Internacional

Ronaldinho protagoniza polémica propaganda de los Juegos Olímpicos

Simone Ishibashi

San Pablo

Martes 19 de julio | 14:57


Propaganda sobre Olimpiadas con Ronaldinho muestra persecusión policial y causa polémica

Una propaganda con aires de superproducción protagonizada por el exjugador de la selección brasilera de futbol, Ronaldinho, está generando polémica. En ella aparece un niño en una favela, que ve caer del bolsillo de una persona en moto una billetera. El niño toma la billetera con la intensión de devolverla a su dueño, pero es interpelado por la policía, que lo trata como ladrón. Agresivamente, los policías le dicen que entregue la billetera. Comienza entonces una persecución policial contra el niño, que en su fuga va cruzando distintos lugares, entre ellos favelas y lugares turísticos, en los que atletas se preparan para los juegos olímpicos. La persecución solo termina cuando el niño, luego de haber escapado por buena parte de la ciudad, se encuentra en una playa con ese mismo motoquero a quien se le cayó la billetera en la calle, quien se revela ser Ronaldinho. A partir de entonces los policías sonríen, todos se abrazan y juntos juegan un partidito en la playa. En un pase de magia, todas las hostilidades cesan y Rio de Janeiro se transforma en el escenario de la confraternización general.

Pero más allá del guion absolutamente inverosímil de la propaganda, lo que salta a la vista es el intento desesperado de los espónsor de las Olimpiadas, así como del propio gobierno, de transmitir un mensaje de que a pesar de los problemas sociales y económicos evidentes y muchas veces impactantes de Rio de Janeiro, los juegos serían un momento en el que eso podría ser dejado atrás. Y la policía y el pueblo de la favela mágicamente podrían, frente a un gesto de una celebridad del deporte, reconciliarse. Nada más lejos de la realidad.

Con esto se intenta justificar lo injustificable. Son miles de millones los reales gastados en un evento en el que la inmensa mayoría de la población de Rio no podrá participar, en un momento en el que el gobierno dice no tener dinero para lo que realmente importa: la ciudad sufre con un pésimo transporte público, salud y educación en franca decadencia.

Las cifras aun no fueron actualizadas, pero el último dato indicaba que fueron gastados 28,26 mil millones de reales en las Olimpiadas, con ingresos que pueden llegar hasta los 1.200 reales. Escándalos de sobrefacturación de las obras que aparecen sin parar, e iniciativas que podrían ser útiles para el pueblo carioca, como la despolución de la Bahía de Guanabara, uno de los anuncios del legado de las Olimpiadas, parece más lejano de alcanzar que antes.

Además, el megaevento hará que el pueblo pobre de Rio sea blanco de aun más hostilidad por parte de la policía y del ejército, que aumentarán la militarización ostensiva de la ciudad. Un contingente de fuerza represiva, que estará compuesta por 41% de efectivos estatales y 59% por efectivos privados, con destaque para la Fuerza Nacional, tomará las calles de Rio de Janeiro, aumentando aun más el clima represivo contra el pueblo. La dicotomía entre la zona sur de la ciudad turística y romantizada por las telenovelas y la dura realidad de la amplia mayoría de los trabajadores y jóvenes de las favelas será aún más cruel.

En Rio de Janeiro recientemente cinco chicos que paseaban en auto fueron asesinados con 111 tiros por la policía. Abultaron la estadística de que el 77% de las 644 personas muertas oficialmente por la policía el año pasado eran negras y pardas, cifra que aumenta expresivamente cuando se consideran los asesinatos extraoficiales hechos por las fuerzas represivas. En una ciudad con esa realidad, marcada profundamente por la violencia capitalista en sus más variadas formas, el mensaje transmitido por la propaganda hecha por Ronaldinho no solo es utópica. Es regresiva.

Traducción: Isabel Infanta




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