Sociedad

CÓRDOBA / SOCIEDAD Y MEDIO AMBIENTE

Rupturas y continuidades en la política científica

Dialogamos con Guillermo Folguera sobre la relación entre ciencia, tecnología y problemáticas socioambientales.

Domingo 7 de agosto de 2016 | 00:00

Ayer viernes se llevó a cabo en el Pabellón Venezuela de Ciudad Universitaria, organizada por ATE CONICET – Córdoba, una charla debate junto a Guillermo Folguera, sobre rupturas y continuidades de la política científica-tecnológica en Argentina. Guillermo es miembro del Grupo de Reflexión Rural y del Grupo de Filosofía de la Biología. Desde La Izquierda Diario dialogamos sobre el rol del científico en la sociedad y la articulación de diferentes actores en las luchas socioambientales.

LID: Una pregunta como disparador: ¿Por qué Lino Barañao sigue siendo ministro?

GF: Recuerdo cuando a Lino Barañao lo nombran ministro de ciencia y tecnología, muchas de las cosas que nos llegaban a los oídos cuestionaban hasta qué punto la "elección" de Cristina había sido una verdadera elección, o más bien había sido una determinación de ciertos grupos. Esto no quita que la política después desarrollada por el kirchnerismo no haya sido funcional y absolutamente en sintonía con Barañao. Pero muchos percibimos o tuvimos algún tipo de información de que Barañao era una persona nombrada por ciertos grupos de poder. Y en este sentido te doy vuelta la pregunta: ¿Hasta qué punto Barañao estuvo en juego en las últimas elecciones nacionales? Inclusive involucra a Massa en la fórmula, entre los tres, ¿corría peligro Lino Barañao de no ser ministro de ciencia y tecnología? En Argentina, muchas veces se presenta que no hay políticas de estado. Pero en el caso de ciencia y tecnología, el modo en el cual se desarrollan determinadas políticas no está en juego.

LID: En tu charla mostraste que el discurso científico actúa como una validación de las necesidades del mercado. ¿Hasta qué punto eso es responsabilidad de los científicos y hasta qué punto no tienen elección?

GF: En primer lugar diría algo más fuerte, no sólo actúa en términos de validación, sino que actúan como verdaderos actores que están aumentando la eficiencia de ciertas estrategias del mercado y de cierta estructura, por ejemplo extractivista. Respecto a las alternativas, salvo algunas situaciones muy puntuales, yo quiero creer que los científicos tenemos la obligación ética y política de evaluar críticamente nuestra tarea.

Ahora, el modo en el cual se integra la práctica habitual del científico y las prácticas del mercado es un tema que hay que discutir en Argentina, porque tampoco es cierto que toda práctica científica está conduciendo al desarrollo del mercado. Este es un punto muy importante que muestra además la complejidad que tiene la estructura académica. CONICET tiene una parte muy importante de investigaciones que uno podría señalar que están fuera de contexto, que son ajenas a los intereses de los pueblos, que no reconocen las luchas sociales, etcétera. No por eso estrictamente son funcionales a un mercado sino que, en general, parecen reproducir el imaginario de una ciencia neutra.

En nuestras instituciones, y el CONICET es un ejemplo muy claro, conviven dos modos diferentes de hacer ciencia: una ciencia que se presenta a sí misma como neutra y una ciencia de carácter empresarial. Eso que a nosotros nos parece insatisfactorio, en la percepción de, por ejemplo, Lino Barañao, también resulta insatisfactorio. Porque la comunidad científica argentina no se ajusta a las característica de, por ejemplo, la comunidad científica norteamericana.

LID: Estamos en una charla que organizó ATE CONICET. Sin embargo, es histórico lo compleja que ha sido la lucha por una representación sindical de los científicos y, más aún, en que los científicos se reconozcan como trabajadores. ¿Cómo podemos lidiar con este problema?

GF: Ese es otro de los grandes temas. Se relaciona con la pregunta anterior donde el científico deja de ser trabajador porque todavía sueña con ese lugar del científico neutro. Ése es un punto muy importante. Tenemos que hacer el gran trabajo de integrar la política en torno a lo científico-tecnológico con las luchas sindicales, ése es uno de los ejes en juego.

Cómo hacer para que los científicos tomemos conciencia de nuestro carácter de trabajadores va a llevar mucho tiempo y muchos esfuerzos. Yo tengo confianza de que algunas cuestiones pueden cambiar. Los responsables son sucesivos gobiernos, que han desarmado de manera paulatina la conciencia proletaria. Y a su vez, una herencia epistemológica que ha marcado a la dinámica científica, de fuerte carácter positivista, que ha generado esta ausencia en el imaginario de que toda persona trabaja y habla desde un lugar determinado.

LID: Tu charla estuvo muy centrada en los problemas del ambiente y el extractivismo. Institutos y estructuras científicas completas fueron volcadas a favorecer el modelo agroexportador y la megaminería. Hay un diálogo muy complejo en las luchas ambientales, no sólo entre científicos y comunidades, sino entre los diversos sectores que se involucran en estas luchas. ¿Cómo pensás que puede lograrse una articulación?

GF: Es un muy buen punto. A varios años de empezada la resistencia y las luchas en temas ambientales nos debemos una discusión en ese sentido y un rearme de objetivos y de estrategias. Yo creo que los objetivos tienen que ampliarse y profundizarse y en ese sentido poder incorporar objetivos últimos que muestren que muchas de las luchas que se están llevando a cabo no son más que objetivos provisorios de una lucha a mayor alcance. Y respecto a las estrategias a revisar, yo creo que la falta de diálogo, la falta de articulación, la falta de reticulado respecto a organizaciones, ha sido de gran magnitud y un causal notable.

La forma en que creo eso debe rearmarse es con la consideración de ciertos objetivos y con articulaciones claras y con la sensación, que planteo en un plano personal, que las luchas son múltiples y deben darse en diferentes planos y debemos entender el modo en que esos planos están siendo atacados.

LID: Para terminar: ¿algo más que quieras decirle a los lectores de La Izquierda Diario?

GF: Creo que es un desafío. Todos los que hemos militado en cierta búsqueda, llamemos de izquierda, guardamos una necesidad de empezar a discutir en serio una política científica tecnológica. Creo que es una de las deudas que tenemos. Posiblemente desde la coyuntura lo hemos relegado, hemos considerado que no es importante, pero se ha vuelto fundamental. No sólo por ser un aspecto significativo de la realidad cotidiana, sino porque de hecho se ha vuelto una parte fundamental de la lógica sistémica que estamos cuestionando desde otros lugares. Entonces, creo que es parte de una labor colectiva y un desafío visibilizar y tratar de incluir las voces que consideramos oportuno que deban ser oídas.








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