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Ryan queda al frente del Capitolio y le extiende la mano a Trump

El republicano Paul Ryan, fue reelegido el martes como vocero de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Una muestra de acercamiento entre Trump y el capitolio en manos republicanas.

Miércoles 16 de noviembre | 10:40

Paul Ryan fue uno de los principales críticos de Trump durante la campaña electoral. Su reelección como presidente de la bancada republicana en la Cámara de Representantes expresa los intentos de acercamientos entre Trump y el capitolio que quedó con mayoría republicana.

Los conservadores eligieron a Ryan para ser su presidente en la Cámara Baja de manera unánime, incluyendo al ala ultra conservadora del Tea Party.

Para intentar mostrar unidad partidaria, luego de una campaña que había dejado a los republicanos al borde de la disolución, Ryan publicó en su cuenta de Twitter que el nuevo equipo que estará a la cabeza del capitolio está "deseoso de trabajar junto al presidente electo, Trump, para empezar a arreglar los problemas de los americanos"

Ryan también expresó que "Es un tremendo honor ser nombrado por mis colegas para servir como presidente de la Cámara. Ahora es tiempo de trabajar a lo grande".

La continuidad de Ryan como presidente de la Cámara Baja se confirmará formalmente en enero, cuando se someta su cargo a la votación de los legisladores.

Deberá ganar entonces al menos 218 votos, lo que previsiblemente será un mero trámite dada la amplia mayoría con la que cuentan los conservadores.

Con los resultados de algunos asientos aún pendientes tras los comicios legislativos que también se celebraron el 8 de noviembre, los republicanos tendrán al menos 239 escaños, dejando un margen relativamente amplio para disentir en sus filas.

Siguen las internas

Si bien la aprobación de Ryan es un intento de poner fin a los rumores de una posible división interna tras la victoria del magnate, todavía existen múltiples fisuras, y algunos acuerdos, que deben ser contemplados.

En el terreno de los acuerdos parece ser que se comienza a trabajar en una convergencia para limar algunas de las promesas más explosivas de Trump durante la campaña. Habría un principio de acuerdo para hacer modificaciones sobre el sistema de salud impulsado por Obama (conocido como ObamaCare), en lugar de su eliminación completa. Se podría matizar la construcción de un muro en toda la frontera con México, dejando que en algunas zonas existan vallas o alambradas. También habría acuerdo en una reducción impositiva, que es parte del programa de los republicanos. En cuanto a la Corte Suprema, al haber quedado el senado con mayoría republicana sería prácticamente un trámite la nominación de jueces conservadores. Trump ya anunció en una entrevista el lunes que designaría todos jueces pro-vida (es decir antiabortistas), lo que podría ser una seria amenaza para el actual derecho al aborto, que aunque con limitaciones, se aplica en varios estados del país.
Quedan sin embargo muchos otros temas pendientes, sobre todo aquellos que tienen que ver con un mayor proteccionismo a nivel económico, con la aplicación de impuestos a los productos chinos y mexicanos, con la renegociación de los TLC o la definición de la política exterior, que aún es una incógnita.

En el terreno de los desacuerdos, a Trump le viene costando terminar de definir un gabinete que esté a la altura "de su ego", pero que al mismo tiempo no genere cortocircuitos en el resto del partido.

Este es el caso de la designación de Stephen Bannon, un ultraconservador y supremacista blanco al que Trump ha nombrado como su principal estratega, y quien durante años ha sido un duro crítico de Ryan.

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En una rueda de prensa previa a su reelección, Ryan prometió este martes que el presidente electo y el liderazgo del Congreso -dominado por su partido- trabajarán unidos y supondrán "un mejor camino" y "mejores días por llegar" para el país.

"Bienvenidos al amanecer de un nuevo gobierno republicano unificado", afirmó Ryan este martes en la primera rueda de prensa del liderazgo de la Cámara Baja, tras su vuelta al trabajo después del receso electoral.

Por su parte, los demócratas retrasaron la votación sobre el liderazgo de su bancada en la Cámara Baja hasta el 30 de noviembre, dándose un tiempo para "reflexionar sobre la estrategia que necesita el partido" tras la hecatombe interna que se desató con la derrota de Hillary Clinton.




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