Rosario y el primero de mayo de 1890

Domingo 1ro de mayo de 2016 | Edición del día

Ciudad rebelde y proletaria

En Rosario, desde 1890, nunca se dejó de conmemorar el 1º de mayo. Se lo hizo en las calles, plazas, cines, teatros, escuelas, colegios. En la clandestinidad o en forma festiva, violenta o pacífica, legal o ilegal, oficialmente o en la oposición. Con actos, marchas, obras de teatro, conferencias, festivales artísticos, misas con bendiciones de herramientas, tratando de superar el récord de producción, competencias deportivas. Lo protagonizaron trabajadores anarquistas, socialistas, comunistas, peronistas, radicales, militantes católicos, y los golpistas de todas las épocas.

La organización de la manifestación y acto

Hacia la última década del siglo XIX, en Rosario, existían distintos agrupamientos gremiales, conformados por ladrilleros, ebanistas, estibadores, alpargateros, mosaístas, talabarteros, panaderos, albañiles, pintores, carpinteros, sastres, fideeros, constructores de carruajes, marmolistas, cocheros.
Anarquistas y socialistas se reunían en el café “La Vieja Bastilla” o “La Bastilla”, en calle Rioja entre Libertad (Sarmiento) y Progreso (Mitre), en donde funcionaba la “Asamblea de Internacionalistas”, integrada por obreros franceses, italianos, alemanes, austriacos, españoles y argentinos.

El Club Verein Vorwarts, que agrupaba a los socialistas alemanes en Buenos Aires, convocó a las organizaciones obreras del país a una reunión para el domingo 30 de marzo de 1890. En Rosario, se designó a Virginia Bolten y Rómulo Ovidi, para representar a los gremios y activistas.

En dicha asamblea se decidió: convocar al proletariado para realizar distintos actos el 1º de Mayo, para reclamar las ocho horas de trabajo, crear una federación de obreros, editar un periódico para defender los intereses de la clase obrera, y elevar al Congreso Nacional un petitorio reclamando leyes laborales, y dar a conocer un “Manifiesto a los Trabajadores Argentinos”.

Con los días, en Rosario, los encuentros aumentaron para organizar la manifestación y el acto. La policía que vigilaba a quienes asistían a las tertulias, en uno de sus informes advirtió al gobierno provincial que: “se habían incrementado las reuniones de unos gringos extravagantes que usan corbata negra, moño volado y lucen frondosos bigotes”.

El día previo al acto, fue detenida Virginia Bolten por distribuir el Manifiesto del Comité Internacional de Buenos Aires, y el sumario policial destacó que había sido “demorada por distribuir propaganda anarquista entre los trabajadores de la Refinería Argentina, atentando contra el orden social existente”.
El gobernador dio instrucciones de no molestar a los obreros.

La plaza López, situada en Av. Pellegrini entre Buenos Aires y Laprida, fue el lugar elegido para la concentración, y desde las 11hs los manifestantes se fueron acercando portando carteles “negros con letras rojas”, uno de ellos con esta inscripción “1º de Mayo de 1890—Fraternidad Obrera Universal”.

La columna de 1.000 manifestantes partió “custodiada por seis bomberos a caballo con sus flamantes Rémington”, y debió cambiar el recorrido original debido a la lluvia y lo hizo “por la calle Comercio (Laprida) hasta Mendoza, luego tomaron por la calle Buenos Aires y desde allí hasta la plaza 25 de Mayo, cuyos contornos recorrieron siguiendo por Córdoba, San Martín, San Luis, Entre Ríos, hasta Urquiza”, y se congregaron en la Quinta Hutteiman (que era usada por los circos que visitaban la ciudad).

En el acto, expresaron las demandas proletarias Domingo Lodi, Juan Ibaldi, Guillermo Schutlze, Alfonso Jullen, Rafael Torrent, Paulino Pallas, y Virginia Bolten.
Las crónicas periodísticas destacaron que “Los oradores se expresaron en varios idiomas, y la responsabilidad y el buen criterio de los mismos llamando al orden y la moderación permitieron que el acto transcurra en un ambiente pacífico”.

Rafael Torrent dijo: “Siendo la Argentina un país democrático por excelencia, debe apoyar el progreso y el desarrollo de cuanto tienda al mejoramiento de la clase obrera, y que debía solicitarse a los representantes de la Patria, la sanción de los acuerdos del Congreso Obrero de París”. A su turno, Juan Ibaldi “en el bello idioma del Dante pronunció un discurso sobre el derecho de gentes y encomendó a los obreros calma tranquilidad, instrucción, templanza, unión y solidaridad”, y explicó que había sido el Congreso de Obreros de París, señalando que “el 1º de mayo constituía un hecho único en la acción de los trabajadores por sus reivindicaciones sociales, y hemos constituido una sucursal del Comité Obrero Internacional”.

A continuación se dio lectura al Manifiesto aprobado en Buenos Aires, y cuyo petitorio se entregó al Congreso Nacional, el cual analizaba la situación del país y de la clase obrera. Finalmente, la activista Teresa Marchisio, leyó las resoluciones del Congreso Obrero de París.

Posteriormente, la columna se dirigió al café “La Bastilla”, para celebrar y brindar por el acontecimiento. Se resolvió conformar un Comité Provisorio y que se organizaran distintos comités por nacionalidades enviándose a Buenos Aires el siguiente telegrama “Al Comité Internacional de Buenos Aires, Comercio 880: los obreros de Rosario reunidos en números de 1.000 festejamos el 1º de Mayo. Orden del día: Solidaridad con el Congreso Internacional Obrero. Tiempo malo. Demostración imponente. Orden, tranquilidad y animación. Comité provisorio”.

El diario, La Capital, editorializó sobre lo acontecido titulando “La fiesta universal de los obreros”, expresando: “El día de ayer era el elegido por los obreros de todos los países para hacer una manifestación internacional. Este bello ejército que defiende el bello ideal de la democracia sublevándola contra el antiguo y feudal orden de cosas, conseguirá a fuerza de la lucha pacífica y perseverancia, el triunfo de su causa, cimentando las bases de una nueva era de paz y prosperidad. No es el socialismo brutal que pretende oponerse con la fuerza, el que ayer se reunía bajo el pabellón negro de la “Fraternidad Universal”, no, era en su mayoría el gremio obrero, que tranquilo y sereno festejaban el día 1º de Mayo, adhiriéndose al programa lanzado por sus hermanos de la vieja Europa, constituyéndose en comité, justos pedidos, que responden todos a la instrucción y mejoramiento de la situación de la clase obrera”.

Era la primera vez que en los lugares más diversos del mundo al unísono se sucedieron paros, huelgas generales, y marchas, levantando como consigna “Ocho horas de trabajo, ocho horas de esparcimiento y estudio, ocho horas de descanso”.

Y en esa esquina de Entre Ríos y Urquiza, de Rosario, donde se llevó a cabo el acto del 1° de mayo de 1890, muchos años después viviría los primeros meses de su vida, el revolucionario Ernesto “Che” Guevara.







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