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Salarios de miseria y precariedad, lo que nos espera ante el frenazo económico

El 13% de los trabajadores en el Estado español tiene un salario que no alcanza el nivel de subsistencia y la precariedad supera el 90% de los nuevos contratos que se realizan. Esta es la realidad de explotación laboral que se presenta ante las próximas elecciones generales y el contexto de una ralentización económica ya confirmada que preanuncia una próxima recesión. Gane quien gane, perdemos los trabajadores. Hay que prepararse para enfrentar los ataques que vienen.

Juan Carlos Arias

Madrid | @as_juancarlos

Martes 8 de octubre | 20:01

La cifra del 13% de asalariados que se da en el Estado español y que podemos considerar por debajo del umbral de la pobreza, la ha ofrecido el director en España de la Oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la organización de la ONU que se ocupa del mundo del trabajo.

Esa conclusión forma parte de un Informe presentado este lunes, en el ‘Día Internacional del Trabajo Decente’, sobre el “Estado del Trabajo Decente del Mundo”, en el que se señala que el Estado español tiene uno de los peores porcentajes de trabajadores pobres de la Unión Europea. Se ubica solo por delante de Grecia con un 17% y Rumanía con un 24%. Esto teniendo en cuenta, además que España es la quinta economía de la UE, mientras que Grecia o Rumanía forman parte de las economías más débiles de la Unión. Además, la diferencia respecto de la media de países de la UE es bastante llamativa, ya que la media europea es del 9,5%, por lo tanto, hasta tres puntos y medio porcentuales de menor nivel de pobreza respecto del que tenemos aquí.

Este es un testimonio claro de la fuerte devaluación salarial que se ha producido en nuestro país a partir de la crisis de 2008, y qué para algunos colectivos de trabajadores, los más desfavorecidos, llegó a ser del 30%. Una de las vías que ha contribuido al crecimiento económico de los últimos cinco años, junto con los vientos económicos de cola generados por el BCE -la barra libre de financiación y a la devaluación del euro- y la bajada de los costes del petróleo.

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Los “datos duros” de la miseria y la precariedad

Según el informe de la OIT el 13% de los trabajadores tiene retribuciones que no alcanzan el 60% de la mediana de los ingresos de la población asalariada. Esto significa qué partiendo de que el salario mediano en el Estado español viene a ser de unos 19.830 euros brutos anuales, el 60% de esos ingresos serían tan solo unos 11.898 euros anuales. O lo que es lo mismo unos 850 euros brutos mensuales. Es evidente que con ingresos de 850 euros brutos es imposible sufragar los costes mínimos vitales actualmente cuando ese importe no da casi ni para pagar la renta de una vivienda modesta en las grandes capitales como Madrid o Barcelona.

Pero es que la mayoría de los trabajadores en el Estado español ganan un salario, según datos del INE reflejados en la encuesta de retribuciones salariales, de tan solo 17.484,06 euros anuales, por ser el sueldo que más se repite entre los trabajadores españoles. O lo que es lo mismo unos 1.248 euros mensuales, lo que no deja de ser una cifra ridícula que está sin duda al borde de la subsistencia, cuando no por debajo si esos fueran los únicos ingresos de una familia trabajadora con hijos.

Incluso el salario medio, una medida estadística que distorsiona enormemente el dato puesto que es una media aritmética sobre el conjunto de salarios, por lo que adolece de una gran dispersión, es tan solo de 23.646 euros. O lo que sería lo mismo, si lo trasladamos a salario mensual a razón de 14 pagas, un ingreso mensual de 1.689 euros brutos. Una cantidad que al nivel del coste de la vida todavía no garantizaría los ingresos mínimos suficientes para asegurar condiciones de vida que podamos considerar dignas, algo que podríamos comenzar a valorar a partir de aproximadamente los 1.700 euros mensuales netos.

A esto habría que añadir la enorme bolsa de precariedad existente, que además no para de crecer. Los contratos temporales que se realizan de la totalidad de los que se efectúan actualmente está superando ya el 90%. Mientras que de la totalidad de los contratos temporales alcanza niveles del al 26,8% del total de la población asalariada, la más elevada de todos los países de la UE. Cifras, además que se incrementan notablemente si atendemos a la situación de colectivos amplios de la clase trabajadora como las mujeres o los jóvenes. O también resultando muy superior según en qué Comunidades Autónomas, alcanzando en Andalucía o Extremadura, por ejemplo, un índice que supera el 35%.

