones de este plan es el cambio de la administración de 1153 hospitales, pasando a ser de autogestión, es decir con pago directo y de las obras sociales. Sólo 253 inscriptos en la Superintendencia de Servicios de Salud. La propia Auditoría General de la Nación informa en el 2005 que la situación del hospital de Clínicas bajo ese régimen muestra deficiencia en recursos, infraestructura y mantenimiento. Junto con la falta de personal esta situación no ha hecho más que agravarse.

En el 2001 el Plan Médico Obligatorio (PMO) desregula de las obras sociales establece una cobertura médica mínima, léase precaria. En un contexto de crisis económica con un 50 % de desempleo, el aumento del empleo informal y de la tercerización, crisis habitacional y más de la mitad de la población bajo la línea de pobreza se excluye de este plan a desocupados y trabajadores en negro, profundizando el deterioro de la salud de la población. Duhalde idea el Plan Remediar con una canasta básica de prescripción de genéricos, preservando el consumo de primeras marcas para quién pudiera comprarlas. Sin afectar la ley de patentes, ni los compromisos del comercio internacional de medicamentos el plan sólo recompuso la ganancia de las empresas farmacéuticas.

Al gran pueblo argentino, ¿salud?

El 25 de Mayo se realizó un acto en el obelisco convocado por Camioneros, la Corriente Federal y la CTA, junto a organizaciones kirchneristas, sectores de las PyMEs y la Iglesia. Con el slogan de "La Patria está en peligro" inauguraron la campaña electoral del peronismo hacia el 2019. Se cantó el himno y denunciaron que los acuerdos de Macri llevan a un “destino de miseria planificada”.

Pero lejos de salud para el "gran pueblo argentino" en los 12 años de gobierno kirchnerista se mantuvieron intactas las reformas estructurales de los ’90. Con el doble discurso "nacional y popular" de la atención primaria de salud y la prevención se mantuvo la fragmentación. Con planes como el Federal, los Programas de Médicos Comunitarios, el Materno Infantil, con mínimos recursos, y servicios de segunda categoría para los "grupos vulnerables". Este discurso fue encubierto por crecimiento económico producto de la megadevaluación del 2002 y el boom de internacional de precios que favorecía las exportaciones locales, con una rentabilidad capitalista un 60 % por encima de la convertibilidad. Héctor Méndez, titular de la UIA declaraba: “Nunca nos sentimos protegidos como ahora”.

Para los trabajadores la carestía de vida depreció los salarios a niveles del 2001 y se siguió profundizando la precarización laboral. Un ejemplo de ello es el Hospital Posadas, que actualmente tiene un 90 % de trabajadores contratados hasta con 20 años de antigüedad, cuestión que facilitó los despidos actuales. Y un indicador dramático de la situación de salud son las 3000 muertas por abortos clandestinos en los gobiernos kirchneristas. Los presupuestos de salud se mantuvieron bajos, devaluados por la inflación y los auto definidos como “pagadores seriales de la deuda externa”, desembolsaron U$S 200.000.

En esta situación el llamado sindicalismo de base respondió con luchas contra el aumento del costo de vida, demostrando voluntad de recuperar las conquistas perdidas en los ’90. Las jornadas revolucionarias de Diciembre del 2001 impulsaron la recuperación de internas y cuerpos de delegados combativos, que rompiendo con el gremialismo tradicional, deciden sus medidas de fuerza en asambleas de base. Logran instancias de coordinación en el 2005 y se avanza en la unidad de las filas de los trabajadores de planta y tercerizados, ocupados y desocupados. El sindicato ceramista y los obreros de Zanón, el cuerpo de delegados del subte, aeronáuticos, telefónicos, Jabón Federal eran su referencia. Interhospitalarias, Interfacultades, docentes, Astillero Río Santiago, juntas internas opositoras y movimientos piqueteros fueron parte de esta resistencia.

