OPINIÓN

Rompiendo con el sentido común

¿Alguna vez nos hacemos preguntas acerca de por qué accionamos de determinada manera en nuestra vida diaria? ¿Pensamos sobre nuestros impulsos y estigmas? ¿Cuáles son las consecuencias sociales de reproducirlos?

Lunes 30 de enero de 2017 | 08:25

Este artículo es un breve análisis sobre nuestras acciones y pensamientos cotidianos que realizamos espontánea e irreflexivamente sin entender todo el contenido ideológico que los conlleva y, consecuentemente, solo contribuyen a la perduración de los conflictos sociales vigentes.

Cuando hablamos de sentido común no lo solemos interpretar como una cuestión negativa, es más, nos han inculcado desde chicos a asociarlo mayormente a un factor favorable al momento de vivir en sociedad. Los medios de comunicación funcionan como principales voceros, haciendo eco constante para propagarlo en la sociedad. O, bien, ocultando los sucesos que atentan contra sus intereses, por ejemplo: la lucha de los trabajadores despedidos de AGR-Clarín, víctimas de un cerco mediático.

Pero este modo de obrar y pensar no es tanto lo que parece. En principio hay que destacar dos características: La espontaneidad y la irreflexión. Esto se debe a que no recapacitamos sobre nuestras actividades cotidianas y las repetimos constantemente, no tenemos en cuenta cuál es la ideología que es común en una sociedad como la nuestra (capitalista) y cómo contribuimos diariamente a reproducirla.

El sentido común nunca es igual en todos los momentos de la historia, está directamente determinado por las circunstancias de la lucha de clases. A mayor legitimidad de la clase dominante por parte de la sociedad, más responden las masas a ese sentido, en cambio, en tiempos de deslegitimidad y fuertes conflictos sociales, el sentido común tiende a confrontarse a uno crítico y transformador.
Otra importante cuestión relacionada a este tema a analizar es la creciente mimetización de los sentidos comunes de las zonas mayormente influenciadas por la globalización, provocando una atroz invasión cultural de los países imperialistas al resto del mundo.

No pensar nuestra vida cotidiana críticamente, no hacer caer una reflexión en ella, deriva en no cuestionar profundamente el orden social vigente. Por lo que obtenemos como resultado repetir inconscientemente el sentido generalizado de la sociedad cuyos atributos actuales son machismo, homofobia, racismo, xenofobia, nacionalismo, clericalismo, consumismo, etc. Por ejemplo: Estigmatizar a una persona por la nacionalidad/religión que posea, felicitar y enorgullecerse por las relaciones sexuales de los hombres con diversas mujeres (teniendo en cuenta que a ellas las califican de “putas” bajo mismas circunstancias), consumir productos y/o servicios totalmente inútiles que solo contribuyen a acrecentar el adoctrinamiento al capitalismo, etc.

Al todos estar sujetos a padecer sin consentimiento este problema, es labor de cada uno de nosotros como revolucionarios combatir de la misma manera cotidiana que el sentido común se manifiesta, es decir, romper con la irreflexión diaria para no reproducir la ideología de una clase dominante explotadora, en pos de contribuir en la lucha, dentro de las acciones más chicas, por un cambio rotundo, una revolución que haga estallar el régimen capitalista.







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