Lo mismo podría decirse de los contratos a tiempo parcial que también vienen incrementándose enormemente y que afectan sobre todo a las mujeres y a los jóvenes.

Todo ello en un contexto de mantenimiento de un elevado nivel de desempleo, últimamente además creciendo algo más, y que sitúa el nivel de desempleo en un 14%, si bien entre los jóvenes menores de 25 años llega al 33%, o entre las mujeres alcanza el 16,3%.

Esta situación en un contexto de paralización económica grave, cuando además existen muchas posibilidades de que se produzca una entrada próxima en recesión, hace aventurar que se agraven las condiciones laborales y salariales de cada vez más capas de la clase trabajadora.

Prepararse para enfrentar los ataques que vienen

Como demuestran estos números, el crecimiento económico generado ha favorecido casi exclusivamente a los empresarios y a los sectores sociales más privilegiados de las élites económicas, mientras las burocracias sindicales de CC. OO y UGT han mirado para otro lado cuando no han sido cómplices de la contención salarial.

El responsable de la Oficina de la OIT en España, Joaquín Nieto, señaló en su informe que “la recuperación social ha empezado, pero está lejos de culminar” y aún “queda mucho por avanzar”, palabras que muestran un enorme cinismo dada la elevada precariedad existente actualmente en la clase trabajadora: más del 90% de los contratos que se firman son temporales.

Pero, sobre todo, Nieto pasó de puntillas por el hecho de que todos los parámetros económicos vienen ofreciendo claros datos de una paralización del crecimiento económico, lo que supone un grave problema para la futura creación de empleo y, sobre todo, la calidad del mismo. Puesto que, si cuando hemos estado creciendo durante al menos dos años por encima del 3%, las condiciones de explotación y precariedad laboral han sido de tal calibre, que podremos esperar cuando como se prevé ahora pasemos a un crecimiento del PIB por debajo del 2%, o incluso se materialice la posibilidad de una recesión.

Nieto no dejó de reclamar medidas, sin concretar cuáles, para mejorar la baja calidad del empleo y los salarios en España. Resulta evidente que hacer revertir medidas adoptadas por los Gobiernos del PSOE y el PP, como las reformas laborales emprendidas en 2010 y 2012, o reducir la jornada laboral sin restricción salarial, serían medidas básicas esenciales para mejorar ostensiblemente las condiciones y las retribuciones laborales de los trabajadores en el Estado español. Sin embargo, el representante de la OIT -organismo con el que, dicho sea de paso, colaboran activamente las burocracias sindicales de CCOO y UGT- no pasó de hacer recomendaciones generales sin contenido específico alguno. No podía esperarse otra cosa.

La intención de los capitalistas, como continuación a la enorme devaluación salarial realizada a partir de la crisis de 2008, va ser sin duda hacer retroceder los salarios aún más y para mayores sectores de la clase obrera, hasta niveles próximos a los de la mera subsistencia para mantener sus ganancias.

Ningún Gobierno que pueda salir de las próximas elecciones cuestionará este plan. Desde luego en ninguno del PSOE, que se ha caracterizado siempre por realizar las mayores contrarreformas laborales, ya sea ese Gobierno construido en solitario o en coalición con Podemos o Más País. Con su plena disposición a gobernar con Pedro Sánchez, los representantes de las distintas alas del neorreformismo han mostrado a las claras ser un agente más al servicio de la disciplina presupuestaria de Bruselas y a sus políticas de recortes, tanto en los Ayuntamientos del cambio como gobernando con el PSOE en muchas Comunidades Autónomas.

La única manera de enfrentar los ataques que vienen pasará, en primer lugar, por confrontar a la patronal y a sus aliadas cúpulas sindicales de los sindicatos burocratizados de CCOO y UGT, rompiendo las trabas existentes para terminar con la pasividad y lograr movilizar al conjunto de la clase obrera, junto con la izquierda sindical y no permitir ningún retroceso salarial ni de derechos laborales. Sólo la movilización y organización independiente de la clase obrera puede modificar la relación de fuerzas y hacer que esta vez la crisis la paguen los capitalistas.

Para luchar por esta perspectiva es necesario construir una izquierda anticapitalista y revolucionaria que tenga confianza en la fuerza de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud que sale a las calles por el clima, no en pactar con los partidos del Régimen.







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