En el 2005 las enfermeras y trabajadores de Hospital Garrahan con su dirección clasista protagonizaron una lucha testigo que visibilizó el valor real de la fuerza de trabajo, lucharon por $1800 acorde a la canasta familiar y la defensa de la Salud Pública. Se puso en pie un comité de solidaridad que impulsó acciones solidarias y un fondo de lucha a nivel nacional que llegó a cubrir todos los descuentos de la patronal, derrotando el intento de atacarlos con el hambre. Los ceramistas dieron un gran ejemplo de hermandad donando parte de su jornada y 200 mts de cerámicos para la refacción de salas. Una multitudinaria marcha a plaza de mayo era encabezada por maquetas que decían "a "K" le importa un pomo la salud".

Enfrentando causas judiciales con argumentos infundados como "abandono de persona; por "incumplimiento de las las guardias mínimas"; o "por coacción" a 4 delegados, que fueron absueltos en el 2009. Todas ataques judiciales derrotados. Las autoridades del hospital intimaron a trabajar o exponerse a despidos, abrieron sumarios y sacaron una solicitada buscando personal para reemplazar a los compañeros en lucha. Ibarra envió trabajadores municipales diciendo que era una "huelga salvaje", los trabajadores respondían “atención, atención nos llaman salvajes los asesinos de Cromañón”. Imponían derivaciones para alimentar la campaña de difamación y aislamiento.

Al gobierno se le cayó la careta de progresista. El ministro de salud Ginés González García instala una campaña mediática contra los "terroristas sanitarios", intentan meter más de 100 policías en el hospital y lo impiden los padres de los pacientes. Un petitorio internacional con cientos de firmas rechaza estas acusaciones propias de la dictadura militar, denuncia la ratificación de las leyes antiterroristas por parte de Néstor Kirchner a pedido del asesino asesino George W. Bush, quien visitaba el país. Para recibirlo se estaban gastando millones de pesos en seguridad mientras negaba plata para salud, vivienda y educación.

Para el gobierno nacional, de la capital y para las patronales era una pulseada central Debían evitar los “desbordes” de la burocracia sindical en el presente período de luchas reivindicativas. Desde el PTS tenemos el orgullo de haber sido parte activa y militante de esta lucha. No sólo apostando a que gane sino que llamábamos a aglutinar y coordinar a los sectores combativos y activistas para enfrentar el ataque del gobierno kirchnerista de conjunto.

La lucha del Garrahan al igual que la del subte, entre otras, ganaron sus reivindicaciones. Se recuperaron muchas conquistas y eso moralizó a los sectores populares que habían dejado de creer que tenían derecho a la vida, que el poder del estado podía estar a su servicio. El gobierno kirchnerista apuntó a expropiar las conquistas que los sectores populares le arrancamos en las calles, hacerlas ver como propias. Esto tuvo el apoyo de corrientes reformistas que tienen la ilusión de que con transformaciones parciales el estado capitalista puede brindar equidad. Gran parte de las nuevas direcciones desarrollaron una conciencia conservadora, la utopía de conservar pacíficamente lo conquistado. Pero los "nacionales y populares" dejaron el gobierno creando nueva crisis y degradando nuevamente las condiciones de vidas de millones, e insistiendo en atacar cada conquista. En el Garrahan, por nombrar algunos ejemplos, recortaron junto al PRO $ 800 millones del presupuesto y fueron garantes del negocio millonario de la tercerización, además de su responsabilidad en el asesinato de Mariano Ferreyra. En su memoria y su lucha pusimos un cerámico de Zanón que vemos todos los días al entrar al hospital.

No al acuerdo con el FMI

El actual cuarto saqueo en curso, el ajuste a la Salud Pública, junto a las contrarreformas previsional, tributaria, laboral es lo que viene a supervisar al país el FMI, acorde a la tan mentada cláusula 4 y "bajo el eufemismo macrista de "sinceramiento" económico".

