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Sabor a mí

La violencia hacia las mujeres no siempre es violencia física. Brenda Steizelboim nos invita a sentir y reflexionar sobre este tema en “El sabor”, su última obra.

Domingo 27 de noviembre | Edición del día

En una casa llena de rincones los días pasan. Ella va y viene por una interioridad que protege, una subjetividad como en peligro de extinción. Como ráfagas ¿el recuerdo? de una vida llena de sabores. La vida sazonada. El gusto. El sabor de la vida.
Hay algo que pelea, brutal y silencioso, y algo que se va perdiendo en el cansancio.
Él trabaja fino sobre un borde que maneja, quirúrgicamente. Va y viene. Goza. Crece.
Ella sobrevive como puede. Desaparece.
Y el vive de eso.
Vuelven desde el tiempo acordes construidos. Una persona habitaba en la mezcla de tonos.

No pasa nada. El sabor es como un compendio, una enciclopedia de eso que normalmente y no sin un poco de fatiga se definiría como “no-pasar-nada”. Y agobia tanta nada. No, no hay golpes, “no pasa nada”.

Pero como la vista que se ciñe después de un tiempo a la penumbra, tanta nada nos acurruca, nos lleva de la mano a calibrar la dioptría y aparecen lentamente entre las sombras, se dibujan, los contornos de todo eso que puebla la nada de Mirna. Y la de todas.

Toda esa nada se cruza y no baja, atravesada, como anclada, en el medio de la garganta.

Las luces se apagan. Se prenden. Vuelven los actores, saludan.
Él tiene una remera que dice “la violencia hacia las mujeres siempre mata”.

Entonces, vamos a hablar de violencia hacia las mujeres.

Hay un ejercicio colectivo hecho en los últimos años de ponerle palabras, y ponerle el cuerpo también, al tema de la violencia hacia las mujeres. Sin embargo la cuestión se esmerila un poco cuando esa violencia no es violencia física ¿Cómo fue tu trabajo sobre este tema? ¿Cómo surge el texto de El sabor?

El sabor nos habla de la violencia de género. Es una respuesta artística a la situación que vivimos las mujeres, que venimos viviendo hace un montón pero que hoy por hoy está más expuesto. Más visible. Hoy las mujeres se han hecho escuchar y El sabor rescata un poco esa voz que surge, de las mujeres y de Mirna. También la voz de toda la vinculación que existe con esas alianzas fuertes que vienen de su mamá de su abuela y que la potencian en su subjetividad y la llevan a enfrentar lo que viene. Como el canto, que se elige en la obra, y que siempre fue como un refugio, el grito de guerra de las mujeres desde tiempos que no podemos ni imaginar. También por eso la obra está atravesada por música, y el canto de Mirna que la transporta a lugares de libertad y que la va caldeando para poder plantarse y escapar de la situación asfixiante en la que vive con Iván.

La idea fue no mostrar la violencia como sale en los medios. Buscamos mostrar que es parte de este caldeo, del huevo de la serpiente, que aparece en las relaciones más cercanas de las mujeres donde los vínculos son más dañinos. Lo que nos llega por los medios es que la asesinó un ex amante, un ex novio, un novio, un esposo. Entonces, en El sabor lo que se quiso mostrar es la antesala. Siempre para llegar a una situación así se pasó antes necesariamente, por distintas cosas. Se estima que una mujer se atreve a denunciar por primera vez después de 10 años de estar con alguien en una relación violenta. Son estadísticas. Eso habla de lo que se va gestando para llegar al golpe. Es una denuncia también. La obra denuncia el potencial peligro de esos micro machismos que vive la mujer. Y también su potencial empoderamiento, con ese canto y esos sabores que ella recuerda y evoca durante el transcurso de la obra.

Pasás los días entre libros, sos dramaturga, militante feminista ¿qué pensás de la relación entre cultura y política? y en ese sentido ¿entre todo eso qué lugar pensás para tus obras?

Para mi es muy importante que la cultura y la política estén entrelazadas. Elijo voces de mujeres para poder contar historias y porque me parece que la sociedad nos invisibiliza. Eso también atañe al arte que generalmente está manejado por varones. Me parece importante que se escuche esa voz, la música, y el lugar de las protagonistas mujeres, como cuestiones para rescatar. Ahí es a donde a mi se me cruzan la política y la cultura.

Sé que el arte es una barricada muy importante en este sistema capitalista y patriarcal en el que las mujeres vivimos. Mujeres trans y lesbianas. Creo que el arte también te da estas chances, estas fugas, para poder poner al espectador y a la espectadora en un lugar incómodo, del cual se vayan con preguntas. Es muy brechtiano. Cuando una elige hablar de estos temas y poner de protagonistas a mujeres, es una apuesta política. Esto lo decidimos con las otras autoras con las cuales escribimos la obra. Es muy importante plantarse y poder transmitir esto, el empoderarse y el darse cuenta que es también lo que más cuesta. Por eso el arte para mi es una barricada súper zarpada y, desde mi feminismo creo, que es importante para la lucha. Hay varias maneras de luchar y una también elige el arte para eso.


* * *

“Descuartizo tu nombre”, dice Mirna en un momento

No hay arteria vital que no atraviese.
Las vocales explotan una a una.
Salpican los rincones de la casa.
Tropezaré sus restos en mis días.

Tu inicial es muy dura, se resiste.
Soporta cada golpe y mis mordiscos.
Exige precisión y poco escrúpulo.
Lo que promete, duele.

Me lleva el día entero
procesar consonantes
y dispersarlas luego
por toda la ciudad.

No puedo dejar pistas.
No deben encontrarse
ni asociarse a vos
las letras que te nombran.

Descompongo tu nombre
para mí y para siempre.

Imposible ya usarlo.

Nadie más con tu nombre
desde ahora.

Fragmento de Crimen perfecto de Macarena Trigo.

Funciones

El sabor tiene funciones los jueves a las 20 hs. en el teatro Corrientes Azul.
Más información: http://elsabor-teatro.blogspot.com.ar/




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