Macri implementó el decreto de Cobertura Universal de Salud (CUS) 908/16 al que había adherido Manzur, ministro kirchnerista. Es un seguro mensual para los 15,7 millones de pobres que no tienen obra social de $47. No hay novedad respecto a los planes descriptos, siguen su lineamiento.

La novedad es la debilidad del gobierno. Podemos luchar para ganar, como mostraron los mineros de Río Turbio. Para la salud la única salida realista es luchar por un Sistema Nacional Único, estatal, universal, gratuito e integrado. Que conciba la salud como un derecho humano y se base en la atención primaria como una puerta de entrada, orientación y planificación de la atención integral, no como único acceso degradado. Con la coordinación centralizada, con la gestión de servicios en manos de trabajadores y pacientes. Y financiamiento en base a impuestos progresivos a las grandes fortunas y el no pago de la deuda externa. Como venimos diciendo los 65 millones de U$D destinados al pago de la deuda externa se podría aumentar 29 veces el presupuesto de salud y construir 2.270 hospitales de alta complejidad equipados con 10 quirófanos. Pero la razón de ser del estado como órgano de dominación capitalista es cuidar las ganancias de unos pocos, no las necesidades de la mayoría.

Hay que cobrarse la deuda

Hablar de la vida y la salud no es una cuestión de sensibilidad sino de poder. Lejos de la utopía reformista los capitalistas no van a ceder sus privilegios pacíficamente, hay que arrancárselos. Haber perdido las vidas de Julio López, Santiago Maldonado y Rafael Nahuel es una de las expresiones de esto que más nos llena de odio. Destruir todo lo que hay de opresor, rutinario e incorregible en la sociedad que se basa en su sistema, arrancarles el estado de sus manos y conquistar un gobierno de los trabajadores es nuestra tarea.

Cada vez que se habla de vida, la sociedad toda se adjudica su defensa, "con la salud no se jode". Y así se construye un falso imaginario social en el se supone un sentir universal. Slogans como "Salud para todos", intentan ocultar las aberraciones perpetradas por el Estado sobre los cuerpos y la salud de millones. Para maquillar sus slogans necesitan funcionarios, jueces, fuerzas represivas, la iglesia y las burocracia sindicales. Todos construyen el poder de un puñado de parásitos que viven de la sangría de las mayorías populares.

En salud a su vez, se expresa el poder técnico, administrativo y político. Es decir, el monopolio de la información (epidemiológica, estadística sanitarias), de los recursos y de la capacidad de lograr la hegemonía necesaria para movilizar fuerzas sociales en favor de los propios intereses, respectivamente. Si muchas de estas cosas parecen imposibles de manejar es por las viejas y mesquinas fuerzas burocráticas que invisibilizan nuestras capacidades.

Pero lo hacemos todos los días, los trabajadores y los sectores populares hacemos funcionar el país, podemos gobernar. Puede sonar compleja la articulación de las fuerzas sociales e instituciones políticas pero es muy sencillo si se tiene claridad sobre cuales son los verdaderos problemas. Si se busca construir, consolidar y organizar nuestro poder. La nacionalización de la banca y el monopolio del comercio exterior es fundamental para evitar la fuga de capitales, la estatización de los servicios condición básica para controlar su producción, distribución y administrarlos en función del interés de las mayorías populares. Nuestras vidas valen más que sus ganancias.

Desde el 2011 el PTS en Frente de Izquierda disputamos a nivel de masas la conciencia política de los trabajadores, las mujeres y los jóvenes, frente a las corrientes de la resignación. Los llamamos a construir nuestra propia alternativa política, el partido de los trabajadores que dispute el poder del estado y no se resigne a defenderse cíclicamente de las crisis que generan los capitalistas. La única salida realista para conseguir universalidad de derechos es conquistar un gobierno de los trabajadores y el pueblo. Te convocamos a construir con nosotros este partido llevando estas ideas a los distintos lugares de trabajo y estudio, que construya poderosas corrientes clasistas, como apostamos desde la Agrupación Marrón Clasista Salud y dispute la dirección de los sindicatos para ganar